| Periodistas.
Perpsectiva
Entre celda, zulo o fosa
Fernando Castelló
Cuarenta guerras más o menos larvadas, cuarenta tiranías más o menos censadas y decenas de pseudo democracias asolan hoy el mundo de la prensa. Durante el año 2004, han muerto 70 periodistas. Además, 103 siguen encarcelados en pésimas condiciones, junto a 79 ciberdisidentes y una treintena han sido secuestrados o "desaparecidos" en los últimos dos años.
Estos datos son sólo la punta del iceberg de una represión constante sufrida en dos tercios del planeta, que se basa en la censura (622 medios censurados en 2004), las amenazas y agresiones (1,146), detenciones (907), procesamientos arbitrarios o multas por "difamación".
Esa represión ascendente, oficial u oficiosa, corre a cargo de fuerzas del orden o militares, jueces dóciles, policías paralelas, sicarios, matones a sueldo, mafias del secuestro o bandas armadas, todos generalmente impunes. Los periodistas son asesinados, encarcelados, secuestrados, acosados no sólo allí donde imperan esas guerras y tiranías que desprecian e impiden toda libertad de prensa, sino en otros países donde esa libertad, aunque reconocida, retrocede cada día.
Morir, ir a la cárcel, ser secuestrado o "desaparecer" misteriosamente es la otra cara de la moneda de una profesión socialmente respetada en los países democráticos.
El periodismo se ha convertido en la profesión más peligrosa, pero hay que seguir informando, incluso a riesgo propio, para que en el siglo de la comunicación la sociedad global no quede cegada, enmudecida, ensordecida, desinformada ante la la barbarie: guerras inciviles y falsas paces despóticas, que conducen a los periodistas a la fosa, la celda o el zulo, por haber intentado arrojar la luz sobre la oscuridad cómplice.
¿Soluciones? Para los muertos o secuestrados en zonas de conflicto armado: cartas de seguridad ampliada, convenciones de Ginebra actualizadas, movilizaciones de protesta generalizadas. Pero eso no basta. Ni bastan los chalecos antibalas, cascos protectores, preparación ad hoc, experiencia en conflictos bélicos, seguros de vida ni libertad de asunción de riesgos por los reporteros de guerra, medidas paliativas que no podrán evitar, sino acaso disminuir algo, las bajas. El respeto de las convenciones de Ginebra, al que hoy se falta en general, no se verá incrementado precisamente en virtud de una más estricta definición y ampliación de responsabilidades.
Habría, in extremis, que poner freno a esas tiranías donde hoy operan impunemente los depredadores de las libertades de sus ciudadanos y periodistas. Y también a las confrontaciones armadas y a veces genocidas impulsadas por motivaciones ultranacionalistas, étnicas, raciales, tribales, religiosas, ideológicas, cuando no de control geoestratégico de recursos naturales.
Una ONU reavivada y democratizada, libre del poder de veto y voto de los regímenes autoritarios y sus satélites, y de las componendas paralizantes de los poderosos, como quiere Kofi Annan para su Comisión de Derechos Humanos (CDH), tendría campos de intervención, incluso armada, al respecto, apelando al derecho de injerencia democrática y humanitaria. Pero hoy por hoy, la CDH, que debería proteger el derecho a la libre expresión e información, no sólo no funciona, sino que funciona a menudo al dictado de países que ni siquiera han firmado los tratados, pactos y convenciones que protegen los derechos humanos, como es el caso de 25 de sus 53 Estados miembros. Cuatro de los países que forman parte de la CDH "acogen" en sus cárceles a dos tercios de los 103 periodistas encarcelados en el mundo: China (27), Cuba (21), Eritrea (13) y Nepal (8).
Habrá que esperar a la reforma, si es que llega, de la CDH para confiar en su acción protectora. Pero, entre tanto, en esos conflictos armados y en esas tiranías depredadoras que Reporteros sin Fronteras denuncia permanentemente es donde más periodistas mueren, son encarcelados, secuestrados o "desaparecidos". Y ello sin que las organizaciones ni gobiernos se conmuevan demasiado ante la suerte de quienes no pretenden ser más que los vigías avanzados de la opinión pública, en un mundo donde sin información alerta no puede haber libertad real ni otra paz que la de las celdas, los zulos y las fosas. Desde esos tres tipos de reductos siniestros, los ojos, antes vigilantes, hoy desesperanzados, aterrados o vacíos, de los 203 periodistas, 20 auxiliares y 79 ciberdisidentes encarcelados, secuestrados o matados en los últimos 16 meses, nos contemplan.
El autor es presidente de Reporteros sin Fronteras
Además en mundo
• Perpsectiva: ALCA y ALBA frente a frente • Perpsectiva: Entre celda, zulo o fosa • Perpsectiva: Los excluidos son invisibles • Corrupción impera en A. Latina • Europa conmemora el fin de la Segunda Guerra Mundial • Presidentes abogan por el CAFTA • Virus ‘Sober’ causa estragos • EU podría conversar con Corea del Norte • La Cruz Roja ayuda a víctimas del ‘tsunami’ • Buscan promover el turismo • Continuarán las lluvias en el este • Cierran capítulo de compra de armas • Detienen a presuntos paramilitares • Decomisan dos cargamentos de armas destinadas a las FARC • Gustavo Noboa, bajo arresto domiciliario • De la Rúa demanda su pensión • Investigan tiroteo en Los Ángeles • Aplazan pedido de desafuero • Canadá y EU, cada vez más apartados • López Obrador dejará alcaldía: va en busca de la presidencia • Presunto terrorista acusa a policías de haberlo visitado • Gobierno de izquierda sorprende con triunfo en elecciones municipales • Se calienta campaña por la Constitución • Ecuatorianos, mayores inmigrantes • Tony Blair enfrenta desafío de críticas • Estados Unidos mata a 100 insurgentes en ofensiva • Cumbre árabe-sudamericana en Brasil • Vagones de metro sólo para mujeres • Perro salvó la vida a recién nacida • Piden mejorar situación de la mujer • Reformas irán a referéndum en Egipto • Suspenden en Sudán circulación de diario • Sharon posterga retirada de Gaza
|