Panamá, domingo 27 de febrero de 2005
 
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TROTAMUNDOS
RASCACIELOS DE HONG KONG: LA ARROGANCIA DEL VERTIGO
 
Ver el mundo desde el cielo no es imposible en una ciudad como Hong Kong. Una metrópoli amante de las extravagancias, obsesionada con crecer cada vez más alto y que se siente orgullosa de albergar, junto a Nueva York y a Chicago, la mayor concentración de rascacielos del planeta. 
 
mosaico@prensa.com 
RAMON PEDROSA 
 

Modernismo. El futurista Centro de Convenciones y Exposiciones de Hong Kong, levantado para el traspaso de la soberanía de Hong Kong a China, conecta con los rascacielos de los alrededores mediante pasarelas.

Arrogancia.Los 369 metros de la torre del Banco de China, el Cheung Kong Centre y la torre del Banco de Hong Kong y Shangai, protegen la sede del Parlamento local (abajo).

Altura.Las aristas endiabladas de la torre del Banco de China dominan el centro financiero de Hong Kong.

Imaginación. Las dos torres del Lippo Centre representan a varios koalas escalando dos troncos de bambú.

Probablemente, la vieja colonia no sería igual de sugerente sin la grandeza de esas construcciones, moles esbeltas con muros de cristal que en ocasiones superan los 300 y 400 metros de altura, y que hacen que su paisaje tenga una imagen de postal. Cada noche la ciudad vibra bajo la iluminación de las torres del Banco de China y del Banco de Hong Kong y Shangai, y recuerda a los turistas y a los que la miran con catalejo desde la frontera de China que aquí todo el mundo sigue trabajando.

Los rascacielos son el emblema de la última joya del Imperio Británico, cuyo nombre significa en español “bahía perfumada”, y que se ha convertido en una excelente metáfora del porqué una isla que de antiguo vivía de plantar incienso es hoy, 160 años después de la llegada del hombre blanco, una de las ciudades más ricas del mundo.

En las tardes de invierno, entre el frío y la humedad, un paseo por el centro de Hong Kong fuerza a los viajeros a sentirse enanos entre sirenas gigantes y poderosas que dominan, atrapan y ensimisman a quien las miran.

A 400 METROS DEL SUELO

Hong Kong ha vivido una importante explosión demográfica en los últimos cincuenta años. Los japoneses se cebaron con la población local durante la Segunda Guerra Mundial y establecieron un macabro plan para aniquilar a todos sus habitantes. Aún así, en 1950 ya había en Hong Kong unos 2 millones de personas y hoy, 50 años más tarde, roza ya los ocho. Pero la ciudad es poco extensa y, durante todo este tiempo, el terreno edificable fue reduciéndose considerablemente, por lo que no quedó más remedio que construir hacia arriba. Lo que sirvió, además, para demostrar al mundo hasta dónde llegaba el potencial económico de Asia.

Actualmente, ese poder llega hasta los 415 metros del Two International Finance Centre, un elegante edificio a la orilla del Puerto de Victoria que ostenta el honor de ser el más alto de Hong Kong, así como el sexto más alto del mundo. Al menos hasta que acabe de construirse el Kowloon Station Phase 7, un edificio de 574 metros de altura que estará terminado en el año 2007.

El Two IFC –así se le conoce popularmente– ofrece una de las vistas más dramáticas de la ciudad, y a los pies de sus 88 pisos se encuentra un lujoso centro comercial. La firma ‘honkonguense’ Rocco Design se encargó de que cada poro del edificio respirara lujo y encanto, dos de los principales elementos del día a día de Hong Kong.

A pocos minutos, y 15 dólares locales de allí (poco menos de dos dólares de EU), en uno de sus miles de taxis rojos se encuentra otro edificio “posmoderno”, pues así llaman los expertos a la arquitectura de nuestro tiempo: el Central Plaza.

Una de las curiosidades del Central Plaza (de 370 metros), y diseñado por los arquitectos Dennis Lau y Ng Chu Man, es que en su último piso, el 78, se encuentra la iglesia más alta del mundo, casi tocando el cielo. Muy propio.

Desde que fue inaugurado en 1992, la imagen de la torre, en combinación con el futurista Centro de Convenciones y Exhibiciones de Hong Kong, diseñado especialmente para la ceremonia de retrocesión de 1997, compite con la torre del Banco de China como el rascacielos más hermoso de esta urbe. Aunque eso va en gustos, por supuesto.

Por ahora, muchos consideran la torre del Banco de China una de las construcciones arquitectónicas más fascinantes de los últimos siglos: 369 metros de aristas endiabladas diseñadas por el arquitecto Ieoh Ming Pei, de acuerdo con cientos de supersticiones orientales. Concluido el 8 de agosto de 1988 (el día más afortunado del siglo XX, según la numerología china), los expertos en el ancestral arte del “feng shui” cuentan que fue levantado para lanzar malas energías sobre el palacio del gobernador británico en los últimos años de mandato colonial. Sea como fuere, lo cierto es que la torre, que imita a una rama de bambú, también parece un mecano, y desde su piso 42 un mirador ofrece una vista preciosa, de este paraíso para los urbanitas.

