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Panamá, 23 de enero de 2005
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Relaciones Internacionales.

Reacción a ‘la doctrina Bush’:Betty Brannan Jaén

Betty Brannan Jaén

PARÍS, FRANCIA . En las dos semanas que llevo de estar aquí, no he encontrado un solo francés que hable bien de George W. Bush, el presidente estadounidense que acaba de iniciar su segundo periodo. Los franceses con quienes converso encuentran inexplicable que Bush haya sido reelegido y expresan inquietud sobre lo que esto significará para el mundo, además de que deploran el fervor religioso que parece ser la base política de Bush. Lo que he visto a nivel individual se compagina perfectamente con lo que he visto en los medios. Pocos días antes de la toma de posesión -que fue el jueves, 20 de enero- un sondeo de la BBC (British Broadcasting Company) mostró que 75% de los franceses piensan que Bush ha convertido el planeta en un lugar más peligroso, no más seguro (encuestas en noviembre mostraron que 71% de los franceses favorecían al candidato demócrata, John Kerry, sobre Bush). Lo mismo ocurre en la América Latina, donde la BBC encontró que 78% de los latinoamericanos.

Los republicanos piensan que Bush ha tenido un efecto negativo sobre la paz mundial. En total, informó la BBC, un 58% de los encuestados en 21 países sienten ese pesimismo, con el agravante de que menos y menos se distingue entre ser "anti-Bush" y ser "anti-americano". La razón es que en el primer periodo presidencial de Bush, la percepción general era que él había llegado a la Casa Blanca por accidente (por no decir fraude) y que sus políticas no reflejaban el verdadero sentir del pueblo estadounidense; pero esa tesis se ha hecho insostenible ante la reelección de Bush. " Hemos estado soñando", dijo una analista francesa a Tom Friedman, columnista del New York Times. "La realidad es que Estados Unidos se está alejando de nosotros [y] no compartimos los mismos valores". El pesimismo europeo sobre los próximos cuatro años de Bush se vio reflejado en una cobertura de su toma de posesión que mostró escepticismo pero no hostilidad desenfrenada (hasta donde yo pude ver). El discurso del presidente estadounidense expuso una llamada "doctrina Bush", que le otorga a Estados Unidos el derecho y el deber de liberar a todos los pueblos oprimidos del mundo. Diarios franceses tanto de izquierda (Le Figaro) y de derecha (Le Monde) titularon que "Bush II [será] misionero de la libertad". Le Fígaro destacó el tono "mesiánico" del discurso de Bush, y Le Monde subrayó que la postura de Bush como defensor internacional de la libertad es inconsistente con las leyes represivas que él respalda en el plano doméstico. Le Monde también planteó en su editorial que Bush "cerrará los ojos" con respecto a las dictaduras que "cooperen" con su agenda internacional. El Financial Times, diario británico, observó que si los seis "bastiones de tiranía" para Bush son Belarus, Birmania, Cuba, Irán, Corea del Norte y Zimbabwe, ¿cómo explica uno que países como Siria, Sudán, Paquistán y China no estén también en la lista? El problema es que la "doctrina Bush" sería inobjetable si uno creyera en su sinceridad. ¿Quién puede oponerse a la idea de que todo ser humano tiene derecho a ser libre y que todos los pueblos libres tienen un deber de ayudar a liberar a sus hermanos esclavizados? En Panamá, precisamente, sabemos bien lo que es ser un pueblo abusado que ningún otro país quiere ayudar. El derecho internacional -y sobretodo la moralidad internacional- necesita reformar conceptos obsoletos de no intervención para permitir intervenciones liberadoras, hechas con el fin restablecer la auto-determinación de un pueblo en vez de aniquilarla. Pero Bush, lamentablemente, ha perdido toda credibilidad en ese rol por la arrogancia, la incompetencia, y las mentiras de su invasión a Irak y por el contenido anti-libertario de sus políticas domésticas. Condoleeza Rice (designada para secretaria de Estado) dice que Bush se ha inspirado en los escritos del activista ruso Natan Sharansky, que usa "la prueba de la plaza" para determinar si un pueblo es libre; es decir, que un país no es libre si uno no puede ir a la plaza a ventilar críticas sin temor de ser arrestado. Bajo ese criterio, sin embargo, los mil ochocientos manifestantes que fueron arrestados ilegalmente durante la convención republicana en Nueva York son confirmación de que Estados Unidos ya tampoco es un país libre. Si se dice en Estados Unidos que "charity begins at home" (la caridad comienza en casa), igualmente hay que decirle al señor Bush que "liberty begins at home" (libertad comienza en casa).

La autora es corresponsal de La Prensa
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