| seguro social.
¡A cuenta de las nuevas generaciones!
Roberto Brenes P.
Partiendo del principio que el intercambio de ideas es la única forma de lograr entendimiento y avance, debo a través de este artículo comentar el artículo que bajo el nombre "¿ A cuenta de quién?" publicara recientemente el profesor Juan Jované respecto a la supuestas carencias de solidaridad, solvencia fiscal, riesgos y costos de un sistema de cuentas individuales.
Las cuentas individuales, como sentenciara Churchill sobre la Democracia, es un sistema malo, pero bastante menos malo que otros sistemas;. en particular los sistemas de beneficio definido y de reparto, que han venido colapsando en el mundo, no por un complot capitalista, sino por razones estrictamente biológicas.
Aquí, este mal llamado sistema solidario de reparto es la mayor causa de nuestro déficit de 18 mil millones. Además, como se demuestra ampliamente en un reciente análisis, aquí los beneficios a todo lo largo de la curva de sexos, edades y salarios actuales son una fiesta de subsidios que pueden llegar hasta 90% de la pensión. Solo con excepción de aquellos que estuvieron en el sistema más de 35 años, los demás hemos recibido pensiones muy arriba de lo que hubiese sido una pensión razonable. Es difícil llamar a eso solidario.
Por razones de coyuntura fiscal, entendemos y aceptamos que aquí no es viable a corto plazo migrar a un sistema total de cuentas. Sin embargo una reforma estrictamente paramétrica es insostenible a corto y largo plazo. A corto plazo, para brindarle al sistema un equilibrio duradero las cuotas tendrán que ser tan altas que van en contra de la competitividad de la mano de obra. A largo plazo, el parche nunca deja de crecer y tarde o temprano habrá que reparametrizar una y otra vez, nuevamente subiendo los costos.
A las cuentas individuales se les quiere demonizar porque reconocen en cabeza de cada uno riesgos que, en todo caso, son inherentes al régimen de inversiones del sistema. Con el argumento de que el sistema solidario distribuye ese riesgo entre todos, se cita a Henry J. Aron , y se tacha de antisolidaria la postura que reconoce ese riesgo en la cabeza de cada participante.
Lo que realidad pasa es que en un sistema de reparto las consecuencias de esos riesgos, la malinversión, la iliquidez y las pérdidas los asumen indistinta e irremisiblemente las próximas generaciones y no quienes lo causan ni las viven. Los estragos de esos riesgos se camuflan y maquillan por generaciones y no se conocen hasta que estalla el sistema y desembocamos en reformas brutales. Entonces, ¿no es acaso mejor un sistema transparente donde los riesgos se conozcan y se mitiguen oportunamente, aunque sea en cabeza de cada cual, que pasarlos clandestinamente a los que vienen y que sean ellos, que de golpe y sopetón paguen por una fiesta donde nunca estuvieron?
Acusar a las cuentas individuales de siempre invertir en activos de más riesgo es mezclarnos con los intentos del señor Bush de crear una cuenta individual de riesgo para los cotizantes norteamericanos y que motiva los artículos de los economistas Stiglitz, Krugman y Barr.
Una rápida mirada a los sistemas vigentes en el mundo mostrará que en la mayoría de los casos las carteras no son muy diferentes entre la porción solidaria de la cuenta y la porción individual. En todo caso, la posición de los proponentes locales es que se introduzca una cuenta individual complementaria invertida en los mismos activos de la cuenta de reparto, manejada por el propio Seguro Social y que bien podría adquirir el carácter nocional de la cuenta individual que hoy existe en Suecia.
Es lamentable que el tema de la presión fiscal se ejemplifique siempre con el caso extremo; el modelo chileno. Cuando los chilenos crearon sus cuentas individuales optaron por reconocer de inmediato en las nuevas cuentas y con ello crearon un déficit fiscal instantáneo.
De allá para acá mucha agua ha pasado debajo del puente y hoy día existen diversas formas de lidiar con el pasivo de la cuenta individual sin crear un desembolso previo; es más, es posible diferir esos pagos a través de los años de pensión y de los mismos fondos del Seguro sin siquiera involucrar la caja general del Estado
Finalmente el "do de pecho" en la crítica a la cuenta individual es su costo. Fundamentada en observaciones de Stephen Kay y Henry J. Aron, la crítica es válida y ello ha motivado muchas soluciones. Basta mirar el espectro de medidas que lista el reciente estudio del Banco Mundial Keeping the Promise of Social Security entre sus páginas 143 a 150. Aquí en Panamá, con poca experiencia, hemos resuelto ese problema satisfactoriamente; el SIACAP, el sistema de cuentas individuales de los servidores del Estado tiene un costo total de manejo de nueve décimas del 1%; bastante mejor que el propio Seguro Social.
Para finalizar, invito a esta reflexión; a menos que un virus incurable reduzca las expectativas de vida y la humanidad vuelva a encontrar felicidad y prosperidad en familias grandes, los sistemas previsionales del futuro, querámoslo o no, serán de beneficios acordes con las contribuciones de cada uno y de donde se puede perfectamente extender solidaridad a los que no alcanzan la pensión mínima. Pero a diferencia del viejo sistema, la solidaridad se tendrá que producir en cada generación de cotizantes; un modelo financieramente viable y moralmente aceptable para con las generaciones que vienen, a quienes hoy, en nombre de la solidaridad, derrochamos su futuro.
El autor es presidente de la Fundación Libertad
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