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Panamá, viernes 10 de junio de 2005
 

diferencia.

Asamblea de la OEA entre fracasos y peleas

María Isabel Rivero

La 35 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) que tuvo lugar del domingo al lunes en Fort Lauderdale, Florida, será recordada por su fracaso en lograr consensos y por las peleas públicas entre los países miembros.

Los cancilleres habían decidido dedicar esta asamblea a buscar la forma de implementar de mejor manera la Carta Democrática Interamericana a fin de anticiparse a las crisis y ayudar a los países miembros a mejorar su gobernabilidad democrática.

La Asamblea aprobó por aclamación una declaración de apoyo a Bolivia en la que la OEA ofrece su asistencia para que, si las autoridades del país lo solicitan, facilite un diálogo nacional a fin de buscar una salida a la grave crisis política en que está sumergido el país.

Pero lo que no lograron los 34 países miembros fue ponerse de acuerdo sobre qué debe hacer la OEA para evitar que estas crisis sigan ocurriendo y para contribuir a la consolidación de las democracias en América Latina y el Caribe.

Para los gobiernos progresistas de América del Sur, la clave para consolidar la democracia está en reducir la pobreza y lograr una mejor distribución de los beneficios del crecimiento económico, para lo cual es necesaria la intervención del Estado.

En ese entendido, que comparte la Comunidad del Caribe (CARICOM), América del Sur insistió en que la mejor contribución de la OEA a la consolidación de la democracia es avanzar en la redacción de la Carta Social de las Américas que garantice los derechos económicos, sociales y culturales de los pueblos.

Pero Estados Unidos ni siquiera ha ratificado el instrumento de Naciones Unidas sobre derechos económicos, sociales y culturales, ya que para Washington los derechos que garantiza la democracia se limitan a los políticos y civiles.

En su discurso ante los cancilleres del continente el lunes, el presidente George W. Bush se limitó a recomendar que se siga apostando al libre comercio como forma de lograr mayor estabilidad y gobernabilidad, pero tampoco en esto hay consenso entre los miembros de la OEA.

El canciller de Brasil, Celso Amorim, respondió de inmediato que para que el libre comercio sirva a los países en vías de desarrollo, es preciso que los industrializados eliminen los miles de millones de dólares anuales de competencia desleal para los productos que intentan exportar las naciones más pobres.

Estas y otras diferencias que dividen a Estados Unidos por un lado y prácticamente todo el resto del continente por el otro convirtieron la reunión de Fort Lauderdale en un fracaso para la administración Bush.

El plan central de Washington para esta 35 Asamblea, la segunda en la historia y la primera en más de tres décadas que se celebró en Estados Unidos, fue bloqueado por una coalición de más de veinte países de América del Sur, México y el Caribe.

Estados Unidos pretendía que esta Asamblea diera a la OEA la capacidad de actuar en forma preventiva en defensa de la democracia en los países donde esté amenazada, aun sin el consentimiento del gobierno del país en problemas.

La iniciativa fue rechazada de plano por prácticamente todo el resto del continente, que se negó a dar tal potestad a la OEA, ya que sería violatorio de su propia carta fundacional, en la cual se consagran los principios de autodeterminación y no intervención.

Y como frutilla de la torta, la Asamblea fue escenario de un enfrentamiento virulento entre dos de sus países miembros, Venezuela y Estados Unidos.

El secretario de Estado adjunto para el Hemisferio Occidental, Roger Noriega, acusó al presidente Hugo Chávez de ser responsable de la crisis en Bolivia: "El rol de Chávez en Bolivia es obvio y habla por sí mismo".

El canciller venezolano, Alí Rodríguez, respondió en conferencia de prensa que Noriega "siempre anda buscando cómo echarle más leña al fuego, cuando la tarea de los diplomáticos que trabajamos en estas cosas es buscar precisamente apagar cualquier fuego donde quiera que aparezca, porque una vez que aparece el fuego uno no sabe dónde pueden llegar las llamaradas".

Después de días de duras negociaciones, los países de la OEA sólo lograron aprobar una declaración final lavada que no hace más que reiterar los principios ya contenidos en la Carta Democrática aprobada en 2001, cerrando así una Asamblea que, si pasa a la historia, no será por sus éxitos.

DPA

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