Panamá, viernes 18 de febrero de 2005
 
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reto.

Combatir la corrupción, un imperativo

Guillermo Márquez Amado

El 15 de junio de 2003, se proyectó en televisión una entrevista que hizo Luz María Noli a la entonces presidenta Mireya Moscoso en la que particularmente se refirió a las acusaciones de corrupción que se endilgaban a su gobierno y a ella misma. Durante el diálogo manifestó que entregaba un documento a la periodista que la exonera de toda responsabilidad y, por el contrario, prueba sus denodados esfuerzos por desnudarla, sancionarla y erradicarla. Por qué no lo publicó entonces, limitándose a entregarlo según dijo, fue para mí un misterio. Todavía lo es.

Recientemente leí en un diario que la ex presidenta se siente hostigada por el inicio y reanudación de varias investigaciones relativas a transacciones y hechos que la generalidad de los panameños consideramos entonces y ahora, impregnados de corrupción. Tomémosle la palabra y pidamos a Luz María Noli que nos dé a conocer el contenido del documento que entonces le entregó la presidenta.

Es posible que el documento aclare cómo fue la transacción de aprobación del CEMIS y si guardaba alguna relación con la aprobación del magistrado Cigarruista quien en un arranque de vehemencia, prudentemente reprendido por sus colegas, magistrados de una corte desprestigiadísima como quizás nunca antes en nuestra historia, admitió que había existido. Es posible que también aclare, no sólo quiénes fueron los culpables de robarse los durodólares, sino cómo llegaron a las manos de quienes los pusieron en el congelador. Probablemente nos dirá también el misterio que envolvió aquel helicóptero hundido por funcionarios de la fuerza pública que aún hoy son servidores del Estado y pueden declarar.

Antes de un año después de la entrevista el fiscal electoral requirió que se le entregara un informe del uso de las partidas discrecionales (como las denominó el presidente anterior a ella, para quitarles la denominación de secretas y que ambos convenientemente usaron a discreción) y aclarar si habían sido destinadas directa o indirectamente a favorecer a candidatos o partidos políticos. Le fue negado el informe y nos quedamos sin saber, incluso, si de sus fondos se utilizaron recursos que finalmente sirvieran para adquirir la casa de Punta Mala, o para amueblarla o colocar en ella valores que sólo el proponente que terminó comprándola, hermano de la presidenta, pudiera saber, donde para restregarnos el poder que detentaba entonces, se celebró la entrevista. ¡Y ella, Mireya, se siente hostigada!

Por cinco años los panameños nos sentimos hostigados por quienes desde el gobierno que los ciudadanos les dimos para administrar el Estado en función de los intereses de la sociedad y no de los funcionarios, lo hicieron "discrecionalmente" es decir, como les vino en gana, y encima, jugando con nuestra inteligencia, como si la suya fuera superior y abundante.

Si entonces no nos hubiéramos dedicado a defender a ultranza la necesidad de respetar las instituciones y el término constitucional para la administración del ejecutivo, por el bien superior de la democracia, le habríamos hecho un daño a la nación, pues el poder que la mayoría de los ciudadanos le dimos a la presidenta y sus colaboradores seguramente se hubiera usado también "discrecionalmente" para continuar en él.

No se sienta hostigada, ex presidenta, más bien aclare lo que pueda y sepa y diga quiénes pueden y saben lo que usted no. Cuando fue presidenta en más de una ocasión en que distintos ciudadanos nos referimos a la corrupción, usted se limitó a decir, tráiganme las pruebas. Eso es precisamente lo que algunos funcionarios están haciendo ahora que se puede. Buscarlas.

No ceje la Procuradora que comienza con muy buen pie mientras la Corte no entorpezca su labor, como ha hecho antes, y los funcionarios que tengan el deber y la posibilidad de buscar lo que la ex presidenta debió encontrar. Servirá para este y el próximo gobierno. Servirá para el Panamá de ahora y el del futuro.

El autor es abogado y ex magistrado del Tribunal Electoral


Además en opinión

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Combatir la corrupción, un imperativo: Guillermo Márquez Amado
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