| Neoliberalismo.
Mercado laboral y seguridad social
Juan Jované
jajovane@yahoo.com
Uno de los elementos más importantes, pero también más olvidados, sobre todo por los sectores dominantes y sus ideólogos oficiales y oficiosos, es la vinculación existente entre el funcionamiento del mercado laboral y la situación de los sistemas de seguridad social. En el caso de los llamados sistemas solidarios, es decir los de cotización definida, la vinculación es evidente. Estos sistemas tienen su base en las recaudaciones de las contribuciones las cuales son las que constituyen la base para el pago de las pensiones. En el caso de los llamados sistemas de cuentas o pilares individuales, es decir los sistemas de contribuciones definidas, la vinculación con el mercado laboral y la situación general de la economía también resultan fundamentales. Los trabajadores desocupados o subocupados no son capaces de cotizar para su propia pensión, mientras que la presencia de mercados financieros en condiciones de baja dinámica económica son inadecuados para generar una adecuada capitalización.
Teniendo en cuenta lo anterior resulta útil establecer el comportamiento reciente del mercado laboral panameño a partir de la última profundización de la política neoliberal, con el fin de observar el impacto de la misma en el empleo y los salarios, así como en el número de cotizantes activos y las recaudaciones de la CSS.
Utilizando las cifras de la Contraloría General de la República y enfocando el análisis en la situación de las empresas particulares se puede observar que mientras que en 1999 estas emplearon a cerca de 381,818 asalariados, esta cifra se redujo a 325,804 personas en el 2002. Se puede establecer, además, que las cifras preliminares disponibles para el 2003 muestran que este indicador alcanzó a tan solo 350,374 trabajadores, nivel todavía significativamente por debajo del de 1999.
La política neoliberal aplicada al mercado laboral significó la pérdida entre 1999 y el 2003 de 31,444 puestos de trabajo y, desde luego, la eliminación de potenciales cotizantes activos de la CSS. Esta pérdida, que alcanza el 8.2% de los puestos de trabajo generados por la empresa privada en el primero de dichos años, muestra su real significado si se tiene en cuenta que en el largo período que va de 1980 a 1999 la tasa de crecimiento promedio anual del empleo generado por las empresas particulares fue positiva, alcanzando un valor de 4.8% de promedio anual.
En términos de la seguridad social todo esto se expresa en el hecho de que, de acuerdo a cifras de la Contraloría General de la República, el número de cotizantes activos de la CSS reportados en el año 2003 resulta inferior al del año 2000. Se trata de una reducción bastante significativa que alcanza a 23,119 personas. Desde el punto de vista porcentual esto toma la forma de una disminución de cerca del 3.5% de los cotizantes, lo que contrasta con la tasa de crecimiento promedio anual de crecimiento de los cotizantes activos que entre 1982 y el 2000 alcanzó un nivel positivo de 3.0%. En el frente de los salarios la situación no resulta menos crítica. En este caso, nuevamente utilizando las cifras disponibles de la Contraloría General de la República, el sueldo medio mensual pagado por las empresas particulares en el año 2003 fue de 440.96 balboas, valor que contrasta con su nivel de 1999, cuando este indicador alcanzó a 491.92 balboas. Se trata de un deterioro notable del salario monetario el cual alcanza al 10.4%. A esto se le debe sumar el impacto que significa un incremento del índice de precios al consumidor de 4.3% en el mismo período, que permite postular una pérdida del salario real de 14.7%.
Solo con fines de ejemplificación es posible calcular de forma sencilla el impacto de todo lo anterior sobre las recaudaciones mensuales de la CSS, teniendo en cuenta el movimiento del empleo de las empresas particulares y de los salarios medios mensuales de este segmento del mercado laboral. El resultado de este ejercicio muestra que la pérdida mensual para la institución sería de aproximadamente 6.8 millones de balboas, sin introducir ninguna tasa de crecimiento promedio anual del empleo y de los salarios monetarios medio mensuales, y de 14.7 millones en caso de mantener constante el salario real y utilizar la tasa histórica de crecimiento del empleo de las empresas particulares.
Visto esto no queda duda que el país en la búsqueda del bienestar de la población precisa de una variación en su estilo de desarrollo, es decir un cambio hacia una forma de crecimiento más sensible a la generación de empleos, el aumento de la productividad y la presencia de salarios cónsonos con una vida digna para el trabajador. Se trata de una observación que uno puede compartir con Joseph Stiglitz, quien en un reciente trabajo titulado "El rumbo de las reformas. Hacia una nueva agenda para América Latina" propone el compromiso de los gobiernos con una política que asegure el derecho de todos a un trabajo decoroso.
En todo caso discutir sobre seguridad social sin visualizar el contexto socioeconómico y su dinámica es, en el mejor de los casos, un acto de carencia científica.
El autor es docente universitario
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