| Exceso. Un teleférico y varios comercios se unirán a otras 15 instalaciones.
Aprietos en la cima de Ancón
Una sociedad quiere construir una cafetería para 300 comensales, y otros comercios en lo alto de Ancón.
Será necesario talar 600 metros cuadrados en la cima del cerro Ancón, dice el Estudio de Impacto Ambiental.
| LA PRENSA/Tito Herrera |
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| A los pies del cerro Ancón se extiende la ciudad de Panamá. Desde la cima la vista es soberbia; es posible divisar hasta la cúpula del templo Bahai, hacia el norte y hacia el mar pueden verse la isla de Taboga y más allá. |
Mónica Palm
mpalm@prensa.com
La próxima construcción de un restaurante con capacidad para 300 comensales, un jardín botánico, un mirador y seis locales comerciales en la cima del cerro Ancón amenaza con afectar áreas de valor patrimonial, alterar la topografía del lugar y poner en peligro el hábitat de las 68 especies que ahí conviven. Así lo creen los residentes del todavía apacible barrio de Quarry Heights.
Las instalaciones son parte de un proyecto de 9.5 millones de dólares que impulsa la sociedad Inversiones Guararé Teleféricos, S.A. (IGT), que tiene una concesión con la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) para operar un teleférico que partirá del antiguo Club de Golf en Amador y llegará a la cima del cerro Ancón.
Sucede que allá arriba, justo donde IGT quiere edificar sus instalaciones, el área ya está copada: están el monumento a Amelia Denis de Icaza, el asta en la que ondea la bandera nacional, cuatro antenas de comunicaciones, un inmenso tanque de agua y varias otras instalaciones. ¿En qué espacio pretende la sociedad inversionista levantar edificaciones para atender, alimentar y atender a turistas? A ello hay que sumar que los suelos de Ancón no son muy apropiados para estos proyectos. Tienen una topografía de pendientes abruptas, por lo que el potencial de desarrollo es "limitado", como bien lo reconoce el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) que encargó la sociedad para sustentar su proyecto.
El mismo documento señala que, para desarrollar las edificaciones, será necesario talar un promedio de 600 metros cuadrados, "todos ubicados en la cima del cerro".
El EIA no ha sido aprobado aún, pero los vecinos de Quarry Heights solicitaron su rechazo –"por inconsulto y dañino"– a la administradora de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), Ligia Castro de Doens, en carta enviada el pasado 22 de abril. Los residentes se quejan de no haber sido consultados –como exige la ley–, a pesar de que la empresa, según el EIA entregado a ANAM el 14 de junio de 2004, sostiene que "se llevó a cabo una encuesta o sondeo de opiniones en el área cercana".
El EIA, preparado por los ingenieros Ariel Barnett Herrera y Rodolfo Jaén, es bastante explícito. Dice, por ejemplo, que el desarrollo del proyecto implicará la potencial disminución de la calidad del aire, el incremento de ruidos y vibraciones, la erosión y sedimentación, la contaminación por generación de residuos orgánicos e inorgánicos, la "modificación" del paisaje y la "alteración" de la flora y fauna.
Los efectos negativos pueden "mitigarse", según el EIA, si se reduce el número de visitantes a las áreas ecológicas sensitivas y si se mantiene a personal capacitado para atender al público. Cumpliendo con estas recomendaciones, "el proyecto es viable ambientalmente", asegura el documento.
Un proyecto de esta magnitud generará basura. Y no poca. Los desechos, según el arquitecto del proyecto, Iosef David Friedman, serán depositados en grandes canastas de basura, unas recibirán desechos orgánicos y otras los inorgánicos. Estos serán evacuadas diariamente "a un punto asignado por la Dirección de Ornato y Aseo", informó el arquitecto a la ANAM.
Los ambientalistas no se han conformado con ello y, al igual que los residentes de Quarry Heights, han cerrado filas. No tienen nada en contra del teleférico, pero exigen que el restaurante y los locales comerciales sean desarrollados en áreas menos boscosas y más espaciosas. Por ejemplo, en el punto de partida del teleférico, en la entrada de Amador.
"La cima no tiene espacio, a menos que sea a expensas del bosque. [Los promotores] tienen planeado un Disney World para un lugar pequeño, donde caben tres cositas", dice Líder Sucre, director ejecutivo de la Asociación Nacional para la Conservación del Ambiente (ANCON) –cuya sede está, precisamente, en las faldas del cerro– mientras pasea la vista por el monumento a Amelia, que actualmente administra la Alcaldía, pero que Inversiones Guararé Teleféricos, S.A. propone "acondicionar" a tono con la arquitectura "orgánica" de las instalaciones que ahí pretende edificar.
