Panamá, sábado 5 de marzo de 2005
 
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OMAR TORRIJOS. 24 AÑOS DESPUÉS DEL ACCIDENTE SE REAVIVA EL ENIGMA DE SU MUERTE.

Una historia siempre oscura que se resiste a virar la página

El coronel retirado Díaz Herrera ‘resucitó’ el caso, pero no cree ‘productivo’ reabrir una investigación.

Ana Teresa Benjamín
abenjamin@prensa.com
LA PRENSA/Archivo
El entierro de Omar Torrijos congregó a multitudes. Cuando su féretro fue llevado al cementerio Amador, era tal la cantidad de personas que quería entrar que una de las paredes del camposanto fue derribada.

Por sus declaraciones esta semana a un semanario peruano, pareciera que Roberto Díaz Herrera quiere resucitar a un muerto. Literalmente. Como nuevo embajador de Panamá en Perú, brindó hace unos días una entrevista a Caretas y conversó de todo un poco. La cosa iba bastante tranquila hasta que habló de su primo Omar Torrijos Herrera. "Fui su asistente, hasta que lo murieron", dijo.

La entrevista allá tomó otros caminos, pero en Panamá sus palabras provocaron intriga. ¿Por qué Díaz Herrera insiste en la teoría de que Torrijos, el padre, no murió accidentalmente? ¿Es que acaso la familia Torrijos tiene planes de reabrir las investigaciones?

Correos electrónicos de por medio, Díaz Herrera contestó desde Perú, tres de las cuatro preguntas que surgieron luego de sus declaraciones a Caretas. ¿Hay intenciones de reabrir el caso? "No creo productivo ni benéfico resucitar esas investigaciones, sencillamente porque todo ese episodio tiene demasiadas aristas. No es realista (que se vayan a) obtener resultados serios y objetivos, sin que se convierta en un caso enteramente político", dijo el nuevo embajador.

LA PRENSA/Archivo
Omar Torrijos
Por qué Díaz Herrera insiste en que la muerte de Omar no fue producto del mal tiempo, es una historia más larga de contar. En septiembre de 2004, apenas 20 días después de la toma de posesión de Martín Torrijos como presidente, Díaz Herrera habló sin prisas sobre aquel 31 de julio de 1981. Más bien, de todos los episodios que –según su entender– fueron llevando a Omar hacia esa muerte oscura y violenta en el Cerro Marta, a bordo de la avioneta oficial FAP-205.

"Eso no ocurre por un asunto de tres días antes –había dicho Díaz Herrera a este diario–. Algo ocurría nacional e internacionalmente que desembocó en la necesidad de alguien –o de algunos– de atentar contra la vida de Omar ", contó.

Todo empezó en octubre de 1968, con el golpe de Estado con que los militares tomaron el poder y desplazaron a Arnulfo Arias Madrid. Un cuartelazo que Díaz Herrera describe como un "movimiento institucional de sobrevivencia, porque a Arnulfo Arias le valían un ‘pepino’ los escalafones". A partir de ese momento, en la propia Guardia Nacional se dieron divisiones que salieron a relucir en menos de un año, con el llamado "minigolpe" de diciembre de 1969. En esa ocasión, miembros de la Guardia Nacional intentaron remover a Omar Torrijos cuando se encontraba en México. Pero, alertado, Torrijos regresó y la asonada fracasó.

A partir de entonces, Torrijos delegó algunas responsabilidades. A Díaz Herrera, su primo hermano, lo convirtió en su asistente para asuntos administrativos, mientras que al oficial Manuel Antonio Noriega –siempre según la versión del ahora embajador–, lo dejó a cargo de la "inteligencia" del país. Este puesto lo habilitó para contactar con bastante asiduidad a oficiales de la Agencia de Inteligencia de Estados Unidos (CIA).

