El inútil de la familia, de Jorge Edwards, nos seduce con los hilos de seda del humor y la sagacidad del escritor para descubrirnos que, con ese personaje, "la ficción, como suele suceder, se había quedado atrás". Entrelaza magistralmente la realidad de una vida ficcional enriquecida por lo dramático, y la ficción delicadamente bordada sobre esa realidad.
Edwards cuenta que su tío Joaquín Edwards Bello tuvo el valor de ser diferente, príncipe del todo y nada; novelista que noveló su propia vida y que la vida y los demás se lo cobraron. Nació en un mundo de seres privilegiados, pero sus sentimientos apostaron por los que no tenían nada, hasta tal punto, que se jugó todo, hasta a él mismo. Y hastiado de jugarse la adversidad en su infierno íntimo de ludópata de la existencia, se escapó de ella cuando ya no importaba, ya no tenían gracia los tapetes verdes y no había ruleta que accionar. Sólo quedaba una promesa de salida en la punta de una pistola que el orgullo paternal le obsequió.
Una vez más, la ilimitada posibilidad de la novela. Bien estructurada, a dos voces narrativas: la segunda da autenticidad de testimonio y la tercera, el hálito mágico de una casi omnisciencia que transgrede el puente que une la novela y la historia enriqueciéndola con múltiples lecturas. A veces parece que el narrador está a nuestro lado y nos cuenta, no que leemos. Lo que en otro autor podrían tomarse como murmuraciones pseudohistóricas, en él, con su elegante prosa, con su sentido de la proporción entre noticia y vida privada de los protagonistas y con sus oportunas frases exactas, cobran la dimensión de suceso real que demuestran el más profundo conocimiento del ser humano y que sabe cómo llegar al lector.
Edwards ha dicho que no cree en finales sorpresivos, sino en reiteraciones. Posee las claves para ello y más: si repite hechos, cambia la persona, situación, o tiempo. Aun sabiendo lo qué pasó, nos conmueve lo repetido y por eso temido. Un recurso bien utilizado con valor de intención. Homero fue reiterativo por necesidad, su obra era oral y, paradójicamente, aseguró su posteridad. Esa misma ganancia de oralidad que logra nuestro autor, obsequia un veraz suceso-relato. Sin embargo, sí se guardó una sorpresa: el hijo de Joaquín, que no existió, ¿o que sí?, lo amenaza, chantajea, juega con él -le recuerda al padre, acaso no hay en la sangre proclividad al juego- y le vende aquella pistola. La similitud con el protagonista flota una vez más, el narrador aclara que es “el menos suicida del mundo”, queda, sin embargo, una imprecisa angustia punzante y hasta un ruego: ¡que no se hereden las coincidencias, Dios!
Jorge Edwards
Nació en Chile, y desde pequeño decidió ser diferente al resto de su aristocrática familia, como su bisabuelo don Andrés Bello y como su tío abuelo don Joaquín Edwards Bello, se dedicó a las letras. Pero a pesar de la clandestinidad en que tuvo que escribir, de concesiones tales como una carrera profesional, a las que le obligó su estatus social, a que “ha vivido censurado”, y aunque nadie es profeta en su tierra, se le considera, en Chile y fuera de él, como uno de los mejores escritores de la literatura hispanoamericana. Hombre de ideas solidarias y liberales de una izquierda justa y pensante. Ha recibido el Premio Nacional de Literatura, 1994; el Premio Cervantes y la Orden al Mérito Gabriela Mistral, 1999. Es miembro de la Academia Chilena de la Lengua y de otras más. Amigo personal de Neruda, hoy dirige la Fundación Pablo Neruda, de Chile. De su extensa obra, recordamos: en cuento, El patio, 1952; Gente de la ciudad, 1961; Las máscaras, 1967; y Temas y variaciones, 1969. Y en la novelística, El peso de la noche, 1964; Los convidados de piedra, 1978; El museo de cera, 1981; La mujer imaginaria, 1985; El anfitrión, 1987; El sueño de la historia, 1999; El inútil de la familia, 2004.
Otros títulos de Jorge Edwards
Oscuridad de entonces
El sueño de la historia
Un exiliado político retorna a Chile a recobrar su vida y a investigar una historia de pasiones ocurrida en el s. XVIII, la de Joaquín Toesca, arquitecto italiano que llega a restaurar la Catedral, y con un bello sueño, crear el Palacio de la Moneda. Pero mientras el artista sueña y realiza, ¿qué pasa con los sueños de amor de su esposa, Manuelita? Él, que venía "de la belleza y de la mierda", pensó que, aún en este mundo soñado, “eso tiende a reproducirse”.
Censura y realidad
Persona non grata
Para que se crea en la veracidad y se sopese el impacto de un testimonio, depende de quién lo presente. Cuántos que saben lo que ocurre en la Cuba de Fidel se callan. Por qué. Por no perder popularidad entre una izquierda obsoleta y panfletaria o porque la verdad duele. Pero si Edwards se enfrentó a su familia por ser escritor y por sus ideas, como no iba enfrentarse a quienes pretenden justificar el asesinato y convencernos de que un dictador de izquierda es menos pernicioso que uno de derecha.
Viaje prodigioso
El anfitrión
El mito de Fausto renueva ropaje en nuestro siglo, quizás no hay almas que valgan la pena vender. Nuestro autor lo sabe; retoma la historia y da forma a un nuevo Mefistófeles con una trama colmada de humor e ironía en la que tienta a un Faustino patético, con noche de Walpurgis y descenso a los infiernos incluidos. E imprime riqueza al tema con un trasiego entre ficción y realidad que mantiene nuestro interés en una visión diferente y honesta de Chile.
Sospecha apasionada
El origen del mundo
Después de mirar la pintura de Gustave Coubert que da nombre a esta novela, un esposo le hace una pequeña broma a su esposa, le dice que la mujer del cuadro se parece a ella... Por su brusca reacción y porque el pasado lunes él encontró a un amigo de ambos muerto, todo se convierte en una horrible pesadilla de celos y de sospechas. La obra tiene una trama excelente y valdría la pena su lectura aunque sólo fuera por el excelente final.