| Sexo.
¿Procreación
o recreación?
Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net
Cuando se acercan los carnavales, resulta frecuente escuchar o leer sobre el tema del sexo. Como profesional de salud, censuro la política del MINSA de no repartir preservativos o de no tener puestos sanitarios con libre acceso a condones. La actividad sexual va a acontecer con frenesí independientemente de lo que digamos o hagamos para detenerla.
No es el momento de sermones ni clases aceleradas de moralidad sino de evitar las habituales alzas en el número de abortos clandestinos, embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual que ocurren meses después del jolgorio colectivo. La educación moral y sexual se enseña en el hogar o en la escuela y, por tanto, estas constituyen opciones personales que cada individuo ejecuta a su libre albedrío.
La labor ministerial es técnica y enfocada a la salud de toda la población, sin distingo de credo, género, orientación sexual o partido político.
La conjunción de todos estos esfuerzos debe garantizar el alcance de una sexualidad responsable que incluya retraso en la edad de inicio de la relación sexual hasta tener plena conciencia de las consecuencias, la reducción en la cantidad de parejas sexuales hasta alcanzar fidelidad plena y el uso rutinario y adecuado del condón para evitar calamidades posteriores irreversibles.
Recientemente, se han publicado varios artículos de opinión sobre la ética de la sexualidad y la condena del condón. Disculpen la crudeza de mis palabras, pero no creo que personas con nula o mínima experiencia copulativa puedan erigirse como sabios en el campo de la sexualidad ni tampoco que individuos ya en trance hacia la senectud se olviden del ímpetu gonadal de su vivida adolescencia y dicten ahora cátedra de moral. Nuestros adolescentes no necesitan que pensemos por ellos, sólo ansían que les demos las armas educativas para pensar por ellos mismos.
Cuanto más los agobiemos con sermones y mensajes represivos, más rebeldes se nos tornarán. Walter Bagehot, periodista británico, decía: "el más grande placer en la vida es hacer lo que la gente grande dice que no se debe hacer".
El problema es que se piensa, erróneamente, que la finalidad exclusiva del acto sexual está relacionada con la procreación. La evidencia científica y el sentido común indican que el sexo es precisamente lo contrario, una actividad tendiente preferentemente a la recreación.
Los humanos tenemos la particularidad (algo sólo compartido por delfines y ciertos chimpancés) de tener apetito sexual todo el mes mientras que el período de "celo" de la hembra (etapa fértil) sólo dura 5 días.
Es más, la mujer puede practicar sexo durante cada embarazo y después de la menopausia, momentos en que la procreación natural representa tan sólo una quimera.
Mientras diversas culturas indígenas y asiáticas sublimizan el sexo -basta adentrarse en la filosofía del tantrismo o en las lecciones de kamasutra- en nuestros países el sexo se sataniza.
A pesar de demonizar el sexo, sin embargo, las páginas porno son las más visitadas en internet y la viagra es el fármaco de mayor venta en el mundo.
Cuando el sexo no sea visto como un hipócrita tabú y sea considerado como la búsqueda responsable del máximo placer corporal, es cuando nuestra juventud captará el mensaje. Ya lo decía el famoso cineasta Woody Allen, "el más grande placer en la vida es el sexo con amor; el segundo más grande placer en la vida es el sexo sin amor".
El autor es médico pediatra e infectólogo
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