Cuentas Ambientales
Sobreexplotación pesquera
Marcel Claude
negocios@prensa.com
OPINIÓN I La actividad pesquera comenzó con la necesidad del hombre por capturar recursos marinos para poder alimentarse y subsistir. Con el tiempo esta actividad se fue masificando, tecnologizando e industrializando con el fin de aumentar la oportunidad de trabajo y bienestar a las comunidades. Sin embargo, muchas especies comerciales empezaron a experimentar un gran declive en sus poblaciones, debido a que esta actividad se transformó en una competencia por capturar la mayor cantidad de recursos en el menor tiempo posible y obtener ganancias económicas lo más rápido posible.Por ejemplo, en un reciente estudio, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estimó que de las principales especies o grupos de especies marinas de las que hay información disponible, el 52% están explotadas a plenitud, el 16% se explotan excesivamente y el 8% se han agotado o se recuperan del agotamiento. Por lo tanto, cerca del 75% de las principales pesquerías del mundo están explotadas a plenitud o en condiciones aún peores. De acuerdo con el mismo estudio "el agotamiento de las poblaciones repercute en la seguridad alimentaria y el desarrollo económico, reduce el bienestar social en los países y socava el buen estado de los ecosistemas submarinos".
La actividad se ha industrializado a tal punto que la pesca realizada con trampas, pequeñas redes y unos cuantos anzuelos ya casi no existe, por el contrario, ahora la explotación se realiza con inmensas redes, líneas con miles de anzuelos y otros mecanismos que pueden capturar toneladas de recursos en unas pocas horas del día. Además, los artes de pesca utilizados tienen una gran implicancia en los ecosistemas marinos, ya que al no ser selectivos provocan la captura, daño y muerte incidental de otras especies y en algunos casos, como en el arrastre de fondo, también provocan el deterioro del hábitat y la muerte de las especies que viven asociadas a los lechos marinos.Como hemos visto anteriormente, la pesca excesiva tiene variadas consecuencias ambientales como: cosechas reducidas de las especies objetivo; captura no intencional excesiva de especies que no son objeto de pesca, captura de especies de tamaño inferior o que se encuentren protegidas, y cambios en el equilibrio de los ecosistemas marinos. Debemos velar para que esta pesca excesiva pueda ser regulada o limitada para tener una actividad sostenible en el tiempo. De lo contrario, en un lapso muy próximo veremos a nuestros recursos marinos agotarse y con ello se producirá un colapso en las pesquerías y en los ecosistemas marinos.
El autor es director de Oceana, oficina para América del Sur y la Antártica.
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