En una ocasión, uno de los personajes de Quino, no recuerdo exactamente cuál, le comenta a Mafalda que “hace calor”, y esta última le pregunta si le echa la culpa al gobierno o al verano. Mafalda, quien nació en el 63, ahora tendría 42 años, estaría llegando al climaterio, ese precursor horrendo de la menopausia. El nombre científico de este (cito al Vox) “período de la vida que precede y sigue a la extinción de la función genital” no tiene nada que ver con el verano, ni con el clima. Viene del griego klimaktér, o “escalón”, pariente de “climax” que a su vez procede de klimax, escala. Solo que realmente no va en escala directamente ascendente o descendente. Es más bien como un “tintibajo”, si tienes suerte. Si no, es una frikin’ montaña rusa hormonal. Pero si tienes un marcado síndrome de Peter Pan, como algunos de nosotros, te agarra totalmente por sorpresa. La primera vez que amaneces sudando, le echas la culpa al verano. La segunda vez que te da una calentura mientras lees las noticias, le echas la culpa al gobierno. Pero cuando te pasas ocho horas llorando por la Marea Roja, sin siquiera saber qué rayos es lo que juegan (¿beisbol? ¿futbol?) ya comienzas a sospechar. Y entonces, en este debilitado estado anímico, te cae la peseta y comienzas a admirar a todas las mujeres estoicas que han pasado por este despelote horrible, sin pausar ni mermar en su productividad, ni en su compasión, ni en su equilibrada cotidianidad. Especialmente cuando tú, en vez de tener algún tipo de pudor emocional, literalmente anuncias a todo el mundo (léase 40,000 copias de La Prensa), por escrito, que le estás dando la vuelta a la esquina, pero que se tranquilicen, porque tu demencia tiene causas clínicas. Lo que resulta ser beneficioso, porque tus amigos forman una especie de suicide watch alrededor tuyo, y te “monitorean” para asegurarse de que no se te zafe la teja del todo.
Lo peor de todo, pienso en este estado hormonal alterado, es que ahora resulta que ya, ni siquiera el síndrome premenstrual es prerrogativa únicamente femenina. Parece que hay algo por ahí que se llama “síndrome de irritabilidad masculina”, (“¡qué coraje!”, comentó mi editora cuando se lo conté; “ya ni eso nos dejan a nosotras”) y que los hombres también pasan por su propio climaterio. Mi colega columnista, Xavier Sáez-Llorens, me proporcionó esta explicación: “Los síntomas suelen ser más sutiles, no tan marcados como en el climaterio femenino. Se presenta decaimiento, insomnio, pérdida del apetito, dolor en los huesos y articulaciones, tendencia a la obesidad y cambios en la piel. También suelen presentarse síntomas psicológicos como falta de concentración, irritabilidad, pérdida del interés, depresión, mal humor, ansiedad, reducción de la productividad y falta de confianza en sí mismo, síntomas que muchas veces ocasionan graves conflictos con la pareja sexual. Además de todos estos síntomas se acompañan problemas sexuales, entre los que se encuentran disminución de la libido, de la actividad sexual y disfunción eréctil, así como problemas vasomotores (bochornos, sudoración y palpitaciones)”. Pero omitió, el buen doctor, algunos de los otros síntomas del climaterio masculino, tal vez por no ser síntomas físicos. Por ejemplo, el síndrome de quemar a la mujer con una tipa más joven para sentirse ellos aún juveniles, o el de una renovada afición por los juguetes, que da origen a aquel adagio de que the difference between the men and the boys is the price of their toys, con predilección marcada hacia el “coche-pene”. “Vavavoom, estoy en todas”, dice el motor V8. Tengo entendido que, en la Asamblea, los honorables diputados andaban algo enojados porque con el nuevo régimen y la asociación de esposas, se les ha fregado el rollo de que las queridas se paseen por los pasillos; así que no les ha quedado otra, pobrecillos, para apapuchar su merma que comprándose Porsches. Mientras tanto, algunas de nosotras nos la arreglamos con una buena dosis de amistad y leyendo a la querida Mafalda, abanico en mano. Otras, hacen lo que mi amiga X que, al preguntarle su alarmada hermana: “¿Cómo vamos a superar esta crisis?”, respondió: “Con drogas y alcohol, como siempre se ha hecho en esta familia”.