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Panamá, domingo 5 de junio de 2005
 
 
TEMA DE PORTADA
DE TOROS Y FAENAS
 
En la corrida de toros se mide la valentía del matador y la bravura del toro. Esta actividad llena de colorido y emoción nació siglos atrás, pero se mantiene vigente como una importante tradición ibérica heredada a América. 
 
MANUEL FERRER 
mosaico@prensa.com 
 
Es casi imposible aislar la imagen del estoico matador que lidia con un toro bravo de cualquier momento de la historia o cualquier parte de la geografía de España, las llanuras áridas de Andalucía, el suelo de Córdoba. Sin embargo, los orígenes de las corridas de toros no están muy claros. Algunos apuntan con facilidad al anfiteatro romano y a la lucha del hombre contra el animal. Otros aseguran que su origen está en la práctica celtibérica o mitraísta de sacrificar toros a los dioses. Pero quizás la explicación más lógica es que la tradición se deriva de la caza de toros bravos en el campo español, la cual se habría convertido en una forma de fiesta por influencias del circo grecorromano.

En la Edad Media, las corridas eran a caballo (conocidas como ‘suerte de cañas’) y estaban reservadas a miembros de la nobleza. Éstas se llevaban a cabo en festivales religiosos y monárquicos. A pesar de que el torero no se desmontaba para quedar frente a frente al toro, estas corridas eran quizás más peligrosas que su versión moderna, ya que los toros que no morían podían volver a pelear. Los toros bravos aprenden con facilidad las movidas del torero, y la cantidad de muertes que hubo en esta época hizo que el papa Pío V dictara una bula papal prohibiendo las corridas de toros el 20 de noviembre de 1567.

La bula papal fue ignorada en muchas partes de España, pero pronto se dictó una nueva ley: un hombre, un toro. Esto dio inicios a la crianza del toro bravo, un animal que tiene sus orígenes en el legendario uro (una especia bovina extinta que ha sido conocida por el hombre desde la era paleolítica, como demuestran las pinturas en las Cuevas de Albacete), sin el cual serían imposibles las corridas de toros. El toro bravo ataca con coraje y determinación, y es criado con la menor intervención humana posible para que no se vuelva dócil.

Las corridas de toros modernas

Las corridas de toros, como las conocemos hoy, donde el arte de la faena es lo más importante, empezaron en el siglo XVIII cuando tres toreros, Pedro Romero, Pepe-Illo y Costillares –inmortalizados en la serie de pinturas La Tauromaquia de Goya– revolucionaron las corridas estableciendo una serie de reglas que se fueron perfeccionando a través los próximos siglos. A mediados del siglo XIV nació la lidia que se conoce hoy en día y que se divide en “tercios”: el “picar”, el “banderillear” y el “matar”.

En el primer tercio, aparece el picador a caballo que intenta debilitar al toro, lanzándole varas con puntas de acero de cinco centímetros de grueso. Muchos consideran que los golpes que reciben los caballos del toro, amigo animal del hombre por excelencia (cuyas entrañas eran derramadas en los tiempos en que no se usaban protectores), es una de las partes más crueles del toreo. Al picador lo siguen las banderillas, palos delgados de ocho centímetros y decorados con papeles coloridos, cuyo propósito es alegrar y animar al toro, que ha sido debilitado por las varas del picador. Una vez que son colocadas las banderillas y el toro está más animado, entra el matador y demuestra su dominio sobre el toro utilizando la muleta para atraer al toro y cansarlo. Es aquí cuando el matador da fin a la tragedia y da la estocada al toro, con la intención de matarlo desde la primera vez.

De arena y de cal

La corrida de toros es una de las tradiciones españolas más reconocidas alrededor del mundo. La naturaleza trágica del toreo, donde siempre muere alguien (salvo que el toro sea indultado), ha inspirado las obras de muchos artistas reconocidos, desde Francisco Goya hasta Pablo Picasso. El escritor norteamericano Ernest Hemingway también dedicó mucha de su carrera a las corridas; su libro, Muerte en la Tarde, es una contribución importante al mundo de la tauromaquia. Desde su publicación, en 1932, las corridas de toro se han convertido en una de las principales atracciones turísticas de España.

