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Las "deformas" según Pedrito
Jaime A. Porcell
Japorcell@yahoo.com.mx
Un Pedrito tan travieso como flaquito, reiteró lo que Sánchez Borbón desde La Prensa, demostró una y otra vez: la pluma detenta mil veces más poder que el poderoso Estado. No en vano, el tema "Catín le dijo a Martín" rompe una casi perfecta sincronización de sesudos estrategas quienes supusieron que, luego de la aprobación de las reformas, "este es pueblo tragarreales, ´tá pensando en carnavales".
En carnavales, el tema seguirá teniendo mayor impacto en la opinión que la inmensa pauta de la cuña y jingle (bello tambor de calle) ¡ahora es cuando, Panamá! Con toda su irreverencia, el autor resumió y dejó constancia histórica del sentimiento de imposición que acompañó la falta de consulta y a la aplanadora de diputados, "zombies programados".
Nada de lo referido a las reformas fiscales ha demorado demasiado. "Catín le dijo…" estaba en el escritorio de Pedrito el sábado 29, en el estudio de grabación el domingo, y el lunes pasado, en las emisoras. Pero, a diferencia de la ley que lo motiva, el numerito aterriza con viento a favor y es éxito instantáneo.
Las "deformas" aterrizan en un ambiente enrarecido por la demora, y pasan sin una justa reflexión sobre sus consecuencias en el empleo y en el PIB. El Gobierno mostró no demasiada voluntad en compartir información ni de negociar, más allá de lo mínimo, con un sector al que tildó de evasor y de irresponsable con los pobres. A pesar de que exhalaba por toda la ruta un tufillo autoritario, la decisión de avanzar a paso de ganso resultaba inaplazable.
Son los propios artífices, Catín y Martín, quienes suavizan la confrontación. Incluso, en el buen par de ocasiones en que el presidente conversa con el sector privado pareció complaciente. A pesar de que aceptan veintiséis cambios al proyecto original, nunca negocian el corazón, el impuesto a la renta bruta, "esa guialcita, es la IRMA", diría un irónico Pedrito.
Para registrar el caso en la memoria popular, no hizo falta un arnulfismo quien pareció demasiado inmerso en sus problemas, menos unos desganados diputados de oposición, excepción de José Blandón y Mireya Lasso. El trabajo de una Coordinadora de Oposición, léase Ricardo Martinelli y José Raúl Mulino, fue creando ambiente. Un Endara convaleciente también hizo lo suyo, y qué decir del sector privado y de los profesionales.
Pero, la combatividad del sector privado en la "reformanía", al no exigir al Gobierno discutir una visión a largo plazo del desarrollo, adoleció de estrategia.
Saúl Méndez de los trabajadores organizados, también favorece discutir un proyecto de desarrollo. Los trabajadores entienden que, "la trastada de la cascada", o sea, los efectos inflacionarios caerán sobre todos los panameños y que la reforma tampoco resolverá la pobreza. No tragan aquello de "¡salud!, aquí está su Robin Hood". Observan, con lucidez, que hoy recarga a la clase media y mañana, al más pobre, mientras no toca al gran capital. Con visual ejemplar, aquellos preparan la estrategia para pelear el aumento de un salario mínimo a B/.700.00 para adelantar el pronóstico marxista del colapso del sistema.
Patria Nueva logra éxito al aprobar una ley fiscal, pero que todavía resulta insuficiente para que el país obtenga grado de inversión. El debate hereda a René Luciani y a la inaplazable reforma a la Caja, un sector privado y capas medias pintados de guerra. Y lo que es peor, también un partido de gobierno estigmatizado ante la opinión pública "con su fragancia ´e dictadura".
Ahora, la necesaria reforma al Seguro supondrá otra batalla donde la fecha límite de aprobación impone un cronograma que no será más extenso que los dieciocho días anteriores. Y la estrategia del apuro afirmará la revivida percepción de un PRD autoritario. Yo gobierno, me detendría a pasar el golpe. Yo Pedrito, ya iría preparando el escritorio para el próximo numerito.
El autor es investigador de Mercado
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