| JUSTICIA.
Un sistema en crisis de muerte
Guillermo A. Cochez
gcochez@cableonda.net
No podemos hablar únicamente de la crisis de la justicia. Se trata de la crisis del sistema entero; en lo social, lo económico, lo político; todo está corroído. Crisis que se viene acumulando en los cien años que tiene el país de independiente; si es que tal crisis no es una continuación de todo lo que se vivía en Colombia y que todavía hoy sacude al hermano país. Las gotas que han rebasado el vaso son las graves y contundentes acusaciones de un magistrado contra tres colegas, quienes a su vez lo habían denunciado por faltas administrativas, comunes, pero irregulares. Se mezcla todo esto con la exigencia de la sociedad civil de que se investigue el CEMIS, paralizado por la misma Corte Suprema y todo lo que el tema revuelve a su alrededor en el frustrado proyecto supuestamente salvador de Colón.
Sin embargo, seríamos ciegos si no nos damos cuenta de que la crisis del sistema no puede detenerse en sólo lo judicial. Esa es la punta del iceberg. Vivimos en una sociedad enteramente corrupta. Si resulta ser cierto que algunos magistrados han recibido coimas por expedir algunos fallos o por liberar a tal narcotraficante, ¿a dónde se habrán depositados esos dineros? ¿no habrá banqueros que conocen en detalle los movimientos de dinero de las personas que se mencionan como que cobran por esas decisiones judiciales? ¿quiénes actuarán como intermediarios en todos estos negocios?
Hace unos días me enteré de que un Magistrado del Segundo Tribunal Superior de Justicia preparaba sus fallos en borrador para que se los llevaran a los posibles beneficiarios de su decisión y así cotizar lo que le darían, de firmarse tal cual lo estaba proyectando. Cuando la gente se cuadraba, el fallo salía tal cual se esperaba. De esto la Corte Suprema de Justicia tiene una queja en contra de ese Magistrado formulada por el Fiscal Primero de Drogas Patricio Candanedo. Pero si ahora un Magistrado acusa a otros de la misma cosa, ¿podrá la Corte investigar una queja contra un funcionario judicial subalterno sobre algo de lo que ellos mismos están acusados?
La justicia comienza en los estratos más bajos de la sociedad, a través de las corregidurías y los alcaldes, de los policías y la PTJ; allí también se cuecen habas, aunque quizás no tan grandes como las de la Corte Suprema. Esa es quizás la justicia que más resiente la mayoría de los ciudadanos, que jamás dilucidarán un caso en la Corte Suprema o en un Tribunal Superior. Son muchas las instancias en donde se dan trámites administrativos en donde la justicia en muchas ocasiones brilla por su ausencia: aduanas, impuestos, MIDA, etc.
En todas partes veremos situaciones parecidas a las que hoy se denuncian en los más altos niveles de la administración de justicia. ¿Cuánta gente en el país tiene extensas parcelas de tierras de las cuales se apropiaron en los tiempos de la independencia o cuando tuvieron el poder para otorgárselas a sí mismos? ¿Cuántas fortunas se habrán hecho alrededor de gobiernos que tenían como único propósito ayudar a sus amigos y familiares o producto del lavado de dinero, del tráfico de drogas o del contrabando internacional? La sociedad, maleada por el dinero y la fanfarria, acepta a todos estos señores como si fueran los padres de la Patria del día de hoy y se hace los de la vista gorda por el origen de sus bienes. El trabajo a realizar no es fácil, pero no se puede limitar a la Corte Suprema de Justicia. Ello equivaldría a hacer algo parecido a lo de 1989, que sólo cambió el esquema militar existente en el país; todo lo demás quedó igual. El gobierno nacional, a través del Presidente de la República, deber ejercer un liderazgo nacional que sobrepase las líneas de su partido. La sociedad civil debe organizarse más para poder exigir más. Las clases populares deben ser más consecuentes en sus exigencias para que las mismas no caigan en el bolso de la demagogia. Las Iglesias deben asumir un rol de orientación y de guía más protagónico. Es un esfuerzo que todos debemos realizar para salir de la profunda crisis en que nos encontramos.
Si pestañeamos en esta tremenda responsabilidad, estaremos abocando al país a que nos llegue un demagogo sin ningún tipo de escrúpulos y convicciones democráticas que entonces sí lleve al país por senderos a los que viven países hermanos, que presentaron cuadros de crisis parecidos al nuestro y hoy están peor que antes. Sinceramente creo que todavía estamos a tiempo para poder iniciar el camino para salirnos de esa gran crisis nacional que afrontamos.
El autor es abogado
Además en opinión
• Que se queden los Magistrados: Gilberto Sucre • La SIP y Panamá: I. Roberto Eisenmann, Jr • Un sistema en crisis de muerte: Guillermo A. Cochez • Profunda reforma en la justicia: Juan Alexander Castillo Rodríguez • Oportunidad de oro: José Arroyo Hudson
|