Panamá, viernes 13 de mayo de 2005
 
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Canal.

Riesgo de hacer o no hacer

I. Roberto Eisenmann, Jr.

El Canal de Panamá es una macro empresa panameña de primer mundo, con una clientela 100% internacional, manejada por panameños en forma comprobadamente superior al manejo que le dio el poder mundial. El Canal es entonces un ejemplo para el país. Es sin duda un éxito nacional e internacional que debe ser motivo de orgullo para los panameños de todos los sectores sociales. Nuestro objetivo como nación jamás debe ser rebajar el Canal al nivel de la nación, sino elevar a la nación al nivel de el Canal. Yo aspiro a que todos los panameños lleguemos a tener los sueldos y la productividad de los panameños que trabajan en el Canal. Para mí los hermanos en la nacionalidad que operan el Canal no son motivo de envidia sino de orgullo patrio; cada uno de ellos es ejemplo de lo que somos capaces de hacer todos. Además, yo me siento ahora dueño del Canal. Los accionistas-dueños somos todos los panameños.

Ahora bien: el panameño de a pie lo reduce todo a una interrogante vital respecto al Canal: "¿qué hay para mí?". La respuesta es ¡muchísimo!: en 5 años han sido pagados casi mil ochocientos millones a nuestro gobierno (igual que la suma total de lo pagado en todos los 86 años de manejo norteamericano). Este es dinero que el gobierno debe haber invertido en salud, educación, vivienda y un largo etc. Si en cualquier empresa (micro, mediana o grande) la primera pregunta de los accionistas o dueños fuera "¿qué hay para mì?, la empresa duraría las horas que tomara repartirse lo que hay, y fin del cuento. El "qué hay pa’ mí" es una pregunta que debe contestar el gobierno ejecutor de los programas sociales que se pagan con el fondo común del Estado, que es el que recibe los dineros que produce el Canal.

Próximamente nosotros, los dueños, afrontaremos el votar por el desarrollo continuo de nuestra empresa canalera o votar por quedarnos quietos. El factor determinante en ese voto está contenido en una sola palabra: riesgo. ¿ Cuál es el riesgo de la inversión de la expansión para mantener nuestra ventaja competitiva y seguir progresando, frente al riesgo de no hacer… y perder buena parte de nuestro mercado o ingreso canalero? ¡Así de sencilla es la cosa!

Ahora: en el caso de nuestro Canal el riesgo no es solamente económico/financiero, sino también económico/social; es desarrollo frente a estancamiento; es aspirar a primer mundo o conformarnos con lo que hoy somos. Es la vitalidad nacional versus la pasividad de la perenne queja paralítica. Debido a la importancia vital del tema jamás hemos estudiado un asunto tanto. Los panameños más talentosos han dedicado casi una década a los estudios y se han traído muchos extranjeros para validarlos. Los panameños al frente del Canal han viajado el mundo visitando clientes, armadores de barcos, y todo el que tenga algo que ver con los usuarios. Frente al posible problema social de los embalses (que a todos preocupaba) encontraron una solución que evita el problema social así como los ecológicos. Las cifras iniciales que manejaban los norteamericanos han sido reducidas considerablemente. La metodología de construcción ha sido simplificada al punto que casi todo es metodología conocida por la propia organización canalera, haciendo que los estimados de costos puedan ser bastante sólidos por experiencias propias de la organización.

La filosofía manifiesta de los dirigentes canaleros es que el Canal ampliado, brindará un mejor servicio que será pagado por los usuarios, sin entrega alguna de soberanía, de decisión, o de manejo. Los financiamientos interinos que sean necesarios podrán ser de la banca privada sin garantía alguna del Estado. En cuanto a nuestra posición soberana no tendrá que haber participación de Estado alguno ni de instituciones multilaterales financieras (IFI).

El proyecto es nuestro, la decisión es nuestra, el riesgo es nuestro, y el beneficio es nuestro; en fin, soberanía total, no solo del territorio sino de las decisiones sobre proyectos en nuestro territorio.

Me parece que Alberto Alemán ha adoptado una posición firme y representativa del sentimiento de soberanía de nuestro pueblo. Por esta y muchas otras razones lógicas debe ser reelegido en su posición.

Aún así hay gente que duda, que cuestiona; así debe ser, y así será. Yo los escucho a todos con mucha atención a pesar de sus pasados y sus agendas ocultas. La oposición del grupo campesino de la Cuenca, a quienes escuché con mucha atención hasta que oí a uno de sus voceros decir "títulos de propiedad…¿para qué?" y allí los descalifiqué como pertenecientes al grupo de los que tienen como norte "del caos al poder".

La expansión del Canal puede constituir el gran proyecto de desarrollo nacional; una de nuestras garrochas para dar el salto al primer mundo. Con el crecimiento que se dará solo nos resta asegurar que signifique desarrollo económico y social que alcance al panameño de a pie. Que sea primer mundo para todos los panameños, especialmente para los hoy excluidos de la sociedad. Para mí lo inaceptable es el status quo, el conformismo en "no hay nada que hacer", y el derrotismo y hara-kiri tan propio de nosotros: "con nosotros los panameños, no se puede, todos somos unos juega-vivos". ¡Qué va! El quedarnos quietos equivale a resbalarnos hacia atrás como nación.

Esto no afectaría mucho a los ricos, pero para nuestros hermanos pobres sería la total desesperanza. Por eso, una vez se terminen del todo los estudios para la expansión del Canal, si concluyo que los riesgos de hacer son menores que los de no hacer, daré mi voto afirmativo al proyecto con entusiasmo, vigor y esperanza.

El autor es presidente de la Fundación para la Libertad Ciudadana

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