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Juan Pablo II Magno
Teófilo Rodríguez Díaz
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El adjetivo magno proviene del latín magnus y significa grande, importante. En la historia de la Iglesia sólo algunos pocos papas han recibido ese calificativo en atención a su monumental obra apostólica y santidad. Entre ellos podemos mencionar a Gregorio I Magno, nacido en Roma en el año 540. Se destacó por su capacidad organizativa y diplomática, como instrumento de mediación entre oriente y occidente. Fue el primero en adoptar el nombre servus servorum Dei (siervo de los siervos de Dios) con el que, desde entonces, se designa a los pontífices romanos; promovió la formación del clero, la actividad misionera y el desarrollo de la liturgia, entre otros aspectos. Murió el 12 de mayo del 604 y fue canonizado por aclamación popular. Sus contribuciones a la liturgia aún perduran en la Iglesia.
Otro renombrado pontífice fue San León Magno, quien regía a la Iglesia desde el 440, y quien muere el 10 de noviembre del año 461. Tuvo que combatir a los enemigos externos e internos de la Iglesia. Su fama de sabio era tan grande que, cuando en el Concilio de Calcedonia sus enviados leyeron la carta que remitía el santo, los seiscientos obispos asistentes se pusieron de pie y exclamaron: "San Pedro ha hablado por boca de León".
Con esta misma espontaneidad, se ha empezado a proclamar, después de su reciente muerte, a Juan Pablo II como Juan Pablo II "El Grande". Veamos algunas de las razones para esta muy válida aclamación popular.
Con veintiséis años en la sede apostólica, el suyo quedará registrado en la historia de la Iglesia como el tercer pontificado más largo, sólo superado por San Pedro, quien gobernó la Iglesia entre 34 y 37 años, y por Pío IX, que ocupó la cátedra 31 años, 7 meses y 21 días.
Juan Pablo II realizó 104 visitas pastorales fuera de Italia, la última al Santuario de Lourdes, en agosto del 2004. Efectuó 146 visitas pastorales dentro de Italia, siendo la postrera al Santuario de Loreto, el 5 de septiembre del 2004.
El apodado "papa peregrino" recorrió más de un millón trescientos mil kilómetros, lo que representa casi 29 veces la vuelta a la tierra, y casi tres veces la distancia entre la tierra y la luna. Es el Papa más viajero en los anales de la Iglesia, con 133 países, la mayor parte de los cuales recibieron por primera vez en su historia a un Papa, constituyendo sus visitas fuente de gozo y esperanza para muchísimos fieles.
Prolífico también en las letras, escribió 14 encíclicas, 13 exhortaciones apostólicas, 11 constituciones apostólicas, 42 cartas apostólicas y 28 motu propio, dejando así ampliamente documentada la sana doctrina de la Iglesia católica.
Fiel creyente de la comunión de los santos, y del poderoso ejemplo que representan para la cristiandad, proclamó 1,320 beatos en 143 ceremonias de beatificación y canonizó a 472 santos.
Celebró 9 consistorios y nombró 232 cardenales durante su pontificado. Presidió más de 1,000 audiencias generales, y congregó en estos 26 años, sólo en Roma, a más de 17 millones de fieles de todo el mundo. Trató con más de 1,500 jefes de estado y primeros ministros mientras presidió la Cátedra de Pedro. Sus discursos sobrepasan los 20 mil.
Siempre marcado por el sufrimiento, tuvo que ser internado 7 veces y se sometió a igual número de intervenciones quirúrgicas, incluyendo la ocasión del atentado contra su vida, perpetrado por Ali Agca; por esta razón a la Clínica Gemelli de Roma, donde fue atendido tantas veces, se le llegó a definir como "el tercer Vaticano".
A toda esta obra monumental hay que añadir su profunda vocación ecuménica y apertura al diálogo interreligioso con los no cristianos (recordamos con emoción la oración por la paz en Asís), así como el profundo efecto que ha tenido fuera del ámbito religioso, en el ámbito político y social mundial, aun desde sus días de arzobispo de Cracovia.
Sin duda alguna, ha sido la figura religiosa más popular del siglo XX y uno de los hombres más influyentes de su tiempo. Pero será por la grandeza de sus obras, acciones y palabras, y por su enorme e innegable estatura de ser humano y hombre de Dios, que las generaciones le recordarán con cariño y asombro como Juan Pablo II Magno.
El autor es sacerdote
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