| turismo.
Ideas para mejorar
Guillermo A. Cochez
gcochez@cableonda.net
Hace unos días, en una librería de Montreal, Canadá, me encontré unos libros sobre turismo en diferentes países. Costa Rica mostraba 11 de ellos; otros países centroamericanos, incluyendo Nicaragua, se hacían presentes en los estantes para atraer turistas. De Panamá, no había ni uno solo. Si observaba los noticieros o buscaba los periódicos, me daba cuenta que el nombre de Panamá ni siquiera aparece entre las ciudades del mundo cuyas temperaturas se anuncian. Pareciera que nadie nos toma en cuenta o, quizá, poco hacemos para que nos tomen en cuenta.
Sin embargo, eso que vemos afuera de Panamá y nos preocupa, contrasta con la realidad. Por donde vamos vemos turistas extranjeros: europeos, gringos, canadienses, orientales. Panamá se ha convertido en un lugar predilecto para mochileros, jubilados, gente acomodada y de medianos recursos, que llega a Panamá y se enamora de nuestro bello país, de su simpática gente, de sus espectaculares lugares, de su cosmopolita comida, hasta el punto que deciden que en su próximo viaje a nuestras tierras vienen a quedarse aquí, porque se han convencido de que Panamá es el mejor sitio para vivir el resto de sus vidas.
Estos contrastes, que parecieran irreconciliables entre sí, pero que vemos que no lo son, debemos apuntalarlos porque el turismo es fuente de riqueza y de desarrollo sostenible, sobre todo para nuestro interior. Por ello, la designación de Rubén Blades al frente del tremendo polo de desarrollo que podría ser el turismo, equivale a decir que se ha puesto el cascabel al gato, ya que por ser él un hombre de mundo podría fortalecer nuestro centenario reclamo de que somos "Puente del Mundo y Corazón del Universo".
Si le damos el mantenimiento del Fuerte San Lorenzo al cuidado de la Asociación de Usuarios de la Zona Libre de Colón, de seguro que lo hará con mucho gusto y tendríamos un sitio turístico excelente en la provincia de Colón. Si le pedimos a Canadá, Estados Unidos y Europa que capaciten a panameños en idiomas como el inglés, el francés y el italiano, a través del intercambio de sus nacionales, de seguro que la gente en Boquete, El Valle, Cerro Punta y los hoteles en la provincia de Coclé, atenderían mejor a la gente y su capacidad profesional aumentaría, ya que se dominarían otras lenguas, asunto vital para quienes quieren hacerse entender en otros países.
Debemos aprender de las experiencias positivas que hemos adquirido. La familia Motta, por ejemplo, a través de su patrocinio, ha convertido a la Escuela República de México en una escuela primaria modelo. ¿Por qué no pedirle a otras empresas que, además de patrocinar escuelas, lo hagan con obras específicas que tanto ayudan a la gente, como sería la remodelación del Mercado Artesanal de El Valle, a punto de caerse en pedazos? Podrían tener como compensación el derecho a anunciarse allí exclusivamente. Estoy seguro que bancos locales como Banistmo, Continental y General, y empresas importantes como Melo, Rey, el 99, Ricardo Pérez y El Machetazo, gustosamente entrarían en esta guerra de patrocinios que crearíamos y que favorecería a tanta gente.
En la medida que hagamos conocer a Panamá, más gente nos visitaría; más extranjeros jubilados vendrían a quedarse aquí, más nos haríamos presentes en el mundo. ¿Qué tal si la Autoridad del Canal se hace presente en este esfuerzo y promueve la publicación de un libro sobre el Canal que sea material de obligatoria lectura en las librerías del mundo? ¿Qué tal si la Alcaldía de Panamá se encarga de revisar la Guía de la Ciudad de Panamá, que logré publicar cuando fui Alcalde con la ayuda de la Unión de Ciudades Capitales de Iberoamérica, que patrocinó el gobierno de España? ¿Qué tal si alguna empresa patrocina la traducción de la revista El Explorador del publicista Valerio Araúz y que contiene ilustrados reportajes sobre los sitios turísticos de interés en Panamá?
De lograr esos objetivos todos saldríamos ganando. De seguro que al esfuerzo para lograr tales objetivos se sumarán muchas empresas y personas: aerolíneas, agencias de turismo locales y extranjeras, operadores y gente de los diferentes sitios que hoy nos sirven como atractivos turísticos. Es hora de ponernos a trabajar, manos a la obra. Es mucho lo que el país podría ganar.
El autor es abogado
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