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Panamá, viernes 27 de mayo de 2005
 

actitud.

¡Atrapados por la violencia!

Teófilo Rodríguez Díaz
ciudadela@cwpanama.net

Cuando estábamos bajo la dictadura militar, la violencia se generaba desde las instancias militares. Los brotes sociales de protestas eran sofocados y reprimidos salvajemente. Frente a ese mal, se despertó una respuesta ciudadana de no violencia.

Luego nos vino la infame invasión. ¿Hubo necesidad de tanta fuerza para expulsar a un sólo hombre del poder? La invasión dejó profundas secuelas que aún perduran. Empezando con el pillaje del saqueo, la proliferación de armas y drogas que van inundando nuestras ciudades y aún nuestros campos y costas. La agresividad que se respira en las calles, fruto de la impaciencia y de la intolerancia, se refleja en el manejo "a la ofensiva" y el lenguaje y las expresiones pendencieras. Si a ello sumamos los programas televisivos y las crónicas rojas de algunos medios, se dispara aún más nuestra adrenalina.

Hoy veo cómo los panameños estamos perdiendo la capacidad de escuchar y de dirimir nuestras diferencias por medio del diálogo respetuoso y sereno. Incluso en el ámbito deportivo así lo demuestran los recientes incidentes en el campeonato de la ANAPROF: no hay capacidad de aceptar con ecuanimidad las derrotas.

¿Qué decir del furor y la intemperancia entre los estudiantes? Es vergonzoso observar cómo la clase colegial y universitaria, otrora baluarte de auténtica lucha reivindicativa, ha degenerado en el vandalismo y el pillaje.

Los panameños nos encontramos atrapados por la violencia en todos los niveles. ¿Qué haremos? Frente a la espiral de violencia hay que responder con la cultura de la paz: Hay que educar para la paz en todos los ámbitos. Estoy convencido de que somos más los pacifistas que los violentos. Pero el ser pacifista no significa "insana pasividad". La construcción de la paz implica esfuerzo y sacrificio, aún en mayor grado que la violencia misma. Hay que despertar y movilizar a los pacifistas de Panamá, o lamentaremos mañana nuestro pecado de omisión. No a la violencia, sí a la paz.

El autor es sacerdote

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