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Corte de la suprema corrupción
I.Roberto Eisenmann, Jr
Tengo más de un año de haber bautizado a la Corte como la "Corte de la Suprema Corrupción", y de estar exigiendo la renuncia de todos los magistrados que la conforman, por lo que se me acusó de radical, de estar poniendo a riesgo la institucionalidad, y de muchas otras yerbas aromáticas.
No hay riesgo mayor a la institucionalidad democrática que la permanencia de los desvergonzados magistrados que han convertido a la máxima magistratura de la Nación en un vulgar mercado persa donde todo se compra y todo se vende, ya sea con dinero o con favores políticos. Que alguno de estos magistrados se rasgue las vestiduras porque el acto de otro "compromete la independencia del Órgano Judicial" es un chiste cruel. Todos deben ser calongos por las arrastradas diarias que se dan, ofreciendo favores a cambio de otros con todos los poderes (públicos y privados). Son una vergüenza nacional. Son un muro que hace imposible todo intento de reforma judicial y, sobre todo, cualquier esfuerzo por lograr una política de Cero Corrupción.
Y ahora, por fin se han desatado a lavar sus trapos apestosos fuera de casa, ofreciendo al país en bandeja de plata, razón de sobra para que se provoque una ola de exigencia ciudadana. ¡Fuera los Corruptos!
Yo reconozco lo delicado que es el asunto para el Presidente. Él, por razones de precedente, jamás debe accionar para que quede la percepción de que está interviniendo en otro órgano del Estado, afectando la institucionalidad. Pero, la "Reforma Integral de la Justicia" que él propone no es - desafortunadamente - un asunto jurídico; es un asunto político con "p", no de partido sino con "P" mayúscula: la de Patria. El asunto comienza a resolverse en la Asamblea con una investigación a los magistrados, pero los diputados - con cola de paja CEMIS, cuya investigación toca a la Corte iniciar han reaccionado a la valiente carta-solicitud de la Procuradora con un "¡quietos, que esto puede convertirse en un tsunami que nos arrastraría a todos!". "Aplíquese el ‘yo no te investigo, tú no me investigas, no nos investigamos’ y todo bajo control". Para los ciudadanos una trompetilla más y ¡que nos la aguantemos!
Lo único que puede destrabar este pacto mafioso de la omertá de los corruptos es un claro señalamiento presidencial. Y ¿cómo se hace esto con el menor riesgo institucional posible? convocando el Presidente a todos los partidos políticos, a toda la sociedad civil y gremial, y que por consenso acordado con él, el Presidente con la participación de la sociedad y basado en ese compromiso - se comprometa a un proceso transparente y participativo de selección de magistrados honestos, meritorios y no partidarios y - con el apoyo de toda la sociedad (política y civil) provoque la investigación en la Asamblea que producirá la renuncia de todos los magistrados.
¡Ahora es cuándo!, Sr. Presidente. Gobernar no es una tarea de programación unidimensional. A pesar de lo programado la vida le ofrece esta oportunidad inesperada para pasar a la Historia como estadista. No la deje pasar, señor Presidente porque su programa básico - Cero Corrupción - quedaría cojo por el resto de su mandato. Se puede, pero ahora...¡mañana es tarde!
El autor es presidente de la Fundación
para la Libertad Ciudadana
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