Panamá, viernes 25 de marzo de 2005
 
SECCIONES
  Portada
  Hoy por hoy
  La Ciudad
  Nacionales
  Deportes
  Opinión
  Mundo
  Negocios
  Defensor del lector
  Vivir +
  Reseña
  Sociales
  Horóscopo
  SUPLEMENTOS
  Ellas Virtual
  Martes Financiero
  Aprendo Web
  R. Empresarial
  SERVICIOS
  Titulares por email
  Directorio de email
  Reportajes
  Columnistas
  TIEMPO LIBRE
  Turismo
  De interés
  Cine
  De noche
  Restaurantes
  Recetario
  SEPARATAS
  Pulso de la Nación
  AYUDA
  Guía del sitio
  Tarifas
  ¿Quiénes somos?
  Contáctenos
  VISITA
  Defensoría del pueblo
   

 

semana santa.

Perspectiva

Los católicos latinos

Eric Gorski

En la iglesia católica de St. Therese, en el suburbio de Aurora, en Denver, el Viernes Santo es un día de duelo y profesión pública de fe, todo ello llevado a cabo en el parque de estacionamiento de la parroquia.

Aquí, un ingeniero de computación bilingüe que ayuda a los inmigrantes nuevos con su inglés representará a Judas porque nadie quiso aceptar el papel.

La chica que tendrá el papel de María dista mucho de interpretarla como un personaje estoico, ya que es una criatura angustiada que se desploma en el pavimento como si le hubieran disparado en el corazón.

La cruz que descansará en el hombro de Jesús fue elaborada con madera y trabajada por fieles que se ganan la vida construyendo muebles.

Este es el Via Crucis, la ruta de la cruz, una representación de la Pasión que hace honor a su nombre. Es también una de las tradiciones vibrantes de los latinos católicos relacionadas con la Semana Santa, que da inicio el Domingo de Palmas.

Para muchos latinos católicos, la Semana Santa supera en importancia a la Pascua. Esta devoción, limitada hasta fechas recientes a las salas y cocinas, es ahora cada vez más visible en las parroquias a medida que los inmigrantes de México y América Latina sigue ingresando a Estados Unidos.

"La gente se siente menos temerosa de mostrar que es una tradición suya porque la comparten con mucha gente", dice Mar Muñoz, director del Centro San Juan Diego, un centro de recursos para la comunidad latina operado por la Arquidiócesis Católica de Denver.

Para los no iniciados, estas procesiones a lo largo de las calles, velorios para la doliente María y reflexiones sobre las últimas palabras de Cristo proporcionan una ojeada hacia el interior de un profundo catolicismo latino, en el que el Cristo sufriente es más poderoso que la representación más luminosa del Cristo resucitado, que es la imagen predominante en las iglesias protestantes.

Las devociones de Semana Santa son acordes con la índole pública del catolicismo latino, incluso si para mucha gente se trata de un fenómeno más cultural que religioso, dicen los académicos, Es por ello que el día de mayor asistencia de fieles en el año a las iglesias latinas es el Viernes de Ceniza, cuando la señal de la cruz sobre la frente es lucida como una marca de honor.

Lo que se ignora, sin embargo, es si las tradiciones de Semana Santa perdurarán, evolucionarán o desaparecerán, a medida que los inmigrantes latinos se integren a la cultura de Estados Unidos. Si las prácticas religiosas efectivamente perseveran, está por verse también si la comunidad católica nacional estadounidense se unirá a ellas o las verá como algo hispano, segregando iglesias a lo largo de líneas raciales.

Varias iglesias que acogen a fieles de diversas razas en Colorado están intentando impedir tal división, con resultados mixtos hasta ahora.

Olga Olivia Marble recuerda hasta los detalles más nimios de los servicios de Semana Santa en su México nativo, incluyendo el tipo de flores que descansaban en el ataúd.

Cada Viernes Santo, todos los habitantes de su aldea en el sur de México se reunían en la iglesia. Todas las mujeres vestían de negro. Mientras el ataúd era transportado a lo largo de las calles, los peregrinos sostenían en alto velas, entonaban canciones tristes y rezaban el rosario.

"Cuando yo era una niña, me sentía un poco asustada", dice Marble, de 41 años, integrante de una parroquia en el área de Denver. "Ahora, en cambio, puedo apreciar mi cultura, mi tradición".

Esas tradiciones, de hecho, tienen sus raíces en la Edad Media, cuando las grandes plagas que azotaron a Europa dieron lugar a descripciones gráficas del sufrimiento de Cristo, dicen los académicos.

"La costumbre latina de reflexionar sobre las últimas siete frases de Jesús se remonta a la cristiandad medieval del Siglo XIII, cuando los católicos trataban de ir más allá del texto leído para meditar acerca de su significado profundo", dice Peter Casarella, catedrático de la Universidad Católica de América en Washington.

"En cierto sentido, lo que la gente ahora promueve como las nuevas devociones hispanas son realmente lo más antiguo que hay", dijo.

Cuando los misioneros católicos llegaron a México en el siglo XVI, las barreras del lenguaje dificultaban la labor de evangelización. Llevar a cabo una versión de la Pasión y organizar procesiones, que eran populares en España, permitió a los recién llegados transmitir sus enseñanzas religiosas.

