La
patria antes que la izquierda o derecha
Aunque es peligroso etiquetar a las personas basados en rígidos estereotipos, como decía Ortega y Gasset ‘yo soy yo y mis circunstancias’ Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net
Ser considerado de izquierdas o de derechas se puede convertir, dependiendo del país en que nos encontremos, en insulto o halago. Esta polarización ideológica es muchas veces perniciosa y puede resultar en cruentas relaciones interpersonales, aún en el seno familiar. En el campo electoral, las palabras derecha e izquierda carecen actualmente de mucho sentido debido a la laxa adhesión partidaria de las personas o sus líderes y a la escasez de divergencias ideológicas notorias entre las distintas facciones políticas. En temas públicos puntuales (seguridad social, tratados de libre comercio, reformas tributarias), sin embargo, las reclamaciones de izquierda y derecha de antaño relucen como imperecederas. Resulta vital enfatizar que ambas líneas de pensamiento involucran debilidades y fortalezas. En la medida en que las personas clasificadas en una u otra tendencia reconozcan, sin reparo, sus defectos y virtudes, se podrán alcanzar posiciones razonables que conduzcan al entendimiento y la tolerancia mutua. Aunque es peligroso etiquetar a las personas basados en rígidos estereotipos —como decía Ortega y Gasset "yo soy yo y mis circunstancias"— , ciertos atributos son frecuentemente compartidos por individuos que autoproclaman pertenecer a uno de los lados del equilibrio pendular. Me limitaré, únicamente por razones de espacio, a enumerar ciertas diferencias políticas y económicas.
La izquierda tiene como eje de su pensamiento a la solidaridad humana y aspira a que la sociedad integre e iguale a todos sus ciudadanos para alcanzar una armónica convivencia. El dinero se considera importante para paliar necesidades cotidianas y despojarse de preocupaciones angustiantes, pero las decisiones y actuaciones no giran en torno a lo material, sino a la conciencia autocrítica de nuestros roles como miembros solidarios de una comunidad. La equidad y libertad representan los máximos valores perseguidos. La gran debilidad de la izquierda es su tendencia a alcanzar comodidad sin esfuerzos, a pensar que el Estado tiene la ineludible obligación de socorrerle en todo momento, a generar parásitos institucionales en planillas abultadas, a esquivar responsabilidades y a creer que todas las personas de derecha son inhumanas y explotadoras.
La derecha orienta su pensamiento a reconocer la dificultad de los retos y la necesidad del esfuerzo para alcanzar sus objetivos personales. La iniciativa y creatividad empresarial, el trabajo constante y el sentido de sacrificio individual son cualidades que otorgan justos beneficios a los identificados con esta doctrina. Todas las actividades y pensamientos giran en torno al dinero y a la obtención de posesiones materiales como estrategias para alcanzar el bienestar individual y familiar. El crecimiento económico y la seguridad son pilares importantes para lograr los derroteros. La gran debilidad de la derecha es la naturaleza egoísta e insolidaria de su responsabilidad comunitaria, la tramitación de favores del Estado para sus negocios personales, la idea que el poder económico todo lo puede conseguir y la creencia que todas las personas de izquierda son haraganas y envidiosas.
Ambas posiciones, si son llevadas al extremo, tienden a la larga a generar tentaciones autoritarias. La izquierda piensa que la mejor forma de asegurar la solidaridad y evitar el consumismo desenfrenado es mediante el autoritarismo, única estrategia para que triunfe la revolución. El resultado final es la instalación de dictaduras del proletariado, amparadas por la idolatría de violadores de libertades humanas como Stalin, Castro y Chávez. La derecha piensa que la mejor manera de combatir la irresponsabilidad del ciudadano y controlar la efervescencia de las masas populares es mediante la represión y castigo. El resultado final es la generación de dictaduras de elite, bajo el paraguas adulador de déspotas fascistas como Franco, Pinochet y Bush.
Urge buscar la reconciliación entre ideologías para aspirar a una posición central que extraiga lo mejor de cada doctrina tradicional y así satisfacer a todas las posturas, renunciando a excesos de neoliberalismo o populismo. Se impone, al menos desde la esfera gubernamental, una nueva forma de pensar que desarrolle políticas fiscales dirigidas al bienestar colectivo para fomentar la independencia —no la dependencia—, para dotar a los ciudadanos de mayores oportunidades, sin paternalismo estatal, mediante la masificación de la educación, el fortalecimiento de las infraestructuras y el apoyo a la iniciativa empresarial. Una nueva forma de pensar basada en un sistema bipolar que coloque la mano derecha en la cabeza y la mano izquierda en el corazón. Si logramos consolidar esta visión, Panamá será el paraíso soñado por todos. Manos a la obra.
El autor es médico pediatra e infectólogo
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