Panamá, viernes 25 de febrero de 2005
 
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Investigación.

Los restos del padre Gallego

Pastor E. Durán E.
pastord@hotmail.com

El pasado 3 de febrero la Iglesia católica, a través del arzobispo José Dimas Cedeño, solicitó a la procuradora, Ana Matilde Gómez, una nueva prueba de ADN a los presumibles restos del padre Héctor Gallego, que reposan en el Instituto de Medicina Legal, a fin de determinar si corresponden o no al mencionado sacerdote, desaparecido durante la dictadura del general Omar Torrijos, y que fueron encontrados en el cuartel de Los Pumas en Tocumen,en 1999.

En una de estas sepulturas clandestinas en Tocumen, se encontró un pantalón cuya contextura correspondía a la del desaparecido sacerdote. Es más, allí se encontró también un centavo del cincuentenario de la República, similar al que un amigo del padre Héctor le había regalado a éste días antes de su desaparición. Todas estas evidencias apuntaban a que la osamenta encontrada correspondía a la del padre Héctor. Sin embargo, la Procuraduría, bajo la administración entonces de José A. Sossa, declaró que, -según las pruebas de ADN- los restos en mención no correspondían a los del buscado sacerdote.

Es larga la cadena de obstáculos que la Procuraduría, dirigida por José Antonio Sossa, puso a las investigaciones de los casos alegando infinidad de excusas. También se dieron allanamientos a las oficinas de la Comisión de la Verdad. Entonces, María Elena Valdés, directora de Apoyo Legal de la CV, en entrevista realizada ante los medios de comunicación social expresó que estos allanamientos obedecían a las discrepancias que la CV mantenía con el Procurador de la Nación. Al igual que el Comité de Familiares de Desaparecidos de Panamá "Héctor Gallego", creemos que el ex-Procurador procuraba no sólo desaparecer algunas pruebas o documentaciones importantes que servían como evidencias para poder juzgara los victimarios, sino también procuraba desaparecer a los desaparecidos, para complacer a algunos allegados suyos involucrados en tales crímenes de lesa humanidad.

Es muy probable que con los restos del sacerdote Héctor Gallego haya sucedido lo mismo que con los del joven Ever Quintanar, los cuales recientemente, bajo la actual administración, la Procuraduría entregó a sus familiares. En un principio, de dos osamentas encontradas en 1999 en el cuartel de Tocumen, una fue identificada por el laboratorio Realigene Technologies, de EU, como del dirigente izquierdista Heliodoro Portugal. La otra osamenta, según el laboratorio Fairfax de Panamá, contratado por José Antonio Sossa, pertenecía a una mujer. El Procurador, empleando el laboratorio Fairfax, no idóneo para realizar pruebas de ADN mitocondrial, negó también que los restos identificados como los de Portugal fueran los de este dirigente popular. Fue necesario que la CV insistiera y que terceras personas intervinieran para que el Procurador permitiera que un laboratorio del extranjero hiciera el análisis, dando por resultado que, en efecto, el Fairfax se había equivocado y que los restos eran los de Portugal. No conforme con ese resultado, la CV aceptó que entrara en acción ¡un tercer laboratorio! (el Mitotyping Technologies, también de EU), para que dijera cuál de los dos laboratorios había utilizado el procedimiento correcto.

Este tercer laboratorio confirmó que, en efecto, el procedimiento utilizado por el laboratorio Fairfax, empleado por el Ministerio Público, no era correcto, mientras que el procedimiento del laboratorio Realigene Technologies, utilizado por la CV era el correcto.

Está demostrado repetidamente, en el caso de Portugal y de Quintanar, que la técnica utilizada por el laboratorio Fairfax no es la correcta, para identificar restos deteriorados, con muchos años de exposición al clima, al suelo, a manipulación, etc. ¿Cómo es posible que el laboratorio Fairfax,

de la Procuraduría, no pudiera determinar el género de la osamenta correspondiente a Quintanar? Sencillamente, porque este laboratorio, aparentemente, utiliza la técnica del ADN nuclear, y un hueso expuesto tanto tiempo (¡30 años o más!) a las inclemencias de nuestro trópico y al "ph" del suelo, no puede mantener un ADN nuclear, ni aún, después de cinco años. Por esta razón es atinada la solicitud hecha ahora por la Iglesia católica, con relación a los supuestos restos del P. Gallego.

El autor es educador


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