Panamá, viernes 13 de mayo de 2005
 
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sistema.

El profesor y la pesadilla chilena

Roberto Brenes P.

Precisamente porque la economía es una ciencia inexacta, sus planteamientos y afirmaciones deben con mayor razón, ser precisos y claros. En aras de esa precisión y nuevamente con el objetivo principal de darle a los lectores otra perspectiva, me permito comentar el artículo "Pinochet, las pensiones y el Libre Comercio" que publicara el profesor Juan Jované, el lunes 9 de mayo.

El "pecado original" del sistema nacional de cuentas individuales es que lo inventaron y lo adoptaron los chilenos durante la dictadura de Pinochet. Así, aunque, el sistema ha sido novedoso y exitoso, rompiendo un paradigma centenario, el solo hecho de haberlo adoptado una dictadura militar de derecha es razón suficiente para que muchos en este país, de Martín Torrijos para abajo, lo descalifiquen como solución al problema de la Caja de Seguro Social. Esta es una noción tan ridícula como rehusar utilizar un medicamento salvador sólo porque lo hubiesen desarrollado los nazis.

Otros muchos países, con políticos y académicos menos mojigatos, más abiertos a la innovación y con democracias funcionales plenas, incluso de izquierda, han adoptado total o parcialmente las cuentas individuales. En esta lista podemos incluir a países como Colombia, Argentina, México y Uruguay. Países como Suecia y Costa Rica que además de ser estrellas democráticas y caracterizadas por su sesgo "social", han hecho avances importantes; ahora en Suecia el 2% de todas las pensiones va a una cuenta individual y en Costa Rica, desde 1999 la "Ley de Protección al Trabajador" impulsa un programa de cuentas individuales que mejora la jubilación laboral y propulsa el mercado de capitales y el desarrollo interno.

Muchas economías desarrolladas han empezado también a caminar en la misma dirección; Austria y Alemania reconocen que los sistemas de cuenta individual son una solución idónea al deterioro de los sistemas de reparto toda vez que no se afectan por los cambios demográficos, que han destruido los sistemas tradicionales de pensión. Además, en ninguno de los países que han adoptado la cuenta o en aquellos que la estudian, y gracias al efecto demostración de la economía chilena, no han sido necesarios ni los tanques ni los gorilas.

También en aras a la precisión del debate hay que decir que los costos de la transición chilena que le endilgan a las cuentas individuales no son tales. Dichos costos, como en cualquier país con un sistema en bancarrota, son costos que se crean por la decisión de salvar el sistema, no del modelo financiero que se adopta. Si en Chile como en efecto se hizo, se decide enfrentar el problema y no dejar desamparados a los cotizantes y pensionados pero, a diferencia de lo que se hizo, hubiesen mantenido un sistema de reparto; el déficit hubiera sido similar". La verdadera diferencia se produce cuando, decididos los chilenos por una cuenta individual, traspasan en forma de un título valor, que reconocía los derechos de cada uno (que el sistema no poseía pero que adeudaba) en forma explícita a cuenta de cada cual. Con esta medida Chile no creaba un déficit sino que lo hacía explicito y transparente.

Por otro lado, de estar Chile con un sistema como el que tenemos aquí, cada vez que un cotizante se jubilara, el Estado o el sistema capitalizado por el Estado, tendría que hacerle frente a cada pequeño déficit uno por uno y "per secula seculorum". Recordemos que como la energía en la física los déficit no desaparecen, sólo cambian de forma: para que desaparezcan hay que pagarlos.

Lo que sí hizo la transición chilena al poner por delante la deuda reconocida, fue reducirle grados de libertad a las finanzas del Estado con el fin de evitar presupuestos abultados y despilfarro; un tema de importancia para los políticos, no para la gente común y corriente. De allá para acá han desarrollado numerosas estructuras que limitan o mitigan el impacto de una transición y que no requiere ponerle presión al presupuesto estatal; como por ejemplo el reconocer la deuda al momento de la jubilación, o pagar el bono paulatinamente a través de los años de pensión, van en esa dirección. Esto se ve claramente en el modelo mexicano y en la propuesta de reforma colombiana, que además, busca cortar esa transición para lograr beneficios más rápidos.

Es cierto que en Chile el sistema ha tenido costos altos y que eso es una preocupación de los reguladores y cotizantes; pero aún con esos costos los retornos del sistema han sido muy superiores a los de sistemas con menores costos. En países con modelos post-Chile, se han introducido medidas tendientes a fortalecer la competencia, desincentivar la cambiadera entre fondos y en algunos casos limitar algunos cargos al sistema. Aquí en Panama, debo repetir que el ejemplo del SIACAP es ejemplar; con los resultados de la última licitación acaecida en abril, los costos totales del sistema son seis décimas (6/10) del uno por ciento; casi 50% menos que los costos anteriores de nueve décimas (9/10) del uno por ciento. En esto puede dormir tranquilo, profesor.

El autor es presidente de la Fundación Libertad.


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