Una columna humana, unida por el dolor avanza lenta hacia el interior de la Basílica de San Pedro, para rendirle su último homenaje al papa Juan Pablo II, un hombre que marcó con su muerte el fin de una era sacudida por la violencia, intolerancia e irreverencia hacia la fe. Las dimensiones históricas de esta "avalancha humana de paz" no tienen precedente en la Plaza de San Pedro