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Usurpación de funciones
Hedley Quintana
Lo sucedido al señor Roberto Miranda, quien muere de una manera brutal y canalla, confirma el planteamiento que hice en un artículo anterior acerca de la adjudicación de funciones que no nos corresponden.
Pude ver algunos vecinos entrevistados en televisión que dijeron que él entró a su casa y se tornó agresivo atentando contra la integridad física de los moradores de la misma, por lo que tuvieron que amordazarlo, suponiendo que este planteamiento sea correcto, ellos se adjudicaron funciones propias de la policía que a su vez condujeron a un crimen abominable, si sigo elucubrando: la agresividad de una persona puede ser signo de una enfermedad médica y grave (he tenido algo de experiencia y está bien descrito que tales situaciones ocurren), lo suficiente para activar un sistema de urgencias (eso se hace por lo general a través de la policía), digo esto, porque no comprendo qué habría pasado si este señor hubiese muerto amordazado en la calle y tuviese una de estas enfermedades (glucosa sanguínea alta o baja, crisis hipertensiva, sepsis o meningitis, por ejemplo), por supuesto se vería la muerte más cruel de lo actualmente aparenta ser.
Lo mismo ocurrió hace tiempo atrás cuando el señor Ricardo Mangravita sacó su arma para batirse a tiros con facinerosos y los persiguió con su automóvil después que lo asaltaron; algunos aplaudieron esa decisión, sin embargo no sé si lo hubiesen aplaudido si algún inocente, que no tenía nada que ver, hubiera muerto en esta persecución al estilo del viejo oeste.
Aún más, hay gente que se automedica, manda medicamentos y laboratorios sin ser médicos haciendo mucho daño: entorpeciendo trámites de otra manera simples, atentando contra la salud de la ciudadanía y realizando homicidios culposos (de los cuales nadie es responsable).
Como los dos arriba mencionados, haciendo lo mismo: adjudicándose funciones que no les corres-ponden y realizando daños materiales a la sociedad.
El autor es médico
Además en opinión
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