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Panamá, 23 de enero de 2005
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Debate.

Reformas duras pero impostergables

I.Roberto Eisenmann, Jr.

Este Gobierno afronta dos Reformas que serán duras pero impostergables: la Tributaria -proyecto que recién ha sido dado a conocer y ha creado (como era de esperarse) enorme controversia dentro de todos los sectores de la ciudadanía - y la de la Reforma a la Caja de Seguro Social, aún por conocerse.

El propósito anunciado por el Gobierno es inobjetable: reducir gastos improductivos del Estado, corregir inequidades, cobrar más, y lograr sostenibilidad del Estado y la de la entidad social y solidaria más importante de la Nación: la Caja de Seguro Social.

Las reacciones negativas también eran de esperarse; a nadie le gusta los cambios y menos los cambios que lo obligan a pagar más. Dentro de una democracia la función legítima de los gremios es la de luchar por los intereses de sus agremiados, así es que es lógico suponer que luchen con argumentos atendibles por lograr que las reformas sean lo menos negativas posible, en la búsqueda por lograr los propósitos legítimos anunciados por el Gobierno.

Por otra parte, en el mundo globalizado en el que los grandes contribuyentes pueden fácilmente variar jurisdicciones y los aranceles van camino a desaparecer, los Estados tienen pocos impuestos que sean seguros para cubrir sus necesidades. Esos son básicamente los impuestos al consumo -que desafortunadamente son regresivos o sea que gravan igual al pobre que al rico y los impuestos de inmueble o a la propiedad. Estos son casi que los únicos gravámenes que no son evitables con variar jurisdicciones.

El proyecto procura endulzar lo que obviamente (aunque titulado Impuesto a la Renta Mínimo -IRMA) terminará como un aumento de impuesto al consumo. El llamarlo así brinda una ventaja política pero produce objeciones de injusticia ya que el 1.4% sobre ventas castiga a nuevas empresas que como es lo normal sufren pérdidas en los primeros años, así como a empresas de volúmenes de ventas altos pero márgenes bajos, y a empresas haciendo inversiones de modernización que según las nuevas NICs de métodos contables tienen que cargar las inversiones a gastos, reduciendo utilidades o produciendo pérdidas. He analizado varios casos conocidos por mí y el 1.4% mínimo produce Impuesto sobre la Renta sobre pérdidas, o resulta en gravámenes confiscatorios de 50-60% o más sobre utilidades, con serios efectos de "cascada". La solución única para la empresa sería cargar 6.14% a las ventas (5% actual más 1.4%), o aumentar 1.4% al margen de utilidad, trasladando al consumidor un impuesto que es imposible de costear en otra forma.

En conclusión: el 1.4% terminaría siendo un impuesto adicional al consumo, lo cual implica que la recaudación más importante de la propuesta reforma terminaría siendo regresiva. Es desafortunado pero no sé si existe opción para el Estado, por lo que dije al inicio de este escrito. Hoy por hoy, por las variaciones de jurisdicción los impuestos más progresivos terminan siendo los más regresivos. Ejemplo de esto es el Impuesto a la Renta que pagan sin opción los asalariados, pero que son reducidos legalmente por las grandes empresas, o sea que hoy en día -si el Gobierno no es prudente y no escucha- las intenciones de los gravámenes y las realidades pueden llegar a ser opuestas: se busca la progresividad pero se podría terminar con regresividad; se busca progreso pero se podría producir lo contrario.

Sugiero el re-examen de la afectación al importante concepto de territorialidad, y mayor reducción (1%) o tope máximo de IRMA tanto a la jurídica como a la personal, que es en exceso castigador de la clase profesional. ¡Cuidado con un poder excesivo en manos de la Dirección de Ingresos! Si los contribuyentes pueden ir presos por mentir (cosa que parece lógica), ¿qué tal una contrapartida de reja para los de Gobierno que mienten? Sugiero el re-invento de la Tasa de Valorización adscrita al Impuesto de Inmuebles para pagar importantes obras de Gobierno, gravando hasta terminar de pagar la obra específica a los directamente beneficiados. Con estas tasas los financiamientos internacionales se logran con facilidad porque la fuente de re-pago no es la caja común del Estado. Ejemplo podría ser la limpieza de la bahía que podría ser pagada por la población más adinerada que vive al frente de la bahía; la valorización podría usarse para construcción de obras públicas. Espero que el Gobierno indique cuánto produciría cada renglón de la propuesta reforma y qué se haría con el producto, cuáles serían los impactos positivos y negativos de los mismos. Estoy seguro que en el debate que sigue con los gremios y en la Asamblea la reforma saldrá modificada para bien del país, siempre que el Gobierno no envenene el ambiente con una aprobación tipo aplanadora sin escuchar a la población. Amanecerá y veremos. El manejo que se le dé a la reforma tributaria será importante precedente para la impostergable y costosa reforma que sigue: la de la Caja de Seguro Social.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

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