| Exclusión.
La infancia de la niñez indígena
Toribia Venado Venado
Transcurre en medio de privación, necesidad, miseria. Los que logran sobrevivir engrosan las filas de los excluidos, socialmente desamparados, dedicados a trabajar o mendigar para ayudarse a sí mismo y a su familia.
No tienen infancia, no son felices, ni siquiera piensan en sus derechos, no tienen esa oportunidad.
Van creciendo a la par de la desnutrición, sus frágiles cuerpos muestran las huellas del retardo severo en talla porque no tienen la mínima alimentación que requieren sus organismos. Mientras estudios especializados reiteran la estrecha relación entre pobreza y desnutrición, éste sigue el mismo patrón de la distribución geográfica y étnica de la pobreza afectando a la mitad de los niños(as) indígenas.
Constituyen un grupo altamente vulnerable que debe ser priorizada y enfocar acciones precisas dirigidas a combatir la pobreza, desnutrición y el analfabetismo.
Por su edad y vulnerabilidad tienen mayor riesgo de ser afectados(as) por la pobreza extrema, la indiferencia y la insensibilidad social de quienes tienen que velar por su bienestar como persona sujeto de derechos inherentes a su edad.
Otras niñas son forzadas al trabajo infantil doméstico, explotadas, expuestas al abuso físico, sexual, al embarazo, a la transmisión de las infecciones de transmisión sexual y el VIH/SIDA. Los niños a falta de oportunidades educativas también trabajan para contribuir al sustento familiar.
Los que con esfuerzo entran al sistema educativo lo hacen con la carencia de la educación pre-escolar que representa en estas regiones sólo el 11.4% de los infantes de 4 - 5 años. Las escuelas no reúnen las condiciones que faciliten la enseñanza aprendizaje, sus estudiantes carecen de libros de texto por falta de dinero para comprarlos, estos centros no tienen agua potable, servicios sanitarios ni electricidad.
El Informe de Desarrollo Humano 2002 indica que la pobreza influye negativamente en la permanencia escolar exitosa: el 12% de la niñez en pobreza extrema y el 9% de la niñez en pobreza han repetido una o varias veces el mismo grado de educación primaria, mientras que el estudiantado indígena presenta tasas de repetición y deserción que doblan las de las áreas urbanas y rurales.
Preocupa la situación educativa y el derecho del niño(a) de acceder al sistema en condición de igualdad de oportunidad, ya que este proceso -- en el futuro -- mejora la calidad de vida de las personas, ampliando las ofertas laborales y salariales.
Al observar la condición humana y social de la niñez indígena, nos preguntamos cómo se refleja la vigencia de los principios fundamentales del menor señalados por la Convención sobre los Derechos del Niño y la legislación nacional, que erige como norte a seguir el interés superior del menor y el derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo.
La Convención en el artículo 3 desarrolla el concepto del interés superior del menor, como la adopción de medidas que deben tomar las instituciones públicas, privadas y el Estado que promuevan y protejan en primera instancia, y con carácter preferente los derechos de los niños(as) y adolescentes.
Principios universales que deben prevalecer obligatoriamente, sin distinción en todo lo que se relacione a la infancia.
El estado en que se encuentra la niñez indígena es discriminatoria y excluyente, muestra del rezago y falta de interés por los problemas de los niños(as) que están en las comarcas. Sin los correctivos sociales, educacionales, económicos y de salud, nuestros niños(as) seguirán debatiéndose en el ciclo de la pobreza si no rompemos ese círculo que viola sus derechos humanos. La principal tarea será priorizar la educación de calidad, focalizando políticas educativas a través de inversiones, medio que permitirá interrumpir la transmisión intergeneracional de la pobreza.
La autora es indígena de la comarca Ngöbe Buglé.
Además en opinión
• La eterna promesa de los benditos impuestos: Enrique Ho Fernández • Los cinco cambios inaplazables: I. Roberto Eisenmann • La infancia de la niñez indígena: Toribia Venado Venado • Sexo y condones: Roberto Hernández • La pobreza del panameño: Ameth Cerceño Burbano
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