| semana santa.
Conversión nacional: Teófilo Rodríguez D.
Teófilo Rodríguez D.
ciudadela@cwpanama.net
Más del ochenta por ciento de los panameños se profesan cristianos, indistintamente de si son católicos o de otras denominaciones. Eso significa que más de la mitad, por lo menos, han de ser conscientes de lo que celebramos en estos días; y la fe nunca debe estar desencarnada de la vida, de lo cotidiano y lo ordinario. Con cuánta frecuencia se suele escuchar la frase, "la Iglesia no debe ocuparse de la política", o sencillamente "la Iglesia no opina".
En los días más conflictivos de la dictadura, el pueblo buscó refugio en la Iglesia. Fue la única voz que el militarismo no pudo silenciar, y ningún adversario del régimen pudo decir que la Iglesia estaba politizada, pero sí que estábamos en la mira de los militares.
Hoy, en pleno ejercicio de la democracia, cuando algún pastor en comunión con el magisterio emite su opinión sobre aspectos del orden moral y ético que atañe al ámbito político, judicial o social, se le tilda de entrometido. ¿No fue Jesús considerado un entrometido, y juzgado por subversivo sólo por denunciar los abusos de la clase gobernante de su tiempo? ¿No fue asesinado monseñor Óscar Arnulfo Romero por hablar alto y claro contra los atropellos a los derechos humanos cometidos contra la población salvadoreña? ¿Se acobardó acaso ante las amenazas?
La Iglesia jamás puede sustraerse de su misión profética de denunciar el mal donde estuviere, y de anunciar el mensaje de Cristo. Es inevitable que seamos un signo de contradicción y, en muchos casos, que nuestro testimonio sea motivo de persecución y de muerte. Los pastores no podemos acobardarnos por el hecho de que muchos no compartan el mensaje del Evangelio; sería una vergüenza condicionar la Palabra de Dios por el beneficio personal o por la adulación.
Hay que ser, en este tiempo, hombres de valor y coherentes con lo que predicamos. Por esa razón, esta Semana Santa es tiempo oportuno para un llamado sincero a la conversión de estructuras injustas y corruptas que atentan contra el bien común de la Patria.
Todos estamos llamados a ser transformados: los pastores, a ser luz en medio de las tinieblas; los políticos a revalorizar su vocación de servidores de la Nación, y no de servirse de ella; los empleadores y obreros, de mirar con generosidad su aporte al desarrollo del país de manera responsable. Es tiempo de dejar de mirarse con desconfianza, y de reconocer que ambos sectores se necesitan mutuamente; que los gobernantes den muestra de un auténtico deseo de hacer las cosas bien, no sólo con palabras, sino sobre todo con sus acciones.
En definitiva, todos estamos llamados a un sincero cambio, a una transformación que beneficie a todo Panamá. La conversión implica no sólo una corrección de actitudes, sino también un cambio de mentalidad o de forma de pensar. Por ejemplo, se ha impuesto en nuestros días la insana cultura del "juega vivo" en casi todos los quehaceres del panameño; la construcción de una Patria nueva sólo será posible si transformamos nuestros pensamientos y comportamientos egoístas y nos preocupamos por el bien común. Ya que la conversión es una gracia que Dios concede al que le busca con sincero corazón, sea oportuna esta semana para buscar sus favores. Estoy convencido de que los grandes problemas que nos aquejan hoy (la corrupción, la Caja de Seguro Social, la falta de justicia, etc.) se resolverían de raíz si nos convirtiéramos de corazón. Así Dios iluminaría nuestras conciencias y tendríamos la respuesta oportuna para nuestros grandes dilemas.
Deseamos a todo Panamá la bendición de Cristo Resucitado, y que su paz, que rebasa todo entendimiento, alumbre nuestro suelo istmeño.
El autor es sacerdote
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