| Pensiones.
Los problemas del reparto
Francisco J. Íbero
fibero@sinfo.net
El sistema de pensiones de Panamá es técnicamente un sistema de "reparto de capitales constitutivos". El sistema debe tener una reserva de capital que, junto con los rendimientos de las inversiones, debe ser suficiente para pagar las pensiones existentes. Las cuotas de cada año deben servir, no para pagar las pensiones del año, sino como los capitales constitutivos para pagar las nuevas jubilaciones de ese año hasta que se extingan los derechos.
Hay quienes lo denominan "capitalización solidaria". Yo la denomino como "mini-capitalización colectiva". Para mí la solidaridad implica libertad y voluntariedad. Si realmente fuera solidario, no habría que obligar a la gente por ley y bajo pena de castigos.
En los sistemas de reparto puro las cuotas del año sirven para pagar las pensiones del año, y no se busca ninguna reserva de capitalización.
Estos tienen varias debilidades:
Están expuestos al efecto combinado de dos tendencias demográficas, que son el incremento de la esperanza de vida y la reducción de la tasa de natalidad. La primera incrementa los gastos, y la segunda reduce los ingresos. Aunque ambas tendencias son universales, no afectan a todos los países al mismo tiempo. En Panamá, el impacto de la primera es obvio, mientras que la segunda todavía debe manifestarse con más fuerza en el futuro.
Estas tendencias pueden verse reforzadas por factores económicos como desempleo, bajos salarios e incremento de la informalidad. Pero si no existen estos factores, la demografía producirá su efecto.
Rompen el nexo entre la contribución que se hace al sistema, y los beneficios que se reciben del mismo. Esto es grave porque genera incentivos como los siguientes:
Como en los sistema colectivo, la gente trata de sacar el máximo beneficio. Esto lleva al establecimiento de planes especiales de jubilación. Un caso extremo es el de Chile, donde antes de la reforma existían 100 planes diferentes, con diferentes edades de jubilación y diferentes beneficios. También en Panamá hemos conocido esto en menor escala.
En relación con el punto anterior, las pensiones se convierten en un campo del juego político. Es fácil para los políticos conceder beneficios, ya que los efectos sólo se sentirán 15 ó 20 años después. Un ejemplo es la delirante reforma de las pensiones que se hizo en Panamá en febrero de 1981. Con ella, alguien con 35 años de cotizaciones se jubilaba con el 95% del salario promedio de los tres últimos años. Otro elemento de esta reforma demencial fueron las jubilaciones anticipadas con factores de reducción muy inferiores a los correctos. Se estableció un 3.5% por año cuando lo correcto hubiera sido un 6%. Nótese que el problema no consiste en tener jubilaciones anticipadas, sino en no establecer los factores de reducción correctos. Teniendo éstos, el gasto de una jubilación anticipada es igual al de una normal.
Es casi imposible lograr acuerdos cuando hay que hacer cambios a los parámetros del sistema
y otros cambios, son inevitables: el aumento de la edad de jubilación, aumento de las cuotas, y reducción de la fórmula del cálculo de la jubilación. Aquí tenemos al menos cinco variables: edad de jubilación de los hombres, edad de jubilación de las mujeres, cuota patronal, cuota de empleados, y fórmula de cálculo. En cada variable podemos asignar diferentes valores, con lo que al final muy bien podremos tener no menos de 30 ó 40 alternativas de cambio. Es obvio que esto hace muy difícil cualquier tipo de acuerdo. Y eso suponiendo que estemos de acuerdo en el diagnóstico, lo que tampoco es el caso.
El autor es economista y miembro de la Fundación Libertad
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