De ese G-2 que manejaba Noriega no solo salieron las "investigaciones corrientes de seguridad" sobre el control de los intelectuales de izquierda, de los comunistas, de los sindicalistas. "Va más allá de eso y él (Noriega) le adicionó un manejo de seguridad económica", recordó Díaz Herrera.

Para decirlo corto, Noriega concentró torres de información y también ganas de convertirse en el hombre fuerte. "Desde 1976 él tenía deseos de suceder a Torrijos", declaró el coronel retirado en Perú, quizás en el momento en que Torrijos estaba concentrado en las negociaciones para lograr lo que se convertiría en los tratados Torrijos-Carter, firmados en septiembre de 1977.

Luego de los tratados, Torrijos empezó a flexibilizar los impedimentos para el funcionamiento de los partidos. Pero lo más importante –según Díaz Herrera– era que "Noriega ya se había dado cuenta de que Torrijos no confiaba en él. Y si no confiaba en él, llevaba muy poco chance de quedar como comandante".

El 31 de julio de 1981, el Twin Otter FAP-205 despegó desde el aeropuerto de Penonomé rumbo a Coclesito. De un punto al otro solo hay 11 minutos de vuelo. Según un estrecho colaborador de Omar, ya fallecido, José de Jesús Chuchú Martínez, "no hay forma de que en un intervalo tan corto nos ‘sorprenda’ el mal tiempo. Es como si nos cogiera una tormenta cruzando una calle", escribió en un libro testimonial, Mi general Torrijos, con el que ganó el premio Casa de las Américas de 1987.

Justo ese año, Díaz Herrera sorprendió al país al convocar a una conferencia de prensa en la que acusó a Noriega de estar vinculado con el narcotráfico, y lo consideró responsable de la decapitación del médico guerrillero Hugo Spadafora, en septiembre de 1985.

"Muchos creyeron que se trataba simplemente de una reacción, por no ser yo comandante, pero nadie arriesga su vida y la de su esposa y sus hijos, simplemente por buscar una comandancia", contestó ayer desde la Embajada en Perú. "Si lo hice público en 1987 –explicó– es porque quise rifármela y no esperar más, aprovechando las condiciones sociales y políticas que me permitían hacerlo".

Al momento de la muerte de Torrijos, Díaz Herrera pensó que podía tratarse de una fatalidad. Pero poco después, no podía quitarse de la cabeza la idea de que el accidente en el que murió su primo hermano, junto a otras seis personas, había sido provocado. Esto lo dijo en septiembre, en la entrevista que concediera a La Prensa. La idea había crecido a través de largas conversaciones que sostuvo con otro de sus primos –y hermano de Omar–, Monchi Torrijos. En enero de 1982, Monchi había dicho a la revista Diálogo Social que "en Panamá hay consenso de que Omar fue asesinado, pero en el exterior hay unanimidad".

Ahora, desde Perú, y con el hijo de su primo en el poder, Díaz Herrera insiste en la tesis del atentado, aunque niega que en la familia haya alguna pretensión de investigar las circunstancias de la caída del Twin Otter.

Xenia Espino, madre de Martín, no niega ni confirma. Dice no saber nada de lo que dijo Díaz Herrera, allá en Perú. "No tengo la menor idea de lo que me está hablando. No sé nada, en absoluto", dijo por teléfono.

La Prensa: –¿Pero la familia Torrijos tiene alguna intención de abrir las investigaciones?

Xenia Espino: –No tengo idea.

LP: –¿Alguno de ustedes ha hablado...?

XE: –‘Ustedes’ son muchos... ¿A quiénes se refiere?

LP: – A los Torrijos...

XE: –Bueno, acuérdese que yo no soy Torrijos; soy Espino.

LP: –Pero usted, como madre de Martín Torrijos, ¿no se ha reunido para...?

XE: –Yo no tengo injerencia en esas cosas. No me reúno con nadie, mi’jita. Voy de la iglesia a mi casa, de mi casa a la de mi mamá, y así...


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