| CHIRIQUÍ Y COCLÉ.
Incendios y tala acaban con zonas boscosas
Investigan las causas del fuego en Cerro Guacamaya. En Boquerón, tumban árboles para poder criar ganado. Eduardo Espinosa
Edilsa González
BOQUERÓN, Penonomé
Mientras en Coclé se confirmaba la desaparición de 3 mil hectáreas de bosque protegido en el Cerro Guacamaya, debido a un voraz incendio la semana pasada, surgieron denuncias en Boquerón, Chiriquí, sobre la alarmante tala de árboles para dedicar esos terrenos a la ganadería.
BOQUERÓN
El derribo de varios árboles ubicados en las riberas de los ríos Chupa, Chiquito y quebrada Pital, al igual que en la zona boscosa en las faldas del volcán Barú, colindante con Boquerón, preocupan a los habitantes del sector de Santa Rita y áreas aledañas.
Lugareños que habitualmente visitan la zona expresaron que ven con inquietud el corte de árboles en terrenos de bosque virgen para convertirlos en potreros dedicados a la ganadería y los cultivos.
Un agricultor de la zona afirmó que quienes cortan los árboles buscan despejar los caminos de la montaña para poder transitar más libremente durante la época lluviosa, ya que la arboleda les crea un ambiente altamente húmedo, donde se forman lodazales.
Por su parte Moisés López, quien reside en San Rita, sostuvo que durante años su familia ha habitado aquí tranquilamente junto al bosque y sólo en fechas recientes se empezó a desarrollar esta tala indiscriminada "que a la larga traerá la disminución de las aguas de estos ríos y que ya se nota en varias quebradas".
CERRO GUACAMAYA
Tres mil hectáreas de bosques y pastizales se quemaron en la reserva forestal del Cerro Guacamaya como resultado del incendio registrado a inicios de la semana pasada en el cerro que sirve como reserva hídrica para varias comunidades de los distritos de Penonomé y La Pintada.
Ariel Reyes, socio de la agrupación ambientalista Guacamaya de Cañaveral, fue quien precisó la cifra del total de hectáreas afectadas e informó también que en el siniestro se quemó gran parte del proyecto de reforestación financiado por la fundación NATURA, que ya tenía dos años de existencia.
Además, durante el incendio pereció o fue afectado un número indeterminado de ejemplares de especies de reptiles, insectos y pequeños animales como conejos y armadillos nativos de esta región.
Afortunadamente el fuego no llegó a las áreas donde nace una gran cantidad de riachuelos que sirven como reserva hídrica de las comunidades aledañas. La ANAM continúa investigando las causas del siniestro para aclarar si éste fue o no intencional.
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