En los últimos años, la práctica de correr toros ha generado más crítica dentro y fuera de España. Organizaciones en contra del toreo alegan que los toros son maltratados (les pegan en el estómago, les rasuran los cachos, y los mantienen en la oscuridad para que entren ‘ciegos’ a la plaza) antes de la corrida y que es una práctica cruel e inhumana. Por su parte, los aficionados no hacen caso a las muchas críticas y aseguran que un toro de plaza vive mejor que cualquier otro toro, ya que se le deja vivir en libertad hasta el momento de pelear y, a veces, si es lo suficientemente bravo, lo regresan a la finca donde puede vivir en paz. Los seguidores también hacen recalcar el hecho de que las corridas de toros generan más de 200 mil empleos en España.

La edad de oro

La edad de oro de las corridas de toros se vivió durante la rivalidad de José Gómez “Gallito”, Joselito y Juan Belmonte, entre 1914 y 1918. Joselito representaba las tradiciones antiguas de la tauromaquia, respetaba el territorio del toro; era buenmozo, valeroso, hijo y hermano de toreros. Belmonte era un rebelde, un huérfano enfermizo que empezó a correr toros usando su chaqueta de capa desde muy joven y desarrolló una técnica que le permitió estar muy cerca al toro. La rivalidad profesional entre ambos no impidió que se volvieran amigos (aunque trataban de que el público pensara lo contrario) y ambos adoptaban técnicas del otro. Con la muerte de Joselito frente al toro ‘Bailaor’, el 16 de mayo de 1920, acabó una de las rivalidades más famosas en la historia de las corridas. Juan Belmonte, que nunca pudo concretar su deseo de morir en la plaza, se pegó un tiro a los 70 años.

Después de la edad de oro, las corridas de toros en España sufrieron las consecuencias de la guerra civil, donde hubo un periodo de 34 meses sin toreo. Pero justo cuando el deporte parecía estar muriendo, apareció un segundo revolucionario y quizás el torero más conocido de todos los tiempos: Manolete. Manolote perfeccionó la técnica de Belmonte utilizando pases cortos, manteniendo su cuerpo lateral al toro, posición que le permitía moverse fácilmente de un pase al otro y mantener al toro en una trayectoria casi circular. Como Joselito, Manolete fue mortalmente herido por un toro (llamado ‘Isleño’) y murió el 28 de agosto de 1947 en Linares. Después de él, surgieron numerosos diestros en la tauromaquia española, entre estos Luis Miguel Domínguez, Antonio Ordóñez, Manuel Benítez Pérez “El Cordobés”. Y, más recientemente, toreros jóvenes como Julio López Escobar “El Juli”, Miguel Abellán y otros más veteranos como Manuel Jesús “El Cid” y Enrique Ponce, todos presentes en las fiestas de San Isidro que iniciaron el pasado mes de mayo en Madrid, y que culminan con la corrida extraordinaria por la beneficencia, el 8 de junio, en la cual participarán El Cid, Miguel Abellán y Antón Cortés.

Pie de foto

La temporada de corridas de toros se lleva a cabo desde marzo hasta octubre de cada año y sol es un requisito fundamental.
El torero: su personalidad y vestimenta

La tauromaquia es un deleite para la vista. Los vibrantes colores de las capas y los vestidos de luces contrastan con el albero de la plaza y la sangre roja del toro. A pesar de que las reglas de la fiesta han evolucionado a través del tiempo, la vestimenta del torero se ha mantenido prácticamente igual. Aunque esta vestimenta es considerada incómoda, sigue siendo una obra de arte que ha servido de inspiración para los grandes modistas alrededor del mundo. El capote de paseo y el traje de luces son las piezas más vistosas y ornamentadas del torero. El traje de luces obtiene el nombre por la cantidad de lentejuelas y bordados dorados que brillan bajo el sol. El torero lleva un chaleco adornado con alambres, que es abierto en las axilas para darle más movimiento aunque sigue siendo completamente ceñido al cuerpo. En la cabeza el torero lleva cabello postizo y un sombrero (montera) confeccionado de tejido rizoso. En los pies lleva zapatillas negras y medias usualmente rosadas y arriba de las rodillas lleva un taleguillo ornamentado que le llega a la cintura.

