| probidad.
‘Honrar Honra’
Angélica Maityn Justiniani
El pasado 7 de abril participé del programa en homenaje a las "Mujeres que cambian a Panamá", organizado por la embajadora de Estados Unidos, Linda Watt y en la que se reconoció la labor de la fiscal Maruquel Castroverde por la provincia de Panamá, Celsa Grajales de la Cooperativa ECODIC en el Darién, Jazmina H. de Jiménez, presidenta de la Asociación Educación en Valores con sede en San Miguelito, Jeannette Mc Donald, presidenta de la Asociación Mujer y Familia (AMYFA) en Colón, Carmen C. de Rodríguez, administradora del Hogar de Niñas de Penonomé y Susy G. R de Varela, presidenta nacional de Nutre Hogar por más de diez años.
Aunque no conozco a la mayoría de las homenajeadas, sin duda alguna, el jurado debió reconocer en ellas su esfuerzo diario por intentar "hacer la diferencia" a través de sus acciones y su compromiso con la búsqueda del bienestar del sector en el que se desenvuelven.
Nuestra fundación también ofrece una gama de distinciones, como el "Premio Poder Ciudadano" que lleva por nombre Ing. Jean Julien Canavaggio, como un homenaje póstumo a un ciudadano ejemplar que colaboro con nuestra fundación de manera voluntaria durante la campaña que llevamos adelante con el fin de mejorar la propuesta original de construcción del Corredor Sur, y es ejemplo de lo que debe ser una activa participación ciudadana.
También creamos el "Premio Nacional de Integridad", que se entrega cada dos años y varía de categoría en cada edición. Este año fue aprobado a nivel de junta directiva de la fundación, abrir a convocatoria dos reconocimientos adicionales, uno al "Joven Destacado", pensando en la poca visibilidad que tiene este importante sector de nuestra sociedad, y en conmemoración al centenario del nacimiento de don Roberto F. Chiari, presidente de Panamá en 1964, instituimos el premio al "Político Íntegro", y aunque ya hay quienes auguran que tendremos que declararlo desierto, no perdemos las esperanzas de recibir postulaciones de políticos "probos" cuya labor sea digna de reconocer.
La verdad es que la idea de este premio surgió porque nuestra fundación siempre ha sido muy crítica de la clase política, por sus acciones que a diario son motivo de frustración y vergüenza, pero es muy probable que en algún rincón de este país haya alguno que esté trabajando en la vía correcta y sentimos que esos casos merecen ser enaltecidos, ya que "honrar honra".
Los hechos antes descritos guardan relación con un estudio efectuado a finales de la década de los 60, por empresas aseguradoras situadas en Londres, con el fin de medir el nivel de honestidad de sus clientes.
Utilizando los colores del semáforo (rojo para los deshonestos, verde para los honestos y amarillo para quiénes se comportan dependiendo de su entorno) el sorprendente resultado fue que 25% de las personas eran honestas, otro 25% eran deshonestas y gran 50% se comportaba dependiendo del entorno.
Esto significa que para lograr el cambio cultural que destrone a la imperante "cultura del juega vivo" se requiere colocar a ese 25% de la población honesta (y la manera para detectarlos sería por su trayectoria) a la cabeza de las instituciones, para que logren influenciar al 50% de la población que requiere tener buenos ejemplos para imitar, y con el 25% de personas deshonestas simplemente hay que colocarlos en posiciones sin poder y si han cometido delitos, condenarlos.
Suena utópico, pero este criterio lo usamos a diario para escoger el personal en nuestras oficinas privadas y las personas que laboran en nuestras casas, entonces, ¿por qué es tan complicado ser exigente a la hora de seleccionar a los que administrarán la cosa pública o la administración de justicia? ¿por qué en ese ámbito somos tan conformistas y flexibles y no solicitamos los mismos criterios que se nos exige a nosotros para conservar nuestros empleos, que son demostrar probidad y eficiencia?
Hagamos un esfuerzo por procurar encontrar en los demás aspectos positivos y no dudemos en hacer público ese reconocimiento, tal como lo vienen haciendo algunas organizaciones y en esta oportunidad, la embajadora Watt, quien durante su gestión se ha destacado por su profunda sensibilidad social, humildad, franqueza y su compromiso por colaborar con nuestro país en distintas áreas, y desde mi perspectiva, el tema anticorrupción ha sido su fuerte.
Esforcémonos por buscar un balance en nuestra sociedad, resaltando los buenos ejemplos y señalando con valor las acciones negativas cuando sea necesario, pero no perdemos la esperanza de que las cosas puedan cambiar, y esto ocurrirá cuando cada uno de nosotros dé el ejemplo involucrándose en la búsqueda de las soluciones a los problemas nacionales, siendo ciudadanos competentes, ejerciendo nuestro poder ciudadano, convirtiéndonos en protagonistas del desarrollo y no asumiendo la postura de un simple espectador crítico.
La autora es presidenta ejecutiva del Capítulo panameño de Transparencia Internacional
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