"Todos los espacios ocupados por el proyecto y áreas periféricas serán embellecidos con diversos diseños temáticos de jardinería", dice el EIA, que además –sin ningún pudor– advierte de que se reforestará con árboles frutales, se limpiará la "maleza" y se construirán veredas peatonales para guiar a los visitantes por senderos. A Líder Sucre, esto le suena a chiste de mal gusto: "talar bosques para hacer un jardín botánico es absurdo". Piensa, además, que a la empresa se le debió exigir un EIA de categoría III –que es más exigente– y no de II, que, para colmo, contiene "grandes deficiencias".
Ni el clásico alfiler
En la cima del cerro no solo está el monumento. Hay 15 estructuras más: de comunicación, militares, navales y de telefonía, pertenecientes a usuarios gubernamentales –como la Policía Nacional– y del sector privado –como Cable & Wireless–. Si el proyecto interfiere o no con los servicios que prestan estas antenas, es algo que el EIA no precisa. Lo que sí se menciona es que, aparentemente, el lugar más indicado para instalar la torre en la que desembocarán las cabinas del teleférico no es otro que a un costado de un tanque de reserva de agua de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP).
La empresa no ha empezado a construir cuando ya la mudaron. Resulta que un vocero autorizado de la ACP informó de que esta torre no se construirá allí, sino en otro lugar.
El EIA no precisa cómo llegarán a la cima otros visitantes que no utilicen el teleférico y que quieran ir a la cafetería o al aviario. Actualmente, para llegar a la cima, hay que tomar una calle de asfalto de una vía, construida hace unos 70 años, que tiene una longitud de 2.6 kilómetros y un ancho de apenas 3.5 metros. "La vía existente no tiene tolerancia al aumento de circulación que acarrearía el número de empleados, los abastecedores y otros servicios, y dificultaría la vigilancia de este punto estratégico, que incluye el patio de antenas de comunicaciones, la casa de huéspedes de la Presidencia y las nuevas instalaciones del Consejo Nacional de Seguridad, por encima del cual pasaría el propio teleférico", advirtieron los residentes de Quarry Heigths en la carta enviada a la ANAM, entidad que, por ahora, ha dicho que el EIA está en etapa de "ajuste".
Carlos Badrutt, que telefónicamente se identificó como uno de los socios de IGT, señaló a este diario que la comunidad no conoce a fondo el proyecto que –según él– es "totalmente ecoturístico" y no riñe con el hábitat ni la flora del cerro Ancón. "Están completamente mal informados", dice, refiriéndose a los vecinos de Quarry Heigths.
Badrutt señaló que todavía no hay nada definitivo, y que los planes de construir locales comerciales y cafetería en la cima son parte de un "anteproyecto".
"Está proyectado, pero no planificado. Son todos elementos que se incorporarán en función de lo que digan las normas de ANAM. La prioridad es poder subir al cerro y visitar las áreas ecológicas", agregó.
De la sociedad promotora y su proyecto
Inversiones Guararé Teleféricos, S.A. (IGT) es una sociedad inscrita el 16 de mayo de 2003. Sus dignatarios son Carlos Felipe Escobar, presidente; Carlos Walter Badrutt, tesorero y secretario; Elvis González, vocal, y Omar Gilberto Serrano, director. La sociedad tiene un contrato de concesión celebrado con la ARI en febrero de 2004 –y posteriormente refrendado por la Contraloría General de la República.Es una concesión de 20 años prorrogables, para explotar un globo de terreno en la entrada de Amador y cuatro en la cima del cerro Ancón. Estos son los puntos de partida y llegada –respectivamente– del teleférico. La empresa cuenta con un área de desarrollo de 7 mil 323 metros cuadrados en Amador, y 7 mil 741 metros cuadrados en Ancón, que fue declarada área protegida mediante acuerdo municipal en 2001.La empresa destinará 880 mil dólares a las terminales y torres del teleférico. La primera torre, en Amador, tendrá una altura de 40 metros, y la segunda, de 60. El proyecto –según IGT– es respaldado por Garaventa Internacional, "la compañía más destacada en la construcción de teleféricos a nivel mundial", según describe el Estudio de Impacto Ambiental. La empresa también habla de desarrollar el proyecto con "otros inversionistas extrajeros" que no identificó.
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