| Relaciones Internacionales.
Reacción a ‘la doctrina Bush’:Betty Brannan Jaén
Betty Brannan Jaén

PARÍS, FRANCIA . En las dos semanas que llevo
de estar aquí, no he encontrado un solo francés que hable bien
de George W. Bush, el presidente estadounidense que acaba de iniciar su segundo
periodo. Los franceses con quienes converso encuentran inexplicable que Bush
haya sido reelegido y expresan inquietud sobre lo que esto significará para
el mundo, además de que deploran el fervor religioso que parece ser
la base política de Bush. Lo que he visto a nivel individual se compagina
perfectamente con lo que he visto en los medios. Pocos días antes
de la toma de posesión -que fue el jueves, 20 de enero- un sondeo
de la BBC (British Broadcasting Company) mostró que 75% de los franceses
piensan que Bush ha convertido el planeta en un lugar más peligroso,
no más seguro (encuestas en noviembre mostraron que 71% de los franceses
favorecían al candidato demócrata, John Kerry, sobre Bush).
Lo mismo ocurre en la América Latina, donde la BBC encontró que
78% de los latinoamericanos.
Los
republicanos piensan que Bush ha tenido un efecto negativo sobre la paz
mundial. En total, informó la BBC, un 58% de los encuestados en 21 países
sienten ese pesimismo, con el agravante de que menos y menos se distingue
entre ser "anti-Bush" y ser "anti-americano". La razón
es que en el primer periodo presidencial de Bush, la percepción general
era que él había llegado a la Casa Blanca por accidente (por
no decir fraude) y que sus políticas no reflejaban el verdadero sentir
del pueblo estadounidense; pero esa tesis se ha hecho insostenible ante la
reelección de Bush. " Hemos estado soñando",
dijo una analista francesa a Tom Friedman, columnista del New York Times. "La
realidad es que Estados Unidos se está alejando de nosotros [y] no
compartimos los mismos valores". El pesimismo europeo sobre los
próximos cuatro años de Bush se vio reflejado en una cobertura
de su toma de posesión que mostró escepticismo pero no hostilidad
desenfrenada (hasta donde yo pude ver). El discurso del presidente estadounidense
expuso una llamada "doctrina Bush", que le otorga a Estados Unidos
el derecho y el deber de liberar a todos los pueblos oprimidos del mundo.
Diarios franceses tanto de izquierda (Le Figaro) y de derecha (Le Monde)
titularon que "Bush II [será] misionero de la libertad".
Le Fígaro destacó el tono "mesiánico" del
discurso de Bush, y Le Monde subrayó que la postura de Bush como defensor
internacional de la libertad es inconsistente con las leyes represivas que él
respalda en el plano doméstico. Le Monde también planteó en
su editorial que Bush "cerrará los ojos" con respecto a
las dictaduras que "cooperen" con su agenda internacional. El Financial
Times, diario británico, observó que si los seis "bastiones
de tiranía" para Bush son Belarus, Birmania, Cuba, Irán,
Corea del Norte y Zimbabwe, ¿cómo explica uno que países
como Siria, Sudán, Paquistán y China no estén también
en la lista? El problema es que la "doctrina Bush" sería
inobjetable si uno creyera en su sinceridad. ¿Quién puede oponerse
a la idea de que todo ser humano tiene derecho a ser libre y que todos los
pueblos libres tienen un deber de ayudar a liberar a sus hermanos esclavizados?
En Panamá, precisamente, sabemos bien lo que es ser un pueblo abusado
que ningún otro país quiere ayudar. El derecho internacional
-y sobretodo la moralidad internacional- necesita reformar conceptos obsoletos
de no intervención para permitir intervenciones liberadoras, hechas
con el fin restablecer la auto-determinación de un pueblo en vez de
aniquilarla. Pero Bush, lamentablemente, ha perdido toda credibilidad en
ese rol por la arrogancia, la incompetencia, y las mentiras de su invasión
a Irak y por el contenido anti-libertario de sus políticas domésticas.
Condoleeza Rice (designada para secretaria de Estado) dice que Bush se ha
inspirado en los escritos del activista ruso Natan Sharansky, que usa "la
prueba de la plaza" para determinar si un pueblo es libre; es decir,
que un país no es libre si uno no puede ir a la plaza a ventilar
críticas sin temor de ser arrestado. Bajo ese criterio, sin embargo,
los mil ochocientos manifestantes que fueron arrestados ilegalmente durante
la convención republicana en Nueva York son confirmación de
que Estados Unidos ya tampoco es un país libre. Si se dice
en Estados Unidos que "charity begins at home" (la caridad comienza
en casa), igualmente hay que decirle al señor Bush que "liberty
begins at home" (libertad
comienza en casa).
La autora es corresponsal de La Prensa
Además en opinión
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