| debate.
Destapando el Darién
Mario Castro Arenas
Traficantes de drogas, contrabandistas y guerrilleros terroristas surgen en las pesadillas de algunos panameños cada vez que alguien habla del tapón del Darién. Si se construyera la carretera que destapase la ya no tan virgen selva darienita, se imaginan los panameños la irrupción desenfrenada de torrentes de paisas de la peor calaña que llegarían en un par de horas a la ciudad capital , sumergiéndonos en un infierno de violencia e inseguridad.
Sin embargo, la pesadilla que no nos deja conciliar el sueño poco a poco se despoja de sus sombríos colores. Es un hecho que ya llegaron los colombianos, y no viajando través de una autopista asfaltada. Llegaron comprando la industria cervecera nacional, construyendo lujosos centros comerciales, adquiriendo tierras y residencias por doquier, prometiendo energía eléctrica más barata que la española y gasoductos que nos trabajan la imaginación.
Lo que preocupa a los analistas panameños es que la fuerte presencia colombiana en Panamá tiene la traza de ser el fruto de una meticulosa estrategia diplomática diseñada por el gobierno del presidente Álvaro Uribe, mientras que no damos señales claras de haber advertido sus alcances y consecuencias. A principios del 2003, Uribe expresó el interés colombiano de ingresar al Plan Puebla Panamá (PPP) que conectará una red de infraestructuras de México, y Centroamérica que rematará en el tapón del Darién. Los comisionados del PPP dieron a Colombia el rol de país observador. Como muestra de buena voluntad, Colombia impulsa una línea de transmisión eléctrica de 500 kilómetros que cruzaría millones de hectáreas de áreas silvestres vírgenes del tapón del Darién. En tanto los colombianos tienen amplia información sobre la interconexión eléctrica subregional, muy poco conocemos los sobre el proyecto del SIEPAC, esto es el sistema de integración eléctrica entre México, Centroamérica, Panamá y ahora Colombia. ETESA, empresa estatal de Panamá e ISA, su par de Colombia, ya están trabajando en los estudios ambientales preliminares sobre las alternativas para construir la línea de transmisión, estudios que tienen el aval financiero del BID y la CAF (Corporación Andina de Fomento). En el 2004 empezaron los estudios ambientales y de factibilidad que consideran rutas alternativas del tendido de torres y líneas de la interconexión, cuya ambiciosa meta es incorporar a los países andinos al proyecto.
Los visionarios estiman que la meta final es coronar el sueño de Bolívar, uniendo el Plan Puebla Panamá a la Comunidad Andina de Naciones ( CAN) con una red continental de carreteras, aeropuertos, puertos, gasoductos, oleoductos. Arropado por las banderas integracionistas que comparten Ecuador, Perú, Venezuela y Bolivia, el mandatario colombiano ha fortalecido así la vieja propuesta de la carretera del Darién que César Gaviria planteó en los noventa en la comisión de vecindad panameño- colombiana, en medio de la oposición de los conservacionistas panameños. Planteado el proyecto bajo banderas integracionistas, los países andinos compartirán la presión diplomática para que se abra el tapón que, desde 1924, bloquea la continuidad de la carretera Panamericana, que une la Tierra del Fuego a la frígida Alaska.
La República de Panamá está en el dilema de aprobar su inserción tanto centroamericana como sudamericana o rechazarla en defensa de la rica biodiversidad de los 16,671 kilómetros del tapón del Darién, declarado por la UNESCO como patrimonio de la humanidad, donde viven los emberá- wounaan y los afrodarienitas. En el año 1998 Panamá recibió un préstamo de 70 millones del BID como parte de un programa de cinco años para el Desarrollo Sostenible del Darién. Los técnicos del BID insisten en que el proyecto mitigará la repercusión ambiental de la construcción de la carretera, con titulación de tierras, garantías de supervivencia de las poblaciones nativas, administración racional de recursos y otros aspectos.
Si en la década de los 20 no llegó a impulsarse la carretera del Darién, ochenta y cinco años después la idea renace cuando las circunstancias han cambiado. Con el señuelo de la interconexión eléctrica y la construcción de un gasoducto, Colombia tiene ahora argumentos de peso para levantar el veto panameño a la carretera, con posible apoyo de los países andinos.
En aras del progreso ¿sacrificará Panamá la integridad ecológica de la selva, playas, manglares, valles boscosos, del Darién, valorados como reserva de la biosfera? Afortunadamente se yergue la alternativa de construir la carretera sin violar el tapón por una línea costera que iría del Golfo de Urabá a Colón, en tanto que el gasoducto se sumergiría en el mar, a prueba de atentados guerrilleros.
Los megaproyectos que están en juego justifican la apertura de un debate nacional sobre el Darién, que no se limite a la exacerbación hiperconservacionista y que contemple las perspectivas de la integración sudamericana.
El autor es escritor y periodista
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