| dilema.
Terry, Karol y el derecho a morir
Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com
Si hay algo que todos tenemos seguro es que algún día moriremos. Para unos, este hecho lleva a una "vida eterna" en un paraíso celestial rodeado de ángeles, luz y bondad, mientras que para otros representa simplemente la terminación del ciclo que comenzó el día de nuestra concepción meses antes de nacer. Al margen de las creencias particulares de cada quien, lo que si estamos seguros es que la muerte constituye un hecho absoluto y común a todos los seres vivos, al punto que pudiéramos considerarla tan cercana a un "deber" como a un "derecho" individual.
Antes de que algún "sabio criollo" comience a preguntar ¿cómo un médico puede defender el derecho a morir?, quiero aclarar que, durante mi carrera, he aprendido que no hay nada más hermoso que la vida y cada día intento que esta sea lo mejor posible (en calidad y cantidad) para mis pacientes. Pero, del mismo modo, he visto agonías horribles que destruyen para siempre al afectado y a todo su entorno familiar. Incluso, he visto familias que insistieron en dar "todo el apoyo" a su padre enfermo para semanas después pedir "desconectarlo" porque ya se les terminó el dinero. De ahí surgen mis opiniones.
El caso de Terry Schiavo trajo a las primeras planas de la prensa mundial el ya tradicional debate sobre el derecho del ser humano a cumplir esa fase final del "ciclo vital" digna y tranquilamente. La Sra. Schiavo pasó quince años en estado vegetativo (después de un paro cardíaco). Sin evidencia clínica de que percibiera estímulos externos (o internos) y sin poder interactuar con quienes la rodeaban. Sin embargo, a pesar de lo ajeno que pudiera ya ser para ella, su caso se convirtió en un acto público que tuvo como principales actores, a su esposo, sus padres, jueces, abogados, políticos, religiosos, "expertos" y periodistas.
Paralelamente, todos los días estamos siendo bombardeados por el video "en vivo" de cómo muere lentamente Karol Wojtila (el papa Juan Pablo II). El pontífice, un anciano de 83 años severamente enfermo, está siendo mantenido vivo por medio de intervenciones "heroicas" desde ya hace varios meses. Durante el último mes ha estado hospitalizado varias veces. Ya no puede hablar ni caminar, se le ha tenido que hacer una traqueotomía para que pueda respirar y ahora se le ha introducido un tubo por la nariz que llega al estómago para poder alimentarlo, ante su incapacidad de alimentarse por si solo y su progresiva malnutrición.
La diferencia básica entre estos dos casos es la "voluntad" de los afectados. Si bien Terry Schiavo no escribió su voluntad (a los 26 años nadie lo hace), su esposo y responsable legal de su cuidado alegaba que ella le manifestó su deseo de no ser mantenida viva artificialmente y por eso solicitó se retirara su tubo de alimentación. Sus padres, por el contrario, se basaban (comprensivamente) en que "pudiera recuperarse" y usaron argumentos de alto contenido sentimental como "evitar que su hija muriera de hambre y sed".
Lo más increíble de todo esto, es que los políticos usaron el caso Schiavo (o Schindler-Schiavo como le llamaban los abogados de sus padres) para capitalizar apoyo entre el grupo conservador que controla los ámbitos de poder en Estados Unidos, al punto de que el Congreso pasó una ley "de apuro" (al mejor estilo panameño) para permitir a la Corte Suprema fallar en este caso, y hasta el mismísimo presidente Bush, regresó de urgencia a Washington para firmar dicha ley. Paradójicamente, estas personas, que se oponen visceralmente al aborto, a la investigación con células madre, al uso del condón para prevenir el SIDA y que dicen defender en forma radical "el derecho a vivir", son los mismos que apoyan la pena de muerte y que votan a favor de bombardear ciudades enteras, con un alto costo en vidas civiles, para buscar armas inexistentes y de paso lograr el control del petróleo iraquí. Además, se supo que el proponente de esta ley en el Congreso desconectó el apoyo vital a su padre cuando sufrió un accidente de tránsito.
Juan Pablo II es un caso distinto. No parece estar dispuesto a renunciar a su pontificado y todo indica que desea seguir al frente de la Iglesia católica, al margen de su deteriorada condición clínica y su dudosa capacidad para tomar decisiones. Las preguntas obligadas son entonces: ¿quien manda realmente en el Vaticano? y hasta donde estas personas serían las más interesadas en mantener a un deprimente Juan Pablo II apareciendo en la ventana cada dos días indefinidamente para mantener el status-quo.
Algo está claro, el hecho concreto de la muerte de Terry Schiavo y de Karol Wojtila, así como su derecho a vivir y morir dignamente, han sido desnaturalizados por una morbosa actividad mediática y judicial con agendas completamente ajenas a respetar algo que debiera ser un hecho privado entre el enfermo, sus familiares y sus médicos.
Estos dos casos, deben hacernos meditar sobre lo maravilloso que es vivir sin ignorar que algún día nos llegará la muerte. Tal vez sea un tema incómodo, pero es necesario definir nuestra posición y dejarla clara. Debemos hacer uso de nuestra ley que, aunque prohíbe "la eutanasia" sin definirla, al menos nos permite firmar un documento de voluntades anticipadas según nuestros valores y principios.
Por si acaso, dejo claro que a mí no me prolonguen una agonía innecesaria si llegara a una condición irreversible. Aunque solo espero, como dice Facundo Cabral, "que cuando llegue el día de mi muerte, me encuentre completamente vivo".
El autor es médico cardiólogo
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