| criminalidad.
La inseguridad ciudadana
Severino Mejía
La "seguridad" es un estado de confianza en la que el individuo percibe que sus bienes y su propia integridad física están protegidos de acciones destinadas a producir un sentimiento contrario. Cuando el individuo siente que sus intereses están desprotegidos, él se pregunta: de qué nos hemos de cuidar y, su consecuencia, a quién se atribuye la función tuitiva.
En el periodo del oscurantismo, la seguridad provenía de la organización de los vecinos frente a las emergencias. Los fenómenos naturales o los recaudadores de impuestos eran peligros externos frente a los que la ciudad amurallada era símbolo de seguridad. La protección se garantizaba a través de la ayuda mutua, la buena vecindad, simbolizada por la campana de la iglesia que movilizaba a los vecinos ante las contingencias.
El desarrollo de las metrópolis trajo consigo un cambio radical en las percepciones, en las que la inseguridad y el miedo son nuevos actores en su vida. Si en las ciudades medievales el peligro se encontraba extramuros, en las grandes urbes de hoy lo peligroso se halla en la propia ciudad, es decir, dentro de ellas mismas.
Si en el pasado, el origen del miedo se fundamentaba en las pestes, la misma se combatía exilando a los enfermos. En el mundo de hoy al erradicarse estas enfermedades infectocontagiosas, surgen otro tipo de epidemias de carácter social en las que la autoridad ya no expulsa a los leprosos, sino que disciplina a la ciudad, estableciendo un sistema de control exhaustivo de personas y bienes.
Vemos entonces dos estrategias de seguridad, la segregación o exilio y la disciplina, que aunque se vean diferentes, en el fondo tienen cierta compatibilidad. Este razonamiento se fundamenta en las políticas de control social que ejercen los Estados en nuestros días por ser los que ejercen el monopolio del poder y la autoridad.
De este modo deducimos que el desarrollo de las grandes ciudades trae consigo el surgimiento de otros peligros que provienen ya no de las catástrofes naturales sino de otros ciudadanos. El Estado transforma las instancias informales de control social a controles formales, con la creación de los juzgados, centros de reclusión y sobre todo, el responsable de perseguir el crimen: el Policía.
Sin embargo, nosotros debemos preguntarnos si la asociación, inseguridad-criminalidad nos lleva a cuidarnos de esta última y de no ser así, qué es lo que determina que la cuestión criminal se resalte en las personas como uno de los problemas más graves y urgentes. En la actualidad, los ciudadanos reciben a diario las imágenes de delitos cometidos en la sociedad a través de los medios masivos; unos más otros menos, es resaltado en primer plano. Quizás lo hacen para fascinar a sus lectores o para incrementar las ventas de los periódicos, pero en fin, crean la sensación de que esa criminalidad violenta, cercana a lo que Hollywood nos envía enlatados, lleva al ciudadano a sentir la necesidad de protegerse. El aumento desmedido del crimen en nuestro país y en algunos casos, la saña con que se comete, incrementa la sensación de inseguridad y su difícil respuesta ciudadana, contrastando con un elemento visible que es presentado diariamente como una amenaza real: la criminalidad. Ese criminal, con importante déficit psicológico y/o social, insensible, sin escrúpulos, un auténtico inadaptado social, como encarnación de todos los males de la sociedad, tiene que ser neutralizado.
Sin embargo, en nuestras sociedades poco se hace para que esta persona sea sometida a un proceso de rehabilitación o reciclaje social que le permita insertarse en la comunidad como un ciudadano renovado. No es nada fácil esta tarea. Para eso hay que romper paradigmas. En las sociedades actuales, un ex delincuente está etiquetado, limitándose su oportunidad de ser absorbido por esa sociedad que lo condenó cuando en el fondo lo que busca es ser auxiliado para que lo rescaten de las garras del crimen. Desafortunadamente no es así. Individuo que tiene un récord es un individuo condenado al cual se le tiene temor y recelo. Desde un punto de vista humano, no se puede ser demasiado crítico a estas conductas sociales, que hasta cierta forma son comprensibles cuando la criminalidad no da muestra de mejorías. Esto provoca que la seguridad y protección frente a la criminalidad se vean como equivalentes. Al panameño le interesa, de acuerdo a su esquema mental, que la Policía Nacional resuelva el asunto, considerando como principales causas de la inseguridad, los homicidios con armas de fuego, el robo, el hurto y las drogas.
En Panamá, el tema de la seguridad ciudadana aparece situado para todos, sin distinción de raza ni bandería política, en un lugar preferente, probablemente por encima de la igualdad social y la solidaridad. ¿Será la estrategia represiva la única forma de detener la criminalidad y elevar el estado de confianza de los panameños? Mi respuesta es NO. La lucha contra el crimen requiere la participación no sólo de los agentes dedicados a aplicar la ley sino de toda la sociedad.
El binomio represión-rehabilitación es la ecuación más apropiada para dar el golpe de timón que permita visualizar a corto y mediano plazo, los cambios cualitativos que la sociedad espera obtener para lograr pasar de un Estado penal-policial a un Estado regenerador en la que todo el colectivo considere a la seguridad más que una necesidad, en un estilo de vida y vivir en una ciudad segura más que disciplinada.
El autor es abogado
Además en opinión
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