Panamá, domingo 3 de abril de 2005
 
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legado.

Juan Pablo II y el nuevo Papa

Néstor Jaén S.J.

Juan Pablo II, "el Papa viajero", acaba de realizar su último viaje. En él, después de su calvario, se fue al encuentro cara a cara con su Señor. Con ese Dios a quien tanto amó y sirvió y que es todo amor y bondad. Sin lugar a dudas es el mejor y más fascinante de todos los viajes.

El pontífice que se acaba de despedir de nosotros, ha dejado en el mundo católico, y más allá, una huella muy notable en su largo pontificado. En estas líneas no vamos a hacer un curriculum vitae del Papa difunto. Estos abundarán estos días en todos los medios de comunicación. Sólo destacaremos y muy brevemente, tres rasgos que, entre otros, nos han impactado más de su personalidad.

En primer lugar nos ha llamado la atención a muchas personas que un anciano que además, en muchos aspectos, ha sido un líder religioso conservador y exigente, se convirtiera en una figura sumamente atractiva para la juventud. Ha habido sin duda, una "química positiva" en una doble vía: del Papa hacia la gente joven y de ésta hacia él. Las grandes concentraciones juveniles siempre revitalizaban la precaria salud del Papa y a su vez Juan Pablo II transmitía a los y las jóvenes un impulso fuerte y entusiasta para vivir mejor el evangelio de Jesucristo. Incluso en los certámenes mundiales de belleza, en bastantes aspectos muy censurables, las concursantes en una notable proporción, consideraban como su personaje favorito no a algún artista de cine famoso o a algún deportista sino a Juan Pablo II y no sólo por ser el papa pues esto no ocurrió de la misma manera con sus antecesores, sino por su carisma personal. ¿Qué veían todas estas personas jóvenes en el pontífice? Yo pienso que captaban en él una coherencia y una firmeza llena de reciedumbre en sus ideas, tal vez no compartidas por todos, unidas a una cordialidad muy cercana. Ambas cosas gustan mucho a la juventud. Yo, personalmente sentí el calor humano de Juan Pablo II durante su visita a Panamá cuando en el estadio Rommel Fernández impuso sus manos sobre mi cabeza y me dijo con una voz cálida y cariñosa: "Que Dios te bendiga ". Una segunda característica de este Papa muy de mi agrado fue su sensibilidad social frente a la gente pobre, sufrida y humillada, no sólo en el contexto de desastres naturales, enfermedades o accidentes sino en el mundo socio-económico y político tanto en el comunismo totalitario y ateo como en el "capitalismo salvaje" (expresión suya) que se manifiesta hoy en el neoliberalismo. El Papa también se opuso firmemente a las guerras de Afganistán e Irak.

Finalmente, un tercer aspecto para mí muy importante fue el interés de Juan Pablo II por el ecumenismo y el diálogo interreligioso. Junto a su catolicismo profundamente mariano y su fervor por la intercesión de los santos (canonizó a muchos y muchas), manifestó en repetidas ocasiones que el ecumenismo era una prioridad pastoral de su pontificado. Claro que ha habido dificultades, pero el camino está abierto.

Para terminar, ¿qué decir, aunque muy brevemente, sobre el próximo pontífice? Juan XXIII, "el Papa bueno" llamado en su tiempo "el hombre más querido del mundo", decía que un caballo para poder correr bien necesitaba a la vez de espuelas y de frenos. Sólo espuelas podían hacer que el caballo se desbocara, pero sólo frenos harían que el animal no se moviera. Era necesario un correcto balance entre ambas fuerzas. ¿Cuáles usará más el sucesor de Juan Pablo II ? Estamos seguros de que si se deja guiar por el Espíritu Santo y no por temores o conveniencias de poder, su acción será adecuada, con un acento u otro según lo exijan los signos de los tiempos en este siglo XXI. Que descanse en paz Juan Pablo II y que su sucesor sea el más conveniente para la Iglesia y para el mundo. Amén.

El autor es sacerdote


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