| Campaña.
Pugna sobre jefatura de la OEA
Betty Brannan
Jaén
WASHINGTON, DC, EU. —Toda pugna política tiene su prólogo. En el caso de la pugna actual sobre quién será el próximo secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el prólogo ocurrió en 1994, cuando César Gaviria (ex presidente de Colombia) obtuvo el puesto por encima de la candidatura de Bernd Niehaus (ex canciller de Costa Rica). Niehaus pensó que a él le tocaba el cargo por ser centroamericano, ya que todos los secretarios anteriores habían sido de países sudamericanos (Colombia, Chile, Uruguay, Ecuador, Argentina y Brasil). Pero Estados Unidos dispuso que Niehaus carecía de estatura y que sería preferible tener un ex presidente como secretario general, alguien que —explicó Oscar Arias— fuera "una figura con liderazgo hemisférico, capaz de tomar el teléfono y hablar de igual a igual con cualquiera de los presidentes". El propio Arias, ex presidente de Costa Rica y Premio Nobel, hubiera sido la persona perfecta, pero una disputa política tica bloqueó su candidatura.
Ante eso, Washington escogió a Gaviria y se encargó de asegurar su triunfo. Niehaus, al verse derrotado, no pudo contener su amargura por el rol estadounidense. "Es evidente que en la OEA, los países grandes se sienten llamados a imponer su voluntad y sus criterios a los países que consideran de segunda", afirmó Niehaus en un discurso de despedida en la OEA. "Si esto va a seguir siendo la norma en la OEA, pareciera mejor abstenerse de formalismos y pedir que el país en cuestión siga nombrando directamente a los titulares de todos los cargos. Sin embargo, debemos siempre tener conciencia de que peor que una actitud imperialista de los fuertes, es una actitud colonial de los débiles". El periodo de un secretario general de la OEA es de cinco años, con posibilidad de reelegirse una sola vez. Así, Gaviria duró 10 años en el cargo y el año pasado se renovó la idea de que esta vez sí le tocaría el cargo a un centroamericano, siempre y cuando tuviera estatura de ex presidente. Se pensó inicialmente que el candidato fuerte sería Francisco Flores, ex presidente de El Salvador y consentido de Washington, pero este no se lanzó y el que quedó fue Miguel Ángel Rodríguez, ex presidente de Costa Rica. Como todos saben, este tuvo que renunciar por acusaciones de corrupción, tras solo dos semanas de haberse posesionado del cargo. Así llegamos al momento actual. Hay tres candidatos declarados: Flores (ex presidente salvadoreño), Luis Ernesto Derbez (canciller mexicano) y José Miguel Insulza (ministro chileno). Hay quienes piensan que el cargo todavía le toca a un centroamericano y hay otros que piensan que Centroamérica tuvo su chance con Rodríguez, por más que se quemó después de solo dos semanas. Estados Unidos anunció hace varias semanas que su preferencia sería un centroamericano con rango de ex presidente. El jueves, Estados Unidos confirmó lo obvio, anunciando su respaldo a Flores. Fuentes diplomáticas me indicaron que el subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Roger Noriega, convocó una reunión el viernes en la tarde con todos los embajadores latinoamericanos (tanto ante la OEA como ante la Casa Blanca) con el propósito (yo presumo) de promover apoyo (no digamos torcer brazos) para Flores. La tradición en la OEA es que una decisión por consenso siempre es preferible a una votación peleada. Pero Derbez e Insulza, por lo que veo, no están listos para darse por vencidos. Insulza está en Washington haciendo campaña y dará una conferencia de prensa en la OEA el martes. Derbez dice tener el apoyo de Canadá, Belice, Bolivia y dos países caribeños. Y Flores no está libre de problemas. El Consejo para Asuntos Hemisféricos (COHA) publicó un comunicado esta semana que se refiere a "rumores de corrupción" en torno a Flores y destaca que su servilismo hacia Washington le resta credibilidad. Venezuela se opone a Flores porque, según COHA, este fue uno de los pocos líderes latinoamericanos que reconoció el gobierno golpista que intentó tumbar a Hugo Chávez en 2002. En cuanto a la guerra en Irak, Flores no solo apoyó a Washington, sino que envió tropas. COHA señala que Insulza, por contraste, se ganó la enemistad de Estados Unidos por su oposición a la guerra, sin hablar de que es socialista. Lo bonito, sin embargo, sería que la elección del próximo secretario general de la OEA se decidiera no basada en favores geopolíticos, sino por meritocracia y con miras a crear un organismo genuinamente comprometido con la democracia y el bienestar de los pueblos. Lamentablemente, eso luce imposible.
La autora es corresponsal de La Prensa
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