UN ELEMENTO MÁS DE LA VIDA COTIDIANA.

Qué hacer

Entre un par de centenares de rascacielos y a toda velocidad transcurre la vida en este puerto. La mayoría están unidos a través de pasarelas, excusa perfecta para atravesar boutiques de lujo. Qué más da echar una miradita. Todavía no hay que pagar por ello.

Qué ver

En las calles del distrito financiero de Central, protegiendo el edificio del Parlamento regional, domina el edificio del Banco de Hong Kong y Shanghai, un impresionante conglomerado de 30 mil toneladas de acero de 179 metros de altura, que parece una nevera. Poco más allá, en el ático del Cheung Kong Centre, una construcción acristalada de 283 metros, vive Li Ka-shing, el hombre más rico de Asia.

Dónde hospedarse

Aquellos que disfrutan de la riqueza absoluta tienen la posibilidad de bañarse en la terraza del Hopewell Centre, que con sus 216 metros de altura fue el edificio más alto de Asia durante los años 80. El resto de los mortales tiene que conformarse con el hotel Península, en la zona de Kowloon, que continúa apareciendo en las guías de viajes como el mejor hotel del mundo.

Qué más ver

En lo alto del Península, que fue inaugurado en 1927 y que, después de varias extensiones mide ahora 117 metros, se encuentra el bar Félix. El Félix, diseñado por el vanguardista Philippe Starck, ofrece uno de los espectáculos más asombrosos de Hong Kong, y sus lavabos se han convertido en una atracción turística por méritos propios.

Cuando uno se coloca debajo de las dos torres del Lippo Centre es obligatorio forzar la imaginación, porque la verdad es que parecen dos koalas escalando un árbol de eucalipto. Mientras los 252 metros del estrechísimo edificio Highcliffe tienen que controlarse por ordenador para evitar los efectos de los tifones, tan habituales en este mar del Sur de la China. Y entre otras locuras, alquilar un apartamento en la torre Summit, que como el Highcliffe se encuentra en el distrito de Happy Valley, puede llegar a costar 22 mil dólares estadounidenses al mes.
(columna derecha)

OBSESIÓN ASIÁTICA

A principios de los noventa, los “tigres asiáticos”, obsesionados por competir contra Occidente y por hacer ver al mundo el estado de desarrollo de sus economías, se lanzaron también en la carrera por demostrar quién era capaz de construir más alto.

El primero de los grandes rascacielos del Sudeste asiático fue el Kompleks Tun Abdul Razak, de 232 metros, construido en 1985 en la ciudad malasia de Penang, al que poco después siguió el Treasury Building (éste, de 235 metros), en Singapur.

Como ellas, muchas otras ciudades siguieron su ejemplo. Kuala Lumpur construyó las famosas Torres Petrona, de 452 metros de altura; Yakarta, su BNI City Tower, de 250 metros; Bangkok dejó espacio para los 320 metros de la Baiyoke Tower II, y Seúl dejó espacio para los 228 metros de alto de su World Trade Center. Hasta Pyongyang, la paupérrima capital de Corea del Norte cuenta con un edificio de 300 metros: el hotel Ryugyong.

Actualmente, el edificio más cercano al cielo es la torre Taipei 101, obra de C.Y. Lee, y que se eleva 509 metros de altura. Desde lo alto de la capital de Taiwan domina fijamente el estrecho a la isla de China.

Fue precisamente China quien decidió no quedarse atrás tampoco en esta carísima competición. En Shenzen, al otro lado de la frontera de Hong Kong, como para demostrar a los antiguos colonos que el desarrollo no es monopolio de nadie, se levanta el Shun Hin Square, de 384 metros de altura.

A 150 kilómetros de esa misma frontera, en Cantón, donde entraron los comerciantes de opio británicos a mediados del siglo XIX, el Sky Central Plaza se alza a 391 metros desde 1997, acompañado del Critic Plaza, de 322 metros, construido el mismo año. Y cuando esté terminado, el Shanghai World Financial Center, que parece una aguja de coser de casi 500 metros de altura, será el edificio más alto de China. Hasta entonces, el Jin Mao Building, también en Shangai, con sus 421 metros, ostenta tal honor.

No obstante, en Asia, un continente lleno de nuevos ricos que vibran con sus extravagancias, Hong Kong es la ciudad que mejor ha conseguido combinar planificación urbanística y superación de sus propios anhelos. En Hong Kong, urbanitas y desarraigados saborean el asfalto y se sienten más cerca del cielo que en otros lugares. Quizá eso explique la eterna arrogancia de esta ciudad.

 

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