| PROCESIÓN.
MÁS
de 100 MIL ALMAS MANIFESTARON SU DEVOCIÓN.
San Juan Bosco reafirma su liderazgo
Por todo el camino se rezaba el rosario y se entonaban canciones en honor al milagroso santo.
En la procesión, hombres, mujeres y niños se unieron en una interminable serpentina humana.
Hermes Sucre Serrano
hsucre@prensa.com
La fe y la credibilidad no solo mueven montañas, sino también mucha gente. Los políticos panameños se las ven "a gatas" para montar una marcha de 2 mil personas contra las reformas fiscales o cualquier otra protesta de turno; sin embargo, ayer, San Juan Bosco puso más de 100 mil almas en las calles.
Cuando Don Bosco salió de la basílica, parecía que la iglesia descansaba sobre los hombros de los miles de fieles. La carroza, adornada con flores multicolores, se desplazaba con lentitud y hubo que colocar sogas especiales para contener a la multitud.
El candente sol castigó a los fieles, pero por todos lados aparecían hileras de vendedores de "raspao" y de agua embotellada que calmaban a los sedientos de agua y de esperanzas de que el santo les traerá mejores días.
Mujeres con chancletas en las manos, niños en coches, adultos en sillas de rueda, jóvenes y ancianos, se unieron en una interminable serpentina humana que llenó las calles de Calidonia.
No faltaron los funcionarios públicos -con caras de abnegados- y los políticos, algunos aún con las huellas de los golpes recibidos en las urnas en mayo pasado, que suspiraban cuando veían la marejada humana desplazándose tras las huellas del milagroso guía de las juventudes.
Un ejecutivo que trabaja por la avenida Justo Arosemena pasó su percance. Dejó el auto estacionado en una de las calles por donde pasaría la procesión. Tuvo que esperar casi hora y media que se acabara la multitudinaria peregrinación para retomar su BMW. Mejor la hubiera caminado.
En la procesión participaron muchas bandas musicales. Por todo el camino se rezaba el rosario y se entonaban canciones en honor al santo.
Había cientos de vendedores de estampitas, escapularios, oraciones, resguardos y pañuelos blancos para vitorear el paso del milagroso. Por todos lados había policías para evitar que ladrones infiltrados entorpecieran las oraciones de los feligreses y se llevaran la plata del pasaje, ya que acudió gente de toda la provincia.
Una doña, de esas allegadas a la iglesia, regañó a un grupo de muchachas –había en gran cantidad– que, haciendo calistenia previa a los carnavales, llevaba ropa "muy" liviana.
Después de casi tres horas en la calle, Don Bosco entró a su basílica en medio de fuegos artificiales, aplausos y pañuelos blancos. ¿Quién dijo que en Panamá no hay liderazgo?
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