Las encarnaciones modernas de la Semana Santa continúan ese legado, además de tener la marca de sufrimiento y sacrificio que corre a lo largo de la historia del pueblo mexicano, desde los sacrificios en los templos de los aztecas y mayas hasta las penalidades y odiseas de los inmigrantes ilegales de nuestros tiempos, quienes arriesgan la vida para cruzar la frontera e internarse en Estados Unidos.

"Nuestra gente se identifica más con el sufrimiento que con el triunfo, porque somos un pueblo que sufre mucho", dice el reverendo Jorge de los Santos, nativo de México y vicario de la Arquidiócesis de Denver para el ministerio hispano.

Un viernes en la noche, recientemente, 30 personas llenaron el santuario oscurecido de una parroquia de Boulder, Colorado, para una representación de las horas finales de Cristo.

En la escena del Jardín de Getsemaní, un hombre joven que representa a Jesús es cubierto por niebla e iluminado violentamente por luces estróbicas mientras se retuerce en agonía y cuestiona a Dios.

A la izquierda, en el escenario, Magdalena Harrach se pone de pie y sonríe. Harrach, directora de ministerios hispanos de la parroquia, puede ver que el joven está metiéndose en el papel, está sintiendo el sufrimiento de Cristo.

Criada en Sonora, México, Harrach recuerda que todo el trabajo en el pueblo cesaba por completo el Jueves y el Viernes Santo.

No había quién cocinara, ni quién lavara, sólo oraciones y una ardua caminata hasta la cima de una colina rematada por una cruz de madera.

Tal devoción no es algo realista en el caso de muchos de los miembros de la parroquia en Denver, muchos de los cuales tienen dos empleos en restaurantes o en la construcción y enfrentan otros problemas.

"Es difícil conservar la fe pese a todo", dice Harrach.

Y encima de lo anterior está el desafío que plantea la asimilación, que ya costó la desaparición de muchos rituales que practicaban los inmigrantes católicos de Europa del siglo XIX y principios del XX.

Los académicos creen, sin embargo, que las tradiciones de Semana Santa tienen mejores probabilidades de persistir debido a la proximidad de Estados Unidos a México y a América Latina en general, las incesantes oleadas de inmigración y los poderosos vínculos con su país natal que mantienen muchos inmigrantes. Ese crecimiento se refleja en las listas de fieles de las parroquias católicas. Más o menos 21% de los católicos registrados en la Arquidiócesis de Denver, que abarca 24 condados, son latinos, en comparación con 12% en 1992, dicen sus funcionarios. Se cree que ambas cifras son bajas porque los latinos y en particular los inmigrantes nuevos tienen menos probabilidades de registrarse que otros católicos. El número real podría ser de 40%, basándose en estudios nacionales.

En lugar de ceder a las presiones para asimilarse, la creciente población católica latina quizá transforme la fe pública, dice el reverendo Raúl Gómez, presidente de la Academia de Teólogos Católicos Hispánicos de Estados Unidos. "Parte de la razón de que (los ritos de la Semana Santa) sean cada vez más populares en Estados Unidos es que hay muy pocas oportunidades de hacer este tipo de cosas en las calles, en una forma pública", dice Gómez, profesor de la Escuela de Teología del Sagrado Corazón, en las afueras de Milwaukee.

"Esta es una forma de traer a la fe de vuelta al ámbito público".

The New York Times News Service


Además en mundo

Perspectiva: Los católicos latinos
Perspectiva: Sonambulismo infantil
Perspectiva: El derecho a morir
La antigua república soviética de Kirguizistán
Parlamento de Kirguizistán nombra nuevo Presidente
Anticonceptivo oral protege del cáncer
Boda de Carlos amenaza la monarquía
Alerta por brote de mal de Chagas
Explosión en refinería tejana cobra 15 vidas
Se agotan instancias legales en caso Schiavo
Vigilarán a 10 mil personas por medio de chips
Denuncian a vicepresidente
Caen reclutadores de rebeldes
Condenan a nueve militares por crear ‘tenebrosa red delincuencial’
Ecuador no tiene registros sobre compra de armas
Corte rechaza pedido de desafuero de Pinochet por el caso Prats
Toledo niega haber falsificado firmas
Venezuela responde a críticas de EU
Conmemoran aniversario del asesinato del arzobispo Romero
Costa Rica y Nicaragua analizan controles migratorios
Gutiérrez demanda resolución parlamentaria
Mesa prepara propuesta de diálogo
Tiroteo cobra cinco vidas en México
Saca visitará España y Francia
Estados Unidos levanta veda sobre ayuda militar a Guatemala
Exiliado denuncia sitio secreto de enriquecimiento de uranio
EU subestimó la insurgencia en Irak
Intentan extraer ADN de fósil de dinosaurio
Bobby Fischer gana la partida a la extradición




Corporación La Prensa TEL (507)222-1222
La Prensa Web TEL 323-7292 / 323-7338
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá
 

 
 
  BUSCADOR
 
Google
Web
prensa.com

 

 



Derechos reservados. Corporación La Prensa.