| extremismo.
Perspectiva
¿Qué está sucediendo en Estados Unidos?
Paul Krugman
Las sociedades democráticas enfrentan duros problemas al lidiar con extremistas entre ellas. El deseo de mostrar respeto hacia las creencias de otros pueblos se convierte muy fácilmente en negación: Nadie quiere hablar de la amenaza que representan las personas cuyas creencias incluyen el desprecio hacia la democracia misma.
Claramente, podemos ver esta falla en otros países. En Países Bajos, por ejemplo, una cultura de tolerancia llevó a la nación a ignorar la creciente influencia de extremistas islámicos hasta que ellos se volvieron capaces de asesinar.
Sin embargo, eso también es cierto de Estados Unidos, donde peligrosos extremistas pertenecen a la religión mayoritaria y al grupo étnico mayoritario y ejercen enorme influencia política. Antes de que viera los sondeos de opinión, Tom DeLay declaró que "algo bueno que Dios nos ha dado es Terri Schiavo, para ayudar a elevar la visibilidad de lo que está sucediendo en Estados Unidos". Actualmente, él y su partido, impactados por la negativa reacción de la opinión pública con respecto a su interferencia, quieren superarlo. Sin embargo, nosotros no deberíamos permitírselos. El caso de Schiavo es, de hecho, una oportunidad para poner de relieve lo que está sucediendo en Estados Unidos. Uno de los aspectos que está teniendo lugar es un clima de temor para quienes traten de hacer valer leyes a las que se oponen extremistas religiosos. Randall Terry, uno de los portavoces de los Schindler, no ha matado a nadie, pero uno de sus ex allegados en el movimiento opuesto al aborto está cumpliendo una condena por asesinar a un médico, y George Greer, el juez en el caso de Schiavo, necesita guardaespaldas armados.
Todos conocen el intento por evitar las cortes a través de la ley Terri. Sin embargo, se ha dado muy poca cobertura en escala nacional a un informe del Miami Herald en cuanto a que Jeb Bush envió a agentes de la ley para sacar a Terri Schiavo del hospicio plan que fue cancelado cuando la policía local dijo que haría valer la orden del juez de que ella permaneciera ahí. Y todo parece indicar que el futuro traerá más intimidación en el nombre de Dios y más intervención política que socava el estado de derecho. La derecha religiosa ya está teniendo un gran impacto sobre la educación: el 31% de los profesores encuestados por la Asociación Nacional de Profesores de Ciencia se siente presionado para presentar material relacionado con el creacionismo en las aulas.
Sin embargo, el cuidado médico es el borde filoso del extremismo. Y el lunes de esta semana, el diario The Washington Post informó sobre el número en aumento de farmacéuticos que, sobre bases religiosas, se niegan a llenar prescripciones de control de la natalidad o píldoras del día siguiente. Estos farmacéuticos hablan de creencias personales, pero el efecto consiste en socavar leyes que ponen estos medicamentos a la disposición general.
Permítanme hace una predicción: en poco tiempo, dondequiera que la derecha religiosa sea fuerte, muchos farmacéuticos serán presionados para que les nieguen drogas legales a las mujeres.
Lo que necesitamos y no estamos viendo es una firme postura por parte de moderados en contra del extremismo religioso. Algunas personas preguntan, con justificación: ¿Dónde están los demócratas? Pero, una pregunta incluso mejor es: ¿Dónde están los médicos defendiendo ferozmente su integridad profesional?
Pienso que la Asociación Estadounidense de Medicina desaprueba a los políticos que critican o corrigen diagnósticos médicos con base en imágenes de video pero la declaración de la asociación con respecto al caso de Schiavo es tan tímida que resulta difícil estar seguro.
El paralelismo más cercano en el que puedo pensar con la política estadounidense es Israel. Hubo una época, no hace mucho tiempo, cuando israelíes moderados le restaban importancia al ascenso de extremistas religiosos. Pero, no más: los extremistas ya mataron a un Primer Ministro, y todos se percatan de que Ariel Sharon está en riesgo.
Estados Unidos aún no es un lugar donde los políticos liberales, e incluso los conservadores que no son del todo integrantes de la línea dura, temen ser asesinados. Pero, a menos que los moderados asuman una postura en contra del poder en aumento de los extremistas en escala interna, eso puede suceder aquí.
The New York Times News Service
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