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Panamá, viernes 3 de junio de 2005
 

experiencia

Democracia para mandar..¿o para lograr gobernabilidad?

I.Roberto Eisenmann, Jr.

En los últimos 15 años logramos en nuestro país grandes avances en cuanto a la democracia electoral. Tuvimos seis consultas populares: la primera , la elección de Guillermo Endara bajo condiciones precarias; luego el referéndum constitucional de ese quinquenio, la elección de Ernesto Pérez Balladares, el referéndum reelecionista, la elección de Mireya Moscoso y la elección de Martín Torrijos. En las seis consultas siempre ganó la oposición de ese momento y el gobierno del momento aceptó su derrota; no hubo acusaciones de fraude electoral y en tres ocasiones se produjo la pacífica alternabilidad del poder público.

Como nación decidimos convertirnos en el segundo país desmilitarizado de América y para lograrlo contamos con la aprobación de dos Asambleas de signos políticos contrarios, ofreciendo un entorno propicio a la democracia legítima; esto, a pesar de ciertos síntomas preocupantes de aquellas minorías con la siempre presente tentación gorilezca.

Existe un fuerte movimiento hacia el logro consolidador de una democracia de ciudadanos. Es cada día mayor el número de personas que ha realizado que ‘democracia’ es mucho más que ir a votar cada 5 años; que hay que ejercer una verdadera ciudadanía permanente y competente. Cada día es más aceptado que la participación ciudadana no solo es posible a través de los partidos políticos sino que el activismo y militancia ciudadana a través de entidades privadas dedicadas a la agenda pública sin aspirar a poder público (identificado internacionalmente como ‘sociedad civil’) constituye una legítima forma de participación política no partidaria.

Toca ahora a la sociedad civil reconocer la legitimidad y necesidad de los partidos políticos como sine qua non para la democracia legítima, al tiempo que toca a los políticos reconocer que no basta la democracia electoral; que lograr la gobernabilidad requiere reconocer la vital importancia de la sociedad civil para lograr una legítima democracia de ciudadanos.

Esto requiere que los gobernantes (sean del color partidario que sean) superen el sentimiento tradicionalista trasnochado de que ‘nos eligieron para mandar’. No: los elegimos para gobernar y hoy gobernar requiere conciliar el país legal al país real; requiere un esfuerzo legítimo de lograr diálogos que produzcan un mínimo de consensos en la ciudadanía a través de los partidos y las entidades de la sociedad civil.

¿Que es difícil, que es complicado, que es más demorado?... sí, claro que sí, pero si quieren ser políticos con capacidad de lograr gobernabilidad no hay remedio, no hay opción.

Hay algunas cosas que hoy día son anatema para lograr la gobernabilidad, y la imposición es la peor de ellas. Estamos en el Siglo XXI. La imposición crea rebeldía rabiosa en el más moderado de los ciudadanos. El secretismo: hoy la transparencia es un imperativo para la gobernabilidad. El engaño: llamar ‘diálogo’ a lo que no lo es, llamar ‘consulta’ a lo que no lo es, es buscar lo contrario: la ingobernabilidad.

La crisis provocada por la recién aprobada Ley de la Caja de Seguro Social es más un problema de forma en el proceso de aprobación, que de fondo (el contenido del proyecto). La concepción que dominó en el gobierno de que una reforma light produciría una reacción igualmente light, fue equivocada. El secretismo y el ignorar a los grupos heterogéneos de ciudadanos que hicieron trabajos serios sobre el problema, a la vez que se hablaba de ‘diálogo’ y ‘consultas’ para describir simples invitaciones a exponer, pero prestando oídos sordos y finalmente la decisión de imponer rápido ‘para salir del tema’, fueron todos errores serios y costosísimos para la Nación en el necesario proceso de lograr gobernabilidad.

Ojalá que el aprendizaje sirva al gobernante para cambiar el modelo más hacia su propia personalidad moderada que hacia la de sus asesores que lo empujan al secretismo, al engaño y a mandar, a pesar de lo que opine la sociedad.

El país así lo exige, y un buen político aprende a que la época igualmente exige una nueva democracia de ciudadanos para lograr la legítima gobernabilidad. No hay opción para todos los que aspiramos a una nación civilizada, solidaria... y en paz.

El autor es presidente de la Fundación para la Libertad Ciudadana

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