| entrevista a Madeleine Albright.
Perspectiva
El sello norteamericano
Nathan Gardels
Nathan Gardels: Hay quehaceres democráticos en todo el mundo árabe las elecciones palestinas, las elecciones iraquíes, las elecciones locales sauditas (aunque sólo hombres), el anuncio del presidente egipcio Mubarak de elecciones multipartidistas, las protestas pro democracia en las calles del Líbano, que ayudaron a la renuncia del primer ministro pro-sirio.
¿Es éste el mismo proceso histórico que hemos visto con la ola democrática en Europa del este y del centro y más tarde en Georgia y en Ucrania?
Madeleine Albright: Siempre he creído que todo es lo mismo. La gente quiere vivir en un estado en que pueda tomar sus propias decisiones. En ese sentido, sí, lo que ocurre en el mundo árabe ahora es parte de una ola general. Pero no es algo que acabe de comenzar. Y existen diversos aspectos que le hacen crecer y fluir. La democracia no fue inventada en los últimos tres años.
Gardels: Pero, ciertamente, la política externa de Bush -- el derrocamiento de Saddam y el propiciar las elecciones iraquíes -- ¿ha tenido un impacto? Con todo lo que se ha hablado de la democracia en el Medio Oriente con el curso de los años, el nudo acaba de ser deshecho.
Albright: La respuesta es sí, y no. La verdad es que hubo elecciones y movimientos democráticos en el Medio Oriente antes de esto. El Instituto Nacional Demócrata ha tenido muchas discusiones anteriormente, por ejemplo, en Yemén, en Bahrain y entre los moderados palestinos en Belén. La muerte de Yasser Arafat fue una parte muy importante de lo que hizo posibles las elecciones palestinas.
No estaba a favor de la guerra en Irak. Pero creo que las elecciones son muy importantes y son una victoria para el pueblo iraquí. El presidente Bush puede llevarse el crédito por ello. Acabo de regresar del mundo árabe y una cosa es muy clara: quieren apoyo, pero no quieren que se les diga qué hacer con su reforma, que es lo que muchos sienten trata de hacer la iniciativa del Medio Oriente de la administración. Gardels: Si estamos al principio de una nueva fase en el Medio Oriente en términos de democratización, ¿cuáles son los obstáculos que hay en el camino?
Albright: El pueblo de Irak debe ser felicitado. Al mismo tiempo, ha pasado más de un mes desde las elecciones y no se ha formado todavía ningún gobierno. Hemos visto los días más violentos desde la caída de Sadam, con más de 100 personas muertas en un atentado con un coche bomba al sur de Bagdad. Los iraquíes necesitan armar un gobierno, crear una constitución, realizar un referéndum sobre la constitución y realizar elecciones. Es un proceso largo y difícil dada la "divisividad" dentro del mismo Irak.
En Egipto, en donde acabo de estar, hay muchas personas que quieren la democracia. Por el momento, sin embargo, no tenemos idea de lo que realmente significa el anuncio del presidente Mubarak porque uno de los candidatos más viables de la oposición, el Sr. (Ayman) Nour, está en la cárcel. Y la gente que le rodea ha sido golpeada bastante fuerte.
Gardels: Aun dados estos obstáculos y complicaciones, ¿diría usted que la política exterior "transformacional" de la administración Bush es correcta para el Medio Oriente en este momento histórico?
Albright: Es la política correcta para Estados Unidos defender la democracia y la libertad. Somos un país excepcional. Es algo que siempre defendí. El problema es que, al momento, tiene demasiados americanos en ello. La democracia es un valor universal. Hay otros países fuera de Estados Unidos que practican la democracia.
En el mundo árabe, quienes quieren la democracia comparten nuestros valores en el sentido de que desean que la gente pueda tomar sus propias decisiones. Pero ser identificados con Estados Unidos no es de beneficio para ellos.
Entonces, aunque la democratización es una buena meta americana, es considerada ampliamente en la región como algo que huele a hegemonía y que no es la decisión interna. Eso me preocupa.
Gardels: Usted recomienda entonces a Condoleezza Rice, su sucesora como mujer secretaria de estado, sería: ¿está usted en el lado correcto de la historia, pero no lo exagere?
Albright: Condi y yo lo hemos discutido con frecuencia. Pudiera usted saber que mi padre fue su profesor. Siempre he creído en una política exterior moral, democrática, usted podría preguntarle lo que piensa. Y siempre he pensado que es absolutamente correcto hablar a los demás sobre los valores americanos. Pero uno tiene que tener conciencia de que no puede obligarlos a tragarlos.
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