Desde
tiempos inmemoriales la humanidad ha sufrido los efectos
de la pobreza. A través de los siglos han surgido
toda clase de ideas, propósitos y propuestas, movimientos
políticos y sociales, religiones, predicadores,
agitadores, filósofos, políticos y muchos
otros que claman por eliminar o reducir la pobreza. Nadie
puede estar en contra de cualquier intento de mejorar la
condición económica de los panameños.
Las causas y soluciones a los problemas de la pobreza continúan
como tema permanente de debate en todos los confines del
mundo. Todavía no ha surgido una solución
real, efectiva e inmediata, pero el Gobierno nos somete
a una nueva reforma fiscal. Esperamos que con este esquema
tributario, la política de gastos oficiales, el
manejo de la deuda pública y la administración
hacendaria se adecuen a la realidad de que somos pobres.
Nunca han faltado los demagogos y falsos profetas que,
a título de impulsar los gastos sociales, justifican
los excesos y la ineficiencia. El país no aguanta
más defraudación ni fracasos, y es hora de
que, por amor a la patria, los gobernantes hagan un verdadero
sacrificio para el futuro de la nación.
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