Panamá, martes 1 de febrero de 2005
 
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PETRÓLEO.
LA DELGADA LÍNEA ENTRE LOS CARTELES, LA OFERTA Y LA DEMANDA.

El juego de los combustibles

Panamá consume 14.2 millones de barriles por año. El consumo mundial es de 83.9 millones de barriles diarios.

En 2004, cuando el barril llegó a cotizarse en 55.67 en Nueva York, en Bocas el galón costaba 3 dólares.

Mario A. Muñoz
mmuñoz@prensa.com

LA PRENSA/Archivo

Si los países petroleros bajan la producción o aumenta la demanda, el precio sube.

El aumento en el precio del barril de petróleo es uno de esos asuntos que a todos afecta, pero que pocos entienden.

¿Qué tiene que ver un atentado con bombas en Bagdad con el aumento del galón de gasolina de 95 octanos en Río Abajo?: mucho según los expertos.

Sin embargo, para Carmen, una consumidora "conocedora" del tema, eso es puro cuento, pues el mercado mundial no cuenta con el petróleo de Irak desde hace 10 años, cuando el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos limitó su aporte a la cuota que podían canjear por alimentos.

Pero no todos los consumidores son tan analíticos al enfrentar el problema. Si bien unos pocos —aunque se molestan— se resignan a pagar cada día más, son muchos más los que reaccionan con ira cuando cambian los precios.

Y es que no se trata solo del aumento de la gasolina y el diésel; también aumenta la comida, la luz y en general el costo de la vida. Todo sucede, según las organizaciones de consumidores, ante la mirada pasiva de las autoridades, que anuncian los aumentos, mientras las empresas traspasan las variaciones de precios a los distribuidores y estos, a su vez, se las cargan al consumidor.

"El mercado se regula por la libre oferta y demanda", dicen en el Ministerio de Comercio e Industrias, y alegan tener las manos atadas para frenar los aumentos.

Refuerza el discurso la Dirección de Hidrocarburos del mismo despacho, cuyas autoridades señalan que la "variedad" de precios a los que se vende el producto es el resultado de esa libre oferta y demanda.

Los dirigentes de los consumidores, por su parte, se preguntan por qué si las reservas de Panamá están previstas para 10 días, tan pronto se anuncia el aumento del barril de crudo en el mercado de Estados Unidos, los precios de venta varían.

Aurelio, otro consumidor de la capital, asegura que algo no cuadra en esas matemáticas. Para él, el paisaje es simple: cuando el costo de la gasolina está en 1.90 de dólar el galón, llena el tanque de su carro con 20 dólares, pero cuando el precio es superior debe invertir por lo menos cinco dólares más. Y esa cifra es la que debe gastar cada semana para ir de su casa al trabajo y viceversa.

La angustia de los jueves

Las respuestas a cómo funciona el sistema son previsibles: el mercado es sensible y cambiante, porque lo altera tanto la disminución en la oferta del producto, como el aumento en el consumo.

Por ejemplo, cuando los países petroleros bajan la producción, el crudo escasea y los precios suben.

El mismo efecto se produce cuando naciones como Estados Unidos y China, con un consumo de 30% y 28% respectivamente, aumentan sus compras. La situación fue más grave el año pasado, cuando el crecimiento de estos grandes consumidores fue mayor.

En Panamá, se consumen por año 14.2 millones de barriles, mientras que en el mundo se utilizan diariamente 83.9 millones de barriles.

Tanto por la oferta como por la demanda, en 2004 los precios llegaron a sus máximos históricos: 55 dólares con 67 centésimos el barril en Nueva York.

En el istmo, como era de esperarse, los precios subieron: en octubre el galón llegó a costar dos dólares con 62 centésimos como promedio en la capital, mientras que en Bocas del Toro se vendió a 3 dólares.

Yasmina recuerda que cuando el mercado panameño estaba regulado el galón del combustible nunca costó más de 1.90 de dólar. Y como si la hubieran escuchado, un grupo de gasolineros agrupados en la Asociación de Distribuidores de Gasolina y Derivados de Petróleo dice que la solución del dilema es que el Estado regule los precios y se eliminen los contratos entre concesionarios y empresas mayoristas.

Esta petición ya tuvo eco en la Comisión de Comercio de la Asamblea Legislativa. Pero el director de Hidrocarburos, Wolfram González, afirma que solo hay anomalías en las estaciones de combustible del interior, donde "hay precios por arriba de lo normal".

Las petroleras insisten en que los consumidores panameños no deben preocuparse tanto, porque tienen los mejores precios de Centroamérica. Incluso, dicen que la competencia les ha obligado a reducir sus márgenes de ganancia .

Las posiciones equidistantes de los grupos involucrados hacen que cada 14 días el jueves se convierta en el día más angustioso de la semana. Esa es la fecha en la que se anuncia si el galón sube o baja.

Por lo pronto, las apuestas corren y todo indica que esta semana el consumidor vuelve a perder.

La teoría sobre el ‘techo’ de la producción

En 1956, el ingeniero de la Shell King Hubbert analizó el ciclo de vida de los pozos petroleros, y concluyó que cada uno tiene un rendimiento creciente en su nivel de extracción diaria hasta que se llega a la mitad de su reserva. Una vez allí, su capacidad se reduce hasta agotarse por completo.Esta hipótesis dio lugar a la "campana de Hubbert". Con ella como guía, él predijo que los pozos de los 48 estados de Estados Unidos llegarían a su techo en 1969. Su predicción se cumplió en 1970. Usando la misma campana e hipótesis, Colin Campbell y Jean Laherrére predijeron el fin del petróleo barato. Su fecha límite fue el año 2003. Con ella también anunciaron la subida constante del precio.The Association for the Study of Peak Oil and Gas estima que el techo se alcanzará en 2005. ¿Son correctas las predicciones? Quienes no creen argumentan que siempre se han encontrado nuevos pozos. Pero lo cierto es que son cada vez menores y con menos reservas. (Basado en un análisis de Gerardo Honty, tomado de internet).


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