Panamá, viernes 25 de marzo de 2005
 
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justicia.

De todas maneras

Rafael Solano

En reiteradas ocasiones he afirmado que un porcentaje elevado de panameños que ayer reclamaban la democracia hoy parecieran no entender la noción de la misma, no han aprendido a vivir en democracia. Así observamos en el caso de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia que muchos señalan que estos son corruptos, se parcializan en sus fallos, que deben renunciar, pero nadie aporta evidencias o pruebas que acrediten esta corrupción o la comisión de cualquier delito, lo cual propicie una investigación y en ejercicio de funciones judiciales, la Asamblea de Diputados pueda juzgarlos por su conducta, tal cual prevé nuestro ordenamiento jurídico.

Hemos visto planteamientos llenos de euforia, pero sin nada de contenido desde el punto de vista legal, pero, a pesar de ello, estas voces insisten que de todas maneras hay que condenarlos, reemplazarlos, botarlos, independientemente que se violen los principios del debido proceso y la presunción de inocencia, los cuales constituyen derechos individuales fundamentales que deben concretarse en la democracia. Por eso reitero que somos mas eufóricos en nuestras acciones pues le damos rienda suelta a nuestras pasiones, independientemente que las mismas violen el imperio de la ley vigente.

En la sociedad en que vivimos estamos sujetos a regulaciones consagradas en nuestro ordenamiento jurídico, nuestras acciones y conductas deben ajustarse a esas disposiciones y nuestras actuaciones jamás pueden aplicarse por encima de estas normas. Cuando entendamos esto entonces podremos señalar que aprendimos a vivir en democracia. Es por ello que quienes quieren juzgar a los magistrados, ese es su derecho, pero debe ejercerse respetando el ordenamiento jurídico vigente, que ordena garantías procesales para los encausados, el respeto de su inocencia hasta tanto se pruebe lo contrario y así se declare mediante una resolución.

El autor es abogado


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