| deber.
Imaginemos un mundo
I. Roberto Eisenmann, Jr
David W. Orr ha escrito un libro titulado "El último Refugio" (The Last Refuge) que contiene además de muchos otros conceptos muy interesantes un capítulo que traducido se titularía "Imagine un Mundo: la educación de nuestros líderes".
Indica Orr que los ciudadanos del mundo nos conformamos con que los líderes emerjan de eventos aislados, quedándonos a nosotros tan sólo el rogar que salgan hombres y mujeres más o menos preparados.
Hay actos del hombre para lo que exigimos mucho más. Por ejemplo: para la simple tarea de manejar un auto exigimos un examen teórico y práctico antes de otorgar una licencia que nos lo autoriza… sabiendo que en manos equivocadas un auto puede convertirse en un arma de muerte. Sin embargo, para liderar una Nación (y tener a sus órdenes la exclusividad de armas de muerte) simplemente es necesario verse bien por televisión, ser maestro en el arte de manipulación pública y comprobar que no representará amenaza para las élites económicas y/o políticas.
Pasa Orr entonces a invitarnos a imaginar un mundo en el que aquellos que pretenden ser líderes políticos tengan que antes de lograrlo hacer un peregrinaje comenzando en Hiroshima y se comprometan a ¡nunca más!; que visiten Auschwitz y se comprometan a ¡nunca más!; a Bhopal y decirle a las víctimas "perdónennos, ¡esto jamás volverá a ocurrir!"; visitar a los familiares de las víctimas de las Dictaduras, pedirles perdón, compensarlos y comprometerse a ¡nunca más! Que en el peregrinaje también visiten lugares donde se evidenció amor, compasión, sacrificio y sabiduría… como por ejemplo Asís, hogar de San Francisco... Le Chambon donde campesinos franceses salvaron a muchos judíos durante la Ocupación Nazi... la ciudad de Curitiba en Brazil... el Centro de Investigación Las Gaviotas en Colombia... Auroville en India y adiciono yo la Ciudad del Saber en Panamá.
Luego de este peregrinaje los potenciales líderes describirían públicamente cómo proponen forjar un camino decente y sostenible para evitar las catástrofes sociales y ecológicas que se avecinan. Sus discursos tendrían que ser visionarios y además específicos y podrían contener citas de "La Oración Fúnebre" de Pericles, de el "Sermón a los Pájaros" de San Francisco… la fuerza del "Gettysburg Address" de Lincoln y de el "Blood, Sweat and Tears" de Churchill… y algo de Gandhi o de el "I Have a Dream" de Martin Luther King.
Todo esto para que cada líder potencial haya tenido la oportunidad de pensar profundamente y en grande sobre los problemas universales de la agenda humana. Todo esto para que les sirva de quilla cuando dediquen sus pensamientos y la requerida inteligencia emocional a los problemas específicos de sus países. Imaginemos que estos potenciales líderes pudieran reunirse como en una plaza socrática con los pensadores más destacados de nuestra época… y que llegasen a esta reunión habiendo leído todo lo posible sobre la dirección de la tecnología, la naturaleza, la ética, la filosofía política y el futuro humano.
Aun con todo esto los potenciales líderes sólo se probarían cuando ocuparan el puesto de mando.
y entonces, así como multamos a los choferes que manejan intoxicados, deberemos castigar a los líderes que una vez sentados en la silla del poder político se intoxican con su ego, con el poder o con una utopía imposible.
Exigir a nuestros líderes lo que exigimos a un chofer de auto es lo mínimo que debemos exigir los ciudadanos competentes.
El autor es presidente de la Fundación para la Libertad Ciudadana
Además en opinión
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