| frustración.
Entre desengaños y reformas ‘sacaplata’
Yohel Amat
yohelyav@hotmail.com
Dicen que lo que mal comienza, mal termina. De ello puede dar fe el gobierno recién pasado el cual desde el principio comenzó a dar muestras de irregularidades a las cuales nadie prestaba atención, ya sea porque el pueblo estaba de "luna de miel" con la Doña por aquello de "pobrecita, no es ella, son quienes la rodean", o como gobierno porque a nadie le importaba. Estaban ocupados en otras cosas. Cuando un gran porcentaje en las elecciones del 2004 votó por el partido en el gobierno, lo hizo con fe ciega de que iban a cumplir sus promesas. Sin embargo, ahora el país entero ve con asombro cómo han comenzado su gestión justificando su incapacidad para dar respuesta apoyados por un déficit que nadie cuestiona, pero que nadie justifica cómo hasta la fecha no haya nadie preso por ello. Para resolver el entuerto recurren a una reforma tributaria que tampoco nadie cuestiona, pero que nadie apoya en su actual encarnación, ya que lo único que hace es echar más carga sobre la clase media de este país que es la que paga Seguro Social, pero no lo usa; paga Seguro Educativo, pero se esfuerza para pagar escuela y colegio privado para sus hijos y por lo tanto no ocupa los públicos; que paga Impuesto Sobre la Renta y no tiene cómo evadirlo, ya que se lo descuentan de su salario; paga ITBM porque es la clase que más consume y gasta en este país y sin embargo el Gobierno es poco lo que le devuelve a cambio; paga sus cuotas del Seguro Social y sin embargo le pagan la jubilación con límites en los montos. Si esto no es solidaridad, no sé cómo llamarlo. Lo que nos preocupa es que nuevamente el pueblo se siente engañado, ya que había depositado su confianza en un partido que había prometido más empleo y seguridad "casado" con cero corrupción y lo único que ha visto es desempleo, inseguridad e impunidad. Las actuales reformas tributarias supuestamente dotarán al Gobierno de los recursos para asistir a las clases desposeídas de este país y para pagar la alta morosidad en deuda social que han tenido los últimos gobiernos. Sin embargo, por ningún lado existe un compromiso y menos las garantías de que efectivamente dichos recursos extras se usarán para tales fines con transparencia y honestidad.
El Gobierno pide confianza, pero ¿Podemos confiar en un gobierno que a menos de seis meses ya rompió una de sus promesas, a saber derogar la reforma "sacaplata" de Mireya, como el mismo presidente le llamó? ¿Podemos confiar después de haber pasado por el trauma de cinco años de un gobierno que supuestamente era de los pobres y lo único que hizo fue engrosar el porcentaje de los menesterosos a punta de corrupción? ¿Podemos confiar en un gobierno que se ha declarado incapaz de cobrar sus impuestos y de evitar las evasiones fiscales? Lo que realmente preocupa es que la fe de la ciudadanía para con sus gobernantes cada vez se ve disminuida por los desengaños que sufre con cada gobierno que pasa.
Ello me recuerda una serie de TV donde el protagonista principal luchaba contra una oscura organización gubernamental que actuaba detrás del poder. Dicho héroe tenía a su madre agonizante por culpa de dicha organización en una cama de hospital, motivo por el cual se sentía totalmente destrozado y con una sed de venganza contra los culpables.
El malo de la película empezó a mover cielo y tierra para encontrar una cura para la mamá del héroe hasta que consiguió salvarla. Sus subalternos se extrañaban de ese celo por curar a la madre de su peor enemigo, a lo cual el mismo respondió: "El peor enemigo es aquel que no tiene nada que perder. Démosle a su madre viva y podremos seguir manipulándolo en el futuro".
Un pueblo que no tiene nada que perder corre el peligro de tornarse peligroso y aquí puede haber una explosión social, fruto de la frustración y del desengaño de ver cómo una vez más fue burlado por cinco años; de ver cómo los corruptos se pasean por las calles con total impunidad; y de ver cómo sus ministros, diputados, magistrados y funcionarios ganan hasta más de 30 veces el salario mínimo en un país que está tratando de progresar. Sólo nos queda encomendarnos a la Magna Presencia y rogar que la cordura prevalezca.
El autor es analista programador
Además en opinión
• Así es mi país: Flor Ortega • La inseguridad ciudadana: Severino Mejía • La condena del condón: Irving H. Bennett N. • Entre desengaños y reformas ‘sacaplata’: Yohel Amat • De lo mediocre a lo inmoral: Ameth Cerceño Burbano
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