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Una magia dictatorial
522837 Betty Brannan Jaén
WASHINGTON, D.C. - Se nos dice que cuando el presidente Martín Torrijos se reunió en Washington recientemente con el presidente George W. Bush, uno de los temas en que los dos mandatarios pudieron establecer terreno común fue la necesidad de reformar sus sistemas de Seguro Social.
Hace sólo seis semanas, esto era una tema que figuraba prioritariamente en la agenda de ambos presidentes pero en poquísimo tiempo Torrijos ha dejado muy atrás a su homologo estadounidense. La tortuga en este cuento es Bush, quien lleva casi seis meses de estar viajando por todo su país en una campaña dura (y hasta ahora infructuosa) por venderle su plan de reforma al pueblo. Torrijos, por contraste, como una liebre de poderes mágicos, meramente sacó un plan sorpresivo del bolsillo y ¡puf!, el plan se hizo ley. De principio a fin, Torrijos completó la tarea en sólo 13 días.
Esto, por supuesto, es una prueba maravillosa de lo que un mandatario puede lograr si tiene "fuerte liderazgo" y "una agenda reformista", cualidades que los norteamericanos elogiaron cuando Torrijos estuvo en Washington; el pobre Bush tiene que estar muerto de la envidia. Así como los asesores de Jimmy Carter sintieron envidia por la facilidad con que Omar Torrijos pudo agitar su varita mágica y darle asilo instantáneo al Sha de Irán, cuando en Estados Unidos ese asilo se había debatido por varios meses sin alcanzar una resolución, yo imagino que Bush debe estarle preguntando a sus asesores, "¿Por qué no podemos hacer mi reforma como Martín hizo la suya?".
Bush, igual que Martín, tiene mayoría en su parlamento, pero eso no es suficiente para que Bush pueda repetir la hazaña de Martín, porque la magia de Torrijos hijo depende de dos cosas adicionales: 1) Una Asamblea arrodillada en postura de "rubber stamp" [sello de goma], con legisladores que responden al partido y no a los ciudadanos que supuestamente representan; y 2) un don dictatorial que me luce heredado.
Aunque mucho se nos dijo durante sus dos campañas presidenciales que Torrijos hijo -a diferencia de su padre-estaba plenamente comprometido con la democracia, ahora vemos que el torrijismo nuevo se disfrazó de democrático al momento de hacer campaña pero se ha quitado el disfraz a la hora de gobernar. Con las reformas constitucionales, la reforma tributaria, y ahora la reforma del Seguro Social, en ocho meses el gobierno de Torrijos ha dictado una serie de reformas importantes que fueron impuestas de manera apresurada, sin transparencia, y sin aquel proceso de consulta popular que una democracia genuina requiere. A mi juicio, esto es un patrón claramente anti-democrático que, temo, será la esencia del nuevo torrijismo.
Si Washington se fijara en Panamá, yo creo que verían allí precisamente aquel síndrome de "presidentes que son elegidos democráticamente pero que no gobiernan democráticamente" que la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, ha deplorado en sus declaraciones recientes. Lamento decirles, sin embargo, que Washington no se ha fijado en lo que está ocurriendo en Panamá.
En cuanto a la perspectiva oficial, un funcionario estadounidense me señaló solamente que "estamos observando y evaluando [pero] consideramos que este es un asunto interno" de Panamá. En los medios, un rastreo cibernético me reveló que sólo el diario Los Angeles Times ha publicado un artículo sobre la turbulencia en Panamá. Aparte de eso, el Houston Chronicle ha publicado un párrafo sobre los disturbios y el Washington Post publicó dos líneas.
Tampoco, por lo que veo, se está comentando la situación en Panamá entre diplomáticos y observadores. Aristides Royo, embajador de Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA), me dijo que nadie había comentado las protestas panameñas durante la recién concluida Asamblea General de la OEA en Florida. Gastón Chillier, analista de la Washington Office on Latin America, un organismo no gubernamental, me dijo la semana pasada que él no ha escuchado comentario alguno al respecto en Washington. Otro analista norteamericano me comentó privadamente que "es muy triste" la situación panameña, pero que Washington no se ha fijado porque los acontecimientos en Bolivia les llamó más la atención. Larry Birns, director del Consejo para Asuntos Hemisféricos (COHA), coincidió con la observación de que Washington no se ha fijado pero hizo una advertencia sobre la situación en Panamá. "El joven Torrijos está tan lleno de la arrogancia del poder que no se ha percatado de que el apoyo popular se le está esfumando", opinó Birns.
La autora es corresponsal de La Prensa
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