Los toreros usualmente son delgados y ágiles y sus cuerpos se asemejan a los de los bailarines de flamenco. Aunque de físico pueden ser parecidos, sus personalidades individuales son las que brillan en la plaza. Un torero debe tener valor y coraje sobre todas las cosas, y es importante que mantenga las piernas fijas e inmóviles durante la carga del toro. Ha habido muchos toreros en los anales de la historia, algunos estudiosos y humildes, otros ostentosos y mujeriegos. Pero para que sean recordados hasta el día de hoy una sola característica tiene que haber sido constante: su insuperable coraje.
Tauromaquia en Panamá

La tradición de correr toros en Latinoamérica nace en los tiempos de la conquista, cuando los españoles traen al toro bravo (toro de lidia) al continente americano. Aunque países como México, Colombia, Ecuador y Perú mantienen la práctica del toreo hasta el día de hoy, en Panamá ya no existen las corridas de toro. A comienzos del siglo XIX, era común que se hicieran corridas de toros en La Plaza Santa Ana de Panamá La Vieja, e incluso Panamá era considerado un destino turístico para el que quería apreciar el arte de la tauromaquia. En Muerte en la tarde, Hemingway menciona a Panamá como un buen lugar para apreciar corridas de toros en el mes de febrero (su libro fue escrito en 1932).

No es hasta después de la II Guerra Mundial que revive la tauromaquia en Panamá y, aunque este período dura poco tiempo, muchos lo recuerdan. Fue durante esta época que toreó en Panamá el ilustre Luis Miguel Domínguez “Dominguín” en una gira taurina por Suramérica. Su esposa, Lucía Bosé, dio a luz a su hijo, el famoso cantante Miguel Bosé, durante su estadía en el país. Durante esta época se intentó criar toros de lidia en el país, pero no fue hasta años recientes que Jorge Araúz, de Penonomé, logró criar por primera vez en Panamá un considerable número de ganado de lidia (60 a 70 cabezas de ganado).

Aunque no hay corridas de toros en Panamá, un grupo de aficionados de la tauromaquia (La Peña Taurina de Panamá), dirigido por Joel Medina, organiza eventos para los que quieren disfrutar juntos todo lo que acontece en el mundo taurino. La peña taurina viaja a países extranjeros (España, Perú, México) para presenciar corridas famosas y está al día con todos los eventos que ocurren en este deporte. La peña se reúne los primeros jueves de cada mes en el Club Deportivo Unión Española, para discutir y ver corridas de toros por televisión. Además de estas reuniones, La Peña Taurina también organiza una fiesta anual (con la ayuda de Jorge Araúz) donde embajadores de países taurinos invitan a matadores profesionales para que ayuden a tentar a los toros. Los matadores tientan a novillas y el grupo presente juzga por su bravura si la novilla ha de ser madre de toros de lidia (o carga el fenotipo del toro bravo). La mayoría de los toros del Sr. Araúz proceden de Colombia y México, dos países con fuertes culturas taurinas.

El director de la Peña Taurina es muy optimista acerca del futuro taurino de Panamá. Según Medina, “para que haya corridas de toros primero tienen que haber toros bravos”. Con la cría del Sr. Araúz, Medina espera que se cree más interés en la tauromaquia y algún día se lleguen a practicar verdaderas corridas de toros en el suelo panameño. Para Medina, la combinación de jóvenes instruidos en el arte de la faena y la cría de toros bravos del Sr. Araúz puede representar un futuro fructífero para la tauromaquia en Panamá.
 

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