Panamá, 16 de enero de 2005
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Reformas, TLC y realidades

Al problema de que el Estado gasta más de lo que recibe, no sé si será la respuesta integral, pero un buen comienzo sería rebajar el salario a los altos funcionarios

Jorge Lombardi Dutari
jorge@icazalaw.com

A la pregunta de por qué debíamos firmar un TLC con Estados Unidos, me contestaron muy convencidos que "es el momento de hacerlo, Panamá no se puede quedar fuera de la tendencia moderna". Hoy, la respuesta al por qué de una reforma a las leyes que regulan los impuestos es que hay una brecha muy grande entre las clases sociales y que el Estado gasta más de lo que recibe.

Ante todo, es espeluznante la falta de conocimiento de la historia, pues la tendencia moderna y la brecha entre clases sociales fue lo que llevó a Adolfo Hitler al poder en los años 30, con una mayoría abrumadora debo apuntar. De las buenas intenciones desconfío, pues todos conocemos la debacle a mediados de los años 40. En este hecho histórico se debe apuntar que Hitler dio efectivamente mejor nivel de vida a los alemanes, tanto así que a mediados de los años 70 todavía había sobrevivientes de la guerra que admiraban a este señor y lloraban por lo injusta que era la historia con él. Pero la historia no es injusta, simplemente las buenas intenciones de Hitler causaron más estragos que bien.

Por el contrario, un hecho histórico conocido por su disconformidad y reto a la tendencia de la época, fue la revolución americana, que dio génesis a la independencia de los Estados Unidos de Inglaterra. Se atrevieron los colosos del norte (que en ese momento no eran colosos, pero tenían ímpetu y ganas de trabajar y defender sus frutos), en ese momento a desafiar la tendencia y triunfaron, no se equivocaron al defenderse de impuestos que injustamente reclamaba la corona inglesa por actividades cuya fuente era de ultramar vis-à-vis de dicho Imperio.

Ahora bien, las realidades de esos dos países no pueden compararse con la nuestra (eso dicen algunos y me limito a repetirlo) aunque hace un tiempo un embajador panameño en un país de primer mundo me dijo que la diferencia era que ese país había invertido en educación (en un momento en que no tenían más que sus ganas de trabajar) y hoy tenía mucho dinero y no es que podía darse el lujo de enseñar cinco idiomas a sus infantes en pre escolar porque tenía ese dinero, lo que es el fruto de la buena inversión. Además de algunas cosas que nosotros podemos cambiar, por razón de riquezas naturales definitivamente las realidades entre nuestro país y otros es de una diferencia abismal.

Otros países tienen suelos ricos en petróleo, en diamantes, en esmeraldas, en minerales. Eso les permite negociar alguna prebenda en un tratado de comercio. Nosotros somos un país pobre en lo que al suelo respecta. ¿Playas? Hay muchos países que las tienen, ¿montañas? También, ¿dos océanos? Sí, más un lago natural en medio que nosotros no tenemos. De manera progresista se promulgaron leyes en nuestro país para atraer la inversión extranjera y muchos países más jóvenes han seguido nuestro ejemplo, se han convertido incluso en nuestros competidores, ésa es nuestra característica principal.

Nuestro ejemplo a seguir en todo caso debería ser un país que aún sin tener un suelo rico haya empleado normas de avanzada en atraer la inversión extranjera, como me decía un conocido suizo; "amigo, de relojes y chocolates no vivimos aquí", y hoy por hoy son respetados tanto por los Estados Unidos como por la Unión Europea, nadie les ha obligado ni doblegado a fin de violar su propio principio de secreto bancario. ¿Nos obligarán a nosotros a olvidarnos del principio de territorialidad del impuesto sobre la renta?

Seamos realistas, nadie invierte en Panamá porque es agradable, sino que además de las ventajas que ofrecen las leyes que regulan los impuestos, Panamá lo es. Un ejemplo del ricochet o efecto dominó que hay cuando un inversionista extranjero llega, es que se beneficia el abogado que le tramita sus visas, el banco que le guarda su dinero, el ingeniero que le construye su casa, el agente que se la vende y todo empleado de alta o baja jerarquía de esas personas tendrá su salario, alto o bajo, en función de su labor, mientras esa persona siga sacando visas, abriendo cuentas, construyendo o vendiendo.

Seamos realistas, esas personas vienen a Panamá porque su ingreso de fuente extranjera resta intacto pero en el momento que se le imponga un tributo (o se le obligue a calcular cuánto tiempo debe durar su estadía para no ser gravado) preferirán irse a otra playa, y en el Caribe es lo que sobra, bajo leyes más flexibles. Al acecho están otros países vecinos, esperemos que la reflexión sobre esta reforma sea seria y no demagógica, resta ver si (condicional) se puede.

Al problema de que el Estado gasta más de lo que recibe, no sé si será la respuesta integral, pero un buen comienzo sería rebajar el salario a los altos funcionarios, si no mal recuerdo hace poco menos de 15 años lo hizo un presidente y las arcas luego de su período se recibieron en buenas condiciones. Quizás el problema para aceptar la rebaja es que, como ya dijeron, ninguno de ellos ha pagado jamás una planilla, ergo no saben lo que cuesta producir (no recibir en salario, sino producir) 5 ó 10 mil dólares mensuales.

Ojalá esté equivocado, y se nos depare un futuro muy próspero de aprobarse esta Ley.

El autor es abogado
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