Panamá, viernes 18 de febrero de 2005
 
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TITÁNICA ODISEA. EXTRAÑOS AL CUIDADO DE LOS HIJOS.

En busca de la niñera ideal

Hoy por hoy, las niñeras constituyen una necesidad prioritaria de la clase profesional.

Las cualidades que más buscan los padres son responsabilidad, puntualidad y amor por los niños.

Sofía K. de Kosmas
skosmas@prensa.com
LA PRENSA/David Mesa

El trato constante y cercano entre las niñeras y los niños, genera una relación muy especial que debe ser supervisada.

Cuando los hijos llegan, la vida cambia y a partir de allí uno de los temas que encabeza la agenda es encontrar a alguien responsable y cariñoso que se encargue de ellos mientras los padres trabajan.

El problema radica en que los infantes quedan en manos de extraños, que no siempre son lo que aparentan.

Y los sucesos del pasado jueves, durante los que la niñera Argelis Pinzón secuestró a un niño de dos años de edad y pidió una recompensa de 40 mil dólares por su liberación, dejaron eso muy claro.

La chica era una Mary Poppins del siglo XXI: futbolista, luchadora olímpica y maestra recién graduada, de 18 años de edad. Pero lejos de ser la cariñosa institutriz de los cuentos de hadas, apareció como la malvada bruja que reabrió el dilema sobre cuáles son las características a buscar al momento de contratar una niñera.

De las experiencias negativas de las madres panameñas, queda claro que hay cuatro cualidades difíciles de encontrar: puntualidad, responsabilidad y amor a los niños. Y lo peor es que no son atributos que salten a la vista, sino que requieren de la convivencia diaria. Un punto en contra para la profesional que se reintegra a su trabajo un mes después de dar a luz.

EXPERIENCIAS

Cuando el reloj marca las 9:00 p.m., cada fin de semana, y la niñera no ha llegado, a Esperanza le "entran" los nervios. No sería la primera vez que la chica no regresa. La última le duró sólo dos semanas y todas las ha conseguido a través de agencias de empleo.

"Mi experiencia ha sido fatal", cuenta. Para ella, es mejor buscarlas en provincias porque son "más sanas" que las citadinas.

Su peor experiencia fue con una que le pegaba a su hijo de cuatro años y quien luego del despido se dedicó a llamar a las nuevas niñeras para decirles mentiras de sus patrones. Luego, se iban sin dar explicación.

Hoy, Esperanza tiene una buena ayudante que además de atender la casa, cuida a los niños hasta que ella regresa.

Las "caza" niñeras

No es inusual que antes de dar con la nana ideal haya un desfile de muchachas al que está atenta toda la familia. "En un año, tuve 32 niñeras en mi casa y no sabía por qué se iban", confiesa Diana. Igual que Esperanza, ella infiere que la joven que le trabajó por 13 años se las "espantaba".

Pero a menudo una retirada súbita también es señal de que otro padre de familia se la está "robando". Diana se percató de esa práctica hace 15 años, cuando una amiga la llevó al parque de Marbella, donde padres y madres observan a las chicas para luego ofrecerles más paga. Para esta mamá no se trata de medidas de padres desesperados, sino de "ausencia de moral, ética y respeto" por parte de quien lo hace.

El amor es la base

Para muchas mamás la raíz del problema es que, por lo general, muchas niñeras buscan este trabajo porque se les paga más y no porque les gustan los niños. De allí que la mayoría de las familias se apoye en abuelos, tíos y demás parientes para vigilarlas y darse cuenta si su personalidad cambia cuando entran en confianza.

Otra cualidad muy específicas que todo padre quisiera conseguir es el sentido común, sobre todo para cuando se presentan los accidentes caseros.

Cuando el hijo más pequeño de Damaris tenía seis años, se golpeó la cabeza al caer de su bicicleta. Aunque no había evidencias físicas, la forma como sucedió el evento le indicó a la niñera que el golpe era de cuidado. En el hospital se confirmó su sospecha: el niño tenía una fisura en el cráneo, que lo obligó a guardar reposo. "Su juicio jugó un papel muy importante", dice Damaris.

La historia de su nana no es de las comunes y es digna de admiración. Paulina trabajó con su familia por 18 años hasta que se casó y tuvo su segundo vástago.

Para ella, existen muchas buenas muchachas, pero para recibir este trato también hay que darles